12 julio, 2024

Los extraditables

Es de conocimiento público que nuestra administración de justicia con sus falencias y aciertos en muchos casos, ha culminado algunos de los procesos de peculados, sobornos y otros graves delitos que han ofendido la conciencia cívica ecuatoriana, cometidos por aviesos funcionarios públicos en contubernio con empresarios privados ávidos de avaricia en aquella oscura noche del correato que por catorce años ininterrumpidos sufrió la república.

Habiéndose culminado dichos procesos y ejecutoriadas sus sentencias, caben entonces dos acciones concretas: Una. que los delincuentes sentenciados cumplan sus respectivas condenas; y, Dos. que el estado recupere los valores robados y determinados en los respectivos juicios; pero a la postre resultan incumplidos dichos mandamientos, por lo que es de obligado imperio instituir procesos de extradición pues en la mayoría de ellos, comenzando por el del jefe y los 40 de la pandilla se encuentran prófugos y disfrutando de lo sustraído. Entonces, ante este panorama es de urgencia que la Corte Nacional de Justicia y el Ministerio de Relaciones Exteriores del Ecuador, titulares de las acciones que se deben ejecutar en estos casos, lo hagan con entereza y sin dilación de ninguna naturaleza.

Pero, como se deben aplicar inteligentemente y con metodología jurídica instrumentos legales de orden nacional e internacional, entre ellos antiguos tratados de extradición, se amerita que las dos instituciones de modo inequívoco, conformen una comisión con los académicos más notables por sus sabios conocimientos en las materias afines y que sus trayectorias profesionales estén precedidas por sus dotes morales y cívicos, para que guíen y determinen con objetividad científica y académica los correctos procesos de extradición, a fin de obtener los resultados que la ciudadanía anhela: que los delincuentes sentenciados cumplan sus condenas, para que esta acción moralizadora sea de ejemplo para la ciudadanía en general, y, de modo singular, para quienes pretendan ejercer algún cargo público.

De otra parte, sería loable que quien actualmente guía los destinos de la república contrate empresas extranjeras, que si las hay, para que le sigan el rastro a los dineros sustraídos, hayan o no salido en aviones privilegiados o por cualesquier otras rutas. 

Soñemos en un nuevo Ecuador.

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¡Tamaña estupidez!

Esta infausta noticia aparece publicada en el diario el Universo, hoy 6 de mayo:

CANUTO, Manabí. Cayetano Cedeño en su agonía junto a su esposa, María Vera, ambos de 95 años, en arresto domiciliario, el anciano murió preso por pago de pensión. Ella tiene cáncer y llora al ver policías que se ubican frente a su casa, según hijos de la pareja, el proceso para el arresto afectó la salud del anciano, que ya estaba enfermo.

“Se agravó cuando vio a la Policía en la casa”, refirió Ciro Cedeño, hijo de la pareja.
Gil Cedeño, otro vástago, pidió a las autoridades judiciales que dejen vivir tranquila sus últimos días a su madre, quien padece de cáncer terminal.

La expulsión de la embajadora

El Gobierno ecuatoriano pidió ayer a la embajadora de Estados Unidos, Heather Hodges, que abandone en el menor tiempo posible el país, a la vez que se la declaró persona no grata. Por otro lado, la Cancillería señala que esta decisión es una consecuencia a un cable de Wikileaks en el que se revelan supuestos actos de corrupción al interior de la policía nacional ecuatoriana.

Ante esta expulsión creo necesario realizar las siguientes reflexiones:

Los Embajadores son aquellos funcionarios enviados por el Jefe del Estado para representar a su país frente a un gobierno extranjero. El tratadista Armando Pesantes García menciona en su libro “Las Relaciones Internacionales” que “mucha controversia se ha desarrollado entre los filólogos con respecto al origen de la palabra embajador, que tipifica al jefe de misión de primera categoría. Abraham de Wicquefort en su obra destinada a tratar “Del Embajador y sus funciones”, suministra una versión al parecer fantástica y forzada, al pretender hacer derivar ese vocablo de enviar, supuesta palabra castellana, que en todo caso sería enviar. Mucho mayor es la tendencia científica a aceptar que su origen debe encontrarse en el gótico andbahti, proveniente a su vez del galo ambactos que significa servidor. La palabra ambasseor se encuentra por primera vez en su acepción moderna en Brunetto Latini, el polígrafo italiano del siglo XII y maestro de Dante, luego aparece como ambaissador en una forma provenzal, de la que se transforma en ambasciatore en italiano, pasando al francés como ambassadeur, al español como embajador, al portugués como embaixador, al ingles como ambassador.”

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