18 julio, 2024

¡Lo que se ha perdido es la igualdad!

Estoy totalmente de acuerdo en que todos somos iguales y nadie en el mundo que tenga sus pies en la tierra y piense, puede no estar de acuerdo con esta premisa.

Pero en el mundo, así como tenemos gente que cree que el atropello al más débil, o al que no reclama, o que creen que eternizarse en el poder, encerrando o matando a los que se oponen, es la forma correcta de vivir, existen también abusivos que se creen dueños de la verdad y buscan obligar a los demás a pensar como ellos.

La regla de oro de la convivencia en el mundo es el respeto. Si no nos respetamos mutuamente, simplemente no somos seres humanos. Todos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Nadie es superior a nadie. Todos somos seres humanos, creados y bendecidos por Dios. Todos procedemos del mismo origen, sin importar el color de la piel, los rasgos físicos, las posesiones, sexo, preferencias o gustos.

Creo que en esto estamos al menos, la gran mayoría, de acuerdo. Pero, así como existen abusivos que quieren obligar a los demás a aceptar su criterio o su forma de Gobierno, hay grupúsculos que se creen con derecho a imponer su criterio sobre el de los demás. Estos grupos creen que ellos y solamente ellos, tienen derecho a ser oídos y buscan imponer, sobre la sindéresis, el pensamiento personal de ellos.

Todos tenemos los mismos deberes y obligaciones. Nadie está sobre los demás. Lo que debe exigirse es el respeto a la moral y las buenas costumbres. Por ejemplo, nadie tiene derecho a andar desnudo por media calle, porque ofende a los demás con ese espectáculo. Las intimidades son permitidas, pero en privado. Robar, matar, violar, esclavizar, son actos prohibidos y penados.

A veces, con el abuso de exigir los derechos, ciertos grupos trascienden las leyes y se pasan al otro lado. Es lo que pasa, por ejemplo, con los grupos abortistas, que defienden el asesinato de los niños no nacidos. Desde el rayo de luz que se produce cuando el espermatozoide penetra en el óvulo, ese cigoto ya es un ser humano y tiene los mismos derechos que usted o que yo, para vivir.

Lo mismo ocurre con los GLBTIxxx, ellos tienen el derecho a tener sus gustos y predilecciones, pero querer exigir que a un niño o a una niña, que normalmente pasa por periodos de homosexualidad, ya sea por vergüenza de enfrentar al sexo opuesto o por timidez, es una aberración usada para inducir morbosamente a la homosexualidad o a la pedofilia.

El derecho debe ser igual para todos. El sexo fue creado por Dios para la preservación de la especie. Si alguno tiene un gusto diferente, y encuentra una pareja con la que es feliz, bienvenido sea, pero por favor, respetémonos mutuamente y mantengamos nuestras intimidades en privado.

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Cuando se acaba el otoño

Madrid octubre de 1965. Experimentaba mi primer otoño y estaba atento y asombrado por la inimaginable multiplicidad de colores de las hojas que se desprendían de sus árboles formando una alfombra inmensamente bella. Recogí un par de ellas y las puse al interior del libro que portaba. Nunca antes había traspasado la frontera de mi patria tropical por lo que la experiencia resultaba intensa y receptaba ese paisaje con una intensidad que todavía perdura en la retina. Las cuatro estaciones marcan el proceso vital de la naturaleza. La primavera en la niñez. Infancia y primera juventud, el verano la edad productiva, el otoño la sabiduría y la conciencia de que todo se acaba. Finalmente el invierno que es la vejez y la muerte. Luego todo empieza de nuevo y así año a año.

En ese otoño conocí a Jacinto Faya Viesca. Así, hace 48 años se inició una hermosa y estrecha relación de amistad destinada a durar hasta las 01h30 del 8 de enero del 2013.

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