12 julio, 2024

Intervención Militar

“Un imperio no necesita justificar la guerra, ésta es parte de
su naturaleza. El imperio no necesita razones”.

Julio César, Comentarios a la Guerra de Las Galias

La resistencia del pueblo español a la invasión napoleónica está plasmada en los cuadros de Goya, que están expuestos en el museo del Prado en Madrid. En Indoamérica, las luchas libertarias tienen varios símbolos, uno de ellos es Túpac Amaru, precursor de los movimientos independentistas del siglo XIX. El Libertador Bolívar, el Mariscal Sucre y el General San Martín son el referente histórico de las luchas libertarias en América Hispana.

En Nicaragua, Agusto Sandino, General de origen campesino, luchó más de 6 años en contra de la ocupación norteamericana, cumplió su juramento: la de deponer las armas cuando el último marine abandonara su patria. Desgraciadamente, ahora, su nombre es instrumentalizado por una revolución prostituida.

Durante la II Guerra Mundial, la tenaz lucha de los maquiz franceses a la cabeza de la resistencia en contra de las fuerzas alemanas de ocupación y la heroíca y sacrificada lucha de los partisanos yugoeslavos, liderados por el Mariscal Tito, son ejemplos históricos de cómo se combate a las fuerzas de ocupación extranjera.

Con la derrota francesa y su salida de Vietnam, Estados Unidos toma la posta e interviene política y militarmente en el sudeste asiático. La larga y penosa lucha en un escenario extraño y hostíl; pese a su superioridad, las fuerzas norteamericanas fueron derrotadas.

Los soviéticos olvidaron esta parte de la historia y sus lecciones al invadir Afganistán, en 1979. El pueblo afgano se organizó y a través de los grupos de combatientes llamados muyadines, con el apoyo encubierto de los Estados Unidos, no les dieron tregua a los invasores; luego de casi 10 años de ocupación, los soviéticos fueron obligados a retirarse, derrotados y humillados.

Las guerras contra Irak, las fuerzas militares encabezadas por Estados Unidos y sus aliados derrotaron al dictador Hussein pero no se resolvió nada; el caos, los sabotajes y actos terroristas son el pan de cada día. Pakistán, Libia, Afganistán y Siria, son escenarios de intervenciones indirectas y son víctimas del terrorismo despiadado.

Ahora, la mirada del mundo está en la intervención encubierta, pero descarada, de las fuerzas militares rusas en Ucrania, ordenada por el nuevo Zar: Ras-Putín, en su afán de consolidar el poder político-militar de la Rusia imperial, practicamente se ha anexado la estrátegica península de Crimea.

Vale recordar el testimonio del General alemán Hubert Lanz, refiriéndose a la ocupación nazi a la antigua Yugoeslavia: “Apropiarse del país fue fácil, controlarlo se convirtió en una pesadilla”.

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Consultado muchos textos constitucionales y ratificando el criterio de ilegitimidad y novelero desacierto por la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente de plenipotenciarios y antojadizos poderes, desde hace 8 meses, observamos además que careció de todo soporte constitucional la creación de la misma, pues a pesar de ser literalmente cierto que desde aquel entonces atravesábamos ya por un gobierno prepotente e intolerante, el cual se estrenó prácticamente como un gobierno dictatorial desde sus inicios, aquel membrete de “mentes lucidas y corazones ardientes y de una patria que ya es de todos”, se ratifica por los resultados, el fracaso de ese mal llamado proceso constituyente por el supuesto bien del país. No era aquello precisamente lo que el país; ávido de cambios, esperaba. No queremos ser clon de ningún otro país, lo que queremos además es una patria con identidad propia.

Como Diputado (en receso), y a pesar de no endosarme ninguna culpabilidad como parte de las barbaridades cometidas por el Congreso Nacional, fue este en definitiva a quien le correspondió siempre la responsabilidad histórica de reformar o crear una nueva constitución. Pero ya podemos notar que por desgracia, no todos remamos necesariamente en la misma dirección, y haciendo un breve análisis del tema, considero que este último congreso quedó vergonzosamente debiéndole al país una factura de infinita carga moral y política. Vaya usted a saber entonces cuales y cuantos intereses personales y partidistas estuvieron siempre de por medio para que suceda lo que hasta hoy se considera como la gran afrenta de una institución tan democrática y necesaria para el equilibrio constitucional del país, tal cual es el H. Congreso Nacional; y, que por mas que se la cambie de nombre, no procederá ningún tipo de cambio positivo, decente, sensible y honesto, si sus integrantes no renuevan el verdadero patriotismo y desinterés por servir a los mas necesitados. Esa, lamentablemente, es una verdad que duele…

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