16 julio, 2024

El mordelón

Dicen que existen tres cosas con las cuales le gente se apasiona en demasía al hablarlas: la política, la religión y el fútbol. Ahora, si solo hablarlas nos apasiona, vivirlas, bien puede provocar un mordisco.

En los últimos días toda la prensa mundial no habla de otra cosa que la sanción impuesta al delantero uruguayo Luis Suárez, por una mordida propinada al defensor italiano Giorgio Chiellini, incidente que le constó el Mundial. La FIFA lo suspendió por nueve partidos y por cuatro meses de toda actividad futbolística.

Lo cierto es que en mundiales este no es un hecho aislado, ni tampoco lo es la agresión contra un jugador de la selección azurra. Recuerdo como si fuera ayer la final del Mundial de Alemania 2006 que la disputaban Francia e Italia, en la cual el francés Zinadine Zidane fue expulsado del partido con tarjeta roja por darle un cabezazo en el pecho al central Marco Materazzi. Muchos dijeron en esa época que el italiano fingía, otros que verbalmente provocó al jugador francés y de allí su reacción. ¡Competidores coléricos!

Los expertos en psicología afirman que este tipo de actuaciones constituyen una “respuesta subjetiva a la frustración”, pues lamentablemente los seres humanos muchas veces no sabemos como lidiar con ellas y mucho menos en una cancha, como aconteció el mes pasado con Pepe, jugador de Portugal, quien fue expulsado del partido por darle un cabezazo a Müller de Alemania ante su impotencia de ver como “supuestamente”, el teutón fingía.

Lo que acontece en la cancha o en el ring, escapa a la mirada atenta de los espectadores, quienes no conocemos de cerca, la carga psicológica, la tensión y el estrés que tienen quienes se encuentran disputando la conquista de una gloria nacional, seres que por sobre su fama, siguen siendo humanos.

Si la sanción fue desproporcionada solo el tiempo lo dirá, por lo pronto, el pueblo uruguayo y su presidente piensan que sí, así como también lo piensa el italiano Chiellini, que en su página web oficial afirmó que consideraba “excesiva la sanción propuesta” a Suárez.

La verdad es que en el fútbol como en la vida, “el que se pica pierde” y hoy vemos como muchas cosas se pueden perder, por una mordida. ¡Ojo con la cólera!

Artículos relacionados

El sindrome de Hybris y el 30 de Septiembre

El galés David Owen es un neurólogo que participó en la política británica durante 26 años. Estudió medicina en Cambridge. Entró al Parlamento donde permaneció desde 1.962 hasta 1.994. Fue dos veces ministro laborista en Gran Bretaña, en las carteras de Sanidad y de Asuntos Exteriores. Ha escrito decenas de libros y entre ellos “En el poder y en la enfermedad”, donde analiza como las dolencias de Jefes de Estado y de Gobierno han afectado la toma de decisiones. Allí se repasa los casos de Anthony Eden durante la crisis de Suez; de Kennedy en la invasión a bahía de Cochinos y luego frente a los misiles soviéticos, afectado que estaba por medicamentos extremos para vencer su dolor de espalda; la próstata de Mitterrand en sus catorce años de gobierno y muchos otros casos incluido el de Ronald Reagan de quien se dice asumió la Presidencia ya con manifestaciones de Alzheimer.

Analizando los casos de Tony Blair y George W Bush en relación a Irak, no habiendo enfermedades físicas convencionales, aplica lo que se ha llegado a conocer como síndrome de hybris, una enfermedad psíquica, muy habitual en mayor o menos medida en muchos gobernantes, especialmente cuando inesperadamente han llegado a ejercer un poder inusitado ,que en el caso de Blair y Bush lo encontraron un 11 de septiembre, y se trasmutan en una suerte de dioses designados. Estos seres se trastornan y evalúan las situaciones en términos de ideas preconcebidas e ignoran o rechazan todo signo o señal contraria. Una de las características de la “hybris es la incapacidad para cambiar de dirección porque ello supondría admitir que se ha cometido un error y eso no es propio de los dioses. Actúan con una confianza excesiva, rechazan las advertencias de sus colaboradores y por eso son dominados por el impulso irresistible de meterse en camisas de once varas.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

×