20 julio, 2024

¿Sociedad al filo del precipicio?

No es sorpresa para nadie el escuchar este tipo de títulos, es más, tal vez nos hayamos acostumbrado tanto a hacerlo que ya no nos alarmamos. El tema es tan frecuente que lo vemos a diario y es así como poco a poco hemos ido moldeando nuestra aceptación sobre tan crucial hecho y con vergüenza admito haber permitido que en momentos, estas actitudes, tampoco me quiten el sueño, sin embargo me arrepiento y motivo fuertemente el cambio de actitud ante la sabiduría, irresponsabilidad, sapada, falta de principios y educación, porque somos responsables del futuro de nuestra sociedad.

Nuestros hijos se han acostumbrado a evadir las normativas de orden como son hacer fila, esperar un espacio disponible para cambiar de carril y no forzarlo como es normal verlo todos los días en las calles de Guayaquil; inventar excusas no es una forma de zafarnos de un problema sino más bien una manera de evadir consecuencias; hablar de alguien a sus espaldas no es una forma chévere de demostrarnos ante nuestros amigos sino una falta de hombría y caballerosidad… En fin, el mundo está cambiando, pero nuestra manera de ser no tiene por qué hacerlo. Somos responsables de adaptarnos, pero no de mutilar los principios básicos del convivir en comunidad.
Ya no es normal ver a un chico abrirle una puerta a una señora y peor aún ver que un caballero se pare a halarle la silla a una dama para que se siente. Recordemos que la educación no solo se basa en textos, pero también en las buenas costumbres y el ejemplo.

La evolución del hombre se demuestra con la mejora del mismo y no con dar pasos agigantados hacía atrás. Hasta las computadoras son construidas con principios y patrones de orden, por qué es entonces que el hombre empieza a perderlos. Acaso queremos ser menos humanos y solo dedicarnos a sacarle el jugo a periodos de tiempo, sin importar a quién atropellamos en el camino o qué consecuencias podemos sufrir por nuestros actos.

¡Alarmista, no creo! Veo todos los días acciones y gestos que solo demuestran la molestia de algunos por tener que relacionarse con su grupo humano inmediato. La gente sale a las calles sin preocuparse por nadie más que ellos y es por eso que se ha vuelto común que un carro cierre a otro porque su intención es solo avanzar. Los peatones caminan más despacio al cruzar la calle con la única intención de molestar al vehículo que viene e inclusive lo ven de reojo para que quede claro su accionar. En los bancos la gente ve como saltarse la fila, en los supermercados la gente hace fila previo a haber terminado sus compras… Increíble, ¿cierto?

Vivimos en un mundo donde la gente ya no se ve a los ojos al conversar; las familias se sientan a la mesa y ven fija y atentamente a sus celulares sin importar nada más que lo que está pasando en su tan interesante chat. ¿Qué nos pasa, acaso hemos perdido el horizonte?

Cuántos años nos tomó llegar hasta aquí y beneficiarnos de todos los nuevos medios como para ahora iniciar la degeneración de los mismos. Antes uno se sentaba a esperar la carta de un ser querido y ahora que tenemos la oportunidad de tenerlos frente a una pantalla nos despreocupamos por seguir alimentando la relación.

No creo que no nos importe, solo creo que hemos perdido nuestro rumbo y así como el pastor orienta a las ovejas, es momento de que las familias empiezan a reorientar su norte.

Es y seguirá siendo importante el pasar tiempo juntos, manteniendo largas tertulias que no solo nos ayuden a pasar el tiempo sino que también enriquezcan nuestro razonamiento y perspectiva.

¿Qué les dejamos a nuestros hijos, la posibilidad de hacer lo que les dé la gana? Asegurémonos de tatuar en sus cabezas la rectitud, el orden, humanidad, principios, bases sólidas de comportamiento social para que con ellas puedan iniciar un futuro lleno de posibilidades positivas para el bien común. El dinero no es lo más importante, solo permite el vivir mejor, pero sin lo antes mencionado, las riquezas no son profundas y los tesoros son solo baratijas.
Lo más importante del ser humano es exactamente eso… ¡Ser Humano!

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