20 julio, 2024

Guayaquil… ¿Vertical u Horizontal?

El urbanismo está para organizar una aglomeración, fomentar su desarrollo y satisfacer las exigencias del “buen vivir” ciudadano.

Su objeto no es crear una ciudad espectáculo, sino una ciudad que funcione. El urbanismo es activo, global, funcional, participativo y exigencial.

Guayaquil es una Ciudad de desarrollo horizontal en su mayoría, que por idiosincrasia, invasión, inversión y costumbre así ha evolucionado. Las edificaciones de dos y tres pisos de arquitectura mixta, y, las construidas en hormigón por los maestros italianos, asientan la costumbre ¿O la necesidad? de los guayaquileños de habitar en casas de departamentos. No existía la propiedad horizontal y el mismo propietario era el administrador del edificio.

Si la memoria no nos es desleal, las primeras casas individuales y en serie aparecen con barriadas construidas por la extinguida Caja de Pensiones y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad social, este hecho fue más tarde seguido por la Junta y el Banco de la Vivienda. Así, como es natural, los usuarios prefirieron la vivienda individual antes que el departamento de edificio en colectivo.

Se discute, con cierta asiduidad, si Guayaquil debe ser desarrollada en horizontal o en vertical.

Si es desarrollo vertical obtenemos un menor costo de infraestructura, menor distancia de recorridos para el transporte individual o colectivo, mayor densidad poblacional y menor ocupación del suelo, entre otras razones y consecuencias. Pero también necesitamos calles más anchas, modernización de la infraestructura y sobre todo vecinos más adaptables, administraciones más contundentes y legislación más clara.

Si el desarrollo es horizontal obtenemos un mayor costo de infraestructura, una mayor distancia de recorrido en transporte individual o colectivo, una mayor dependencia del automóvil, una menor densidad poblacional y mayor ocupación (por extensión) de la ocupación del suelo. También, igual que en los desarrollos verticales, se necesitan vías más anchas, modernización de la infraestructura. Las ventajas de una vivienda individual están a la vista y de primera mano. Es fácil de ampliar y adaptar a las necesidades familiares en el tiempo. La propiedad “es mía y no tengo que compartirla con nadie y puedo hacer lo que me de la gana”.

Es casi imposible –por no decir imposible- el que una Administración Local tome la decisión de convertir una ciudad en vertical o en horizontal. Tampoco puede tomar decisiones a rajatabla al decir la ciudad se desarrolla de esta o cual manera, o, por aquí si, por aquí no. Las decisiones urbanas deben ser realizadas siguiendo la realidad de la naturaleza y las preferencias de los ciudadanos.

“Rechacemos, pues, de una vez para todas el mito del buen salvaje, los apriorismos contra la concentración urbana en sí, y reconozcamos que todo el problema de un poblado de chozas, lo mismo que en la megalópolis, reside en satisfacer correctamente nuestras exigencias” (Gerard Blachére).

El único modo de resolver los problemas está en plantearlos. Una vez planteados hay que hacer examen de las circunstancias, hechos y tecnologías a nuestra disposición y alcance porque las soluciones deben de estar colmadas con el progreso y disponibilidad de las ciencias.

El urbanista no está para corregir o castigar a los ciudadanos con diseños experimentales, librescos o de laboratorio. El urbanista está para satisfacer ordenadamente los deseos de los ciudadanos.

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