Categoría: Historia

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Gran Colombia: Estado fallido: Parte final

Para 1829 el caos en la Gran Colombia era total, ocho años no habían sido suficientes para construir un Estado, sus dirigentes políticos se habían pasado en permanentes intrigas, disputas, amenazas y confrontación militar. Había problemas entre Bolívar y Santander, Páez y Bolívar, Mosquera y Obando, Flores y Elizalde, Flores y Obando, Flores y La Mar. La lista era interminable. Entre ellos buscaban la manera de hacerse daño, sin interesarles el futuro de la Gran Colombia. Desde 1826, Guayaquil había vivido prácticamente un estado de sitio; venezolanos, colombianos y peruanos querían ejercer poder en la ciudad, por su ubicación privilegiada y por ser emporio económico, donde estaban las rentas producidas en la Aduana.

El permanente estado de sitio fue rechazado frecuentemente por los guayaquileños quienes buscaron la manera de salirse de la Gran Colombia, como lo confirma una carta de Flores a La Mar del 22 de Junio de 1827:

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Gran Colombia: Estado fallido: Cuarta parte

La deuda de la Independencia ha sido estudiada por numerosos historiadores ecuatorianos y del exterior. Los nuestros la han analizado desde el punto de vista del abuso de los acreedores. En la decena de libros escritos, critican las altas tasas de interés cobradas, los castigos a los papeles de los compradores y los serios perjuicios causados a las nuevas repúblicas latinoamericanas. Pero ninguno de ellos se ha molestado en investigar qué sucedió con los millones de pesos que recibieron los representantes de Bolívar en Inglaterra y luego qué sucedió con el dinero que ingresó a la Gran Colombia.

Los historiadores extranjeros sí lo han hecho. Frank Griffith Dawson en su obra The First Latin America Crisis, comenta que Francisco Zea, representante de Bolívar en Londres, vendió parte de un anticipo de uno de los préstamos e hizo una transacción que lo benefició personalmente, lo cual motivó a Bolívar a despedirlo. Zea también usó parte de los préstamos viviendo con derroche en la capital inglesa. Zea había reemplazado a Luis López Méndez y José María del Real, los primeros emisarios de Bolívar, quienes por sus negocios turbios fueron encarcelados en Londres. Estos casos y otros obligaron a Jeremy Bentham recomendar a Bolívar, no enviar a Londres a personas sin moral alguna.

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Gran Colombia: Estado fallido – Tercera Parte

Una de las debilidades más grandes de la Gran Colombia fue el permanente atropello al estado de derecho. No existía institucionalidad. Lamentablemente, esta situación todavía prevalece en nuestra región y no se ha podido erradicar, por lo que sigue siendo simplemente materia de estudio en las universidades. Nació desde la forma de gobernar de Bolívar y Santander. El primero se dedicó a viajar por todo el territorio y a tratar de consolidar su poder enfrentando a todos los disidentes. Encargó el poder a Santander, quien en algún momento conspiró contra él. El poder ejecutivo, llamado a administrar y desarrollar el país, no cumplió con sus responsabilidades.

La división de poderes, con el objeto de establecer pesos y contrapesos, data desde 1652, a raíz del fin de la guerra civil en Inglaterra, que concluyó con el fortalecimiento del Parlamento y la reducción del poder del rey. Para cuando se terminaron las guerras de la Independencia, otros países europeos y Estados Unidos habían adoptado tal división, por lo que Bolívar, Santander y demás protagonistas de la Gran Colombia estaban informados, especialmente el primero al haber mantenido extensa corr

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Gran Colombia: Estado fallido – Segunda Parte

La Gran Colombia fue el sueño de Bolívar, persona que demostró grandes habilidades en los campos de batalla, en los discursos y oratoria, pero mala planificación y organización en la construcción de la gran nación que le quitaba el sueño. Tuvo gran liderazgo en lo militar, pero le faltó en lo político. Por su forma de ser, no sentó las bases de la institucionalidad.

Su personalidad dominante y exceso de confianza en sus incuestionables logros militares, pretendió imponer su voluntad y sobreestimó la complejidad de lo que significaba construir la Gran Colombia. Su obsesión por la unificación y por querer ser quien conduciría los destinos de las nuevas repúblicas, ignoró o no puso atención a sus propios temores expresados a los pocos años de haber comenzado su carrera por la independencia.

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Gran Colombia: estado fallido – Primera Parte

Se suponía que la creación de la Gran Colombia sería un paso adelante: terminar con un sistema político-económico oprobioso como había sido el español y encaminar a los países miembros, por la ruta de la prosperidad. Se trataba de emular a Estados Unidos que se había independizado décadas atrás y para 1822, intrigaba a las grandes potencias europeas sobre lo bien que se manejaba siendo república democrática.

Si el índice de “estados fallidos”* se hubiera inventado entre 1822 y 1830, Gran Colombia hubiera ocupado el primer lugar. No lo afirmo, el mismo Juan José Flores lo hace cuando en comunicado a los ecuatorianos escribe lo siguiente:

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La entrevista de Bolívar y San Martín: Septima Parte

Quienes conocieron en persona a Bolívar y San Martín, vivieron en su época, o se enteraron de ellos a través de terceros, escribieron comentando sobre su personalidad, conducta, forma de actuar, puntos de vista, etc. Del que más se expresaron fue del primero considerando la enorme cantidad de libros que existen sobre él. Los historiadores contemporáneos tienen similares opiniones.

El Coronel Espejo quien escribió La Entrevista de Guayaquil y asistió a uno de los banquetes en homenaje a Bolívar y San Martín, los describió así:

“Lo que advertimos desde el primer instante fue la diferencia de estatura entre uno y otro: Bolívar bajo y delgado, cuando San Martín era alto y corpulento. El primero ostentaba con profusión el lujo militar de sus entorchados, contrastando con la sencillez espartana del segundo, que en los actos más públicos se presentaba con su casaca llana…sin condecoración alguna”

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La entrevista de Bolívar y San Martín: Sexta Parte

La actitud de San Martín de retirarse de Perú y dejar a Bolívar para que él solo, enfrente las últimas batallas y logre la Independencia del resto de Perú con la batalla de Ayacucho en 1824, ha sido analizada por numerosos historiadores argentinos, chilenos y peruanos. Muchos de su época, la consideraron derrotista y humillante. No lograron entender la drástica decisión de San Martín. El Instituto Nacional Sanmartiniano de Argentina expresa su pensamiento sobre el tema, en el ensayo Lo esencial de la entrevista de Guayaquil:

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La entrevista de Bolívar y San Martín: Quinta Parte

Uno de los eventos más polémicos en la historia de América del Sur es la agenda tratada por Bolívar y San Martín durante los dos días de reuniones que tuvieron a puerta cerrada en Guayaquil. Como no hubo testigos, se desconoce el contenido de las conversaciones y acuerdos alcanzados.

Existen una carta de Bolívar a Santander, otra del Secretario de Bolívar al Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, una de Bolívar a Sucre y la polémica misiva del 29 de Agosto de 1822 de San Martín a Bolívar, publicada en 1843, veinte y un años más tarde, en la obra de Lafond de Lurcy, francés que vivió en Guayaquil durante la reunión de los dos personajes. La autenticidad de la carta de Agosto de 1822 ha sido cuestionada durante casi dos siglos. Los más prestigiosos historiadores sudamericanos del siglo XIX, XX y lo que va del XXI han estudiado detenidamente el contenido y emitido sus conclusiones. La mayoría afirma que es auténtica. El estudio más reciente es de Jorge Paredes, historiador peruano. La citada carta es polémica porque difiere notablemente de las demás, en ella San Martín critica a Bolívar en duros términos:

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La entrevista de Bolívar y San Martín: Cuarta Parte

Al analizar los roles de Bolívar y San Martín en las reuniones que tuvieron lugar en Guayaquil entre el 26 y 27 de Julio de 1822, los estudiosos de este período consideran que Bolívar preparó la entrevista con antelación. Él se aseguró de llegar primero, ocupar la ciudad con sus tropas, destituir al Gobierno Provisorio de Olmedo y nombrarse Jefe Supremo. Todo esto lo hizo sin conocer la ciudad, ni a los guayaquileños, quienes conocían de él a través de escasas noticias publicadas por el periódico El Patriota de Guayaquil. San Martín se había embarcado para Guayaquil en Febrero, pero se regresó al Callao, al conocer que Bolívar no tenía planeado visitar Guayaquil por esa fecha.

Bolívar tuvo el poder de la palabra y la manejó para lograr sus objetivos. Por un lado expresaba admiración por sus adversarios y los hacía sentir importantes para ganarse la confianza, pero sus acciones autoritarias deslegitimaban sus intenciones. Al llegar a Puná, San Martín recibió una carta de Bolívar en la que le manifestaba: