Autor: Roberto Briones

Comentario

A mis alumnos y alumnas, que pronto serán bachilleres

El 24 de mayo, el calendario cívico del Ecuador nos recuerda un momento extraordinario de la historia…

Como corolario de una gran idea basada en deseos patrióticos de gesta libertaria, los héroes de ese entonces tuvieron su enfrentamiento final con la eternidad y lograron adherirse gloriosamente a ella. Vencieron a la oprobiosa desfachatez de un tirano que pretendió mancillar los anhelos de libertad y de respeto a la dignidad de todo un pueblo. En esa famosa batalla el ecuatoriano de entonces venció la prepotencia, el yugo y la agresión.

Comentario

Reflexiones Personales

Cuando estoy triste o malhumorado solo basta pensar en lo que fue el momento de mi
nacimiento…

Como preámbulo, permítaseme, estimados amigos y amigas que me dispensan su
atención en la lectura, quiero remontarme a los años finales de la década del cincuenta;
costumbres todavía propias de un Ecuador agrario, mujer-madre convencida de su
compromiso con sus hijos e hijas, hogares funcionales o aparentemente funcionales,
menos “stress” social, médicos más cercanos a la familia, valores fundamentados en
el amor y el respeto, en fin, costumbres ligadas a “nutrir”, digo engordar al binomio
madre-hijo, el “parir” como alternativa deseable y no la cesárea, las “comadronas”
todavía omnipresentes en el campo y la ciudad, padres cercanos y preocupados por sus
primogénitos, por su prole, familias numerosas que ocupaban las grandes casonas de la
época y cuyos miembros –tíos, tías, primos, compadres, abuelos, padrinos, entre otros-
compartían juntos la educación de los niños, niñas y jóvenes.

Opinión

¡Estafa académica!

Confieso que la primera vez que escuché esta aseveración por parte de los
ejecutivos encargados del seguimiento y evaluación de los procesos educativos
superiores en el Ecuador me pareció exagerada y hasta insultante. Hoy, y en
muchos casos, debo admitir que tiene su razón de ser en la casi inoperante
preparación que muchas universidades, escuelas y colegios han desarrollado en
quienes confiaron a sus hijos e hijas como alumnos.

Pero el asunto es aún peor… pues estos jóvenes, preparados para el siglo
diecinueve y no para el actual, son conscientes –algunos me lo han expresado- de
lo tragicómico de su preparación cuando se le permitía en las escuelas y colegios
–muchos de ellos fiscales pero también particulares-, hacer lo que les daba la
gana, presentar cualquier trabajo y ganarse la máxima nota, o lo que es peor,
irrespetar a la autoridad constantemente, sin dejar de anotar, el enciclopedismo, la
exagerada memorización, la repetición insulsa de los temas y el predominio de lo
cognitivo sobre lo procedimental y lo actitudinal.

Opinión

¡A propósito de la evaluación!

Evaluar es un proceso o estrategia cognitiva insoslayable del pensamiento humano. Significa que la mente utiliza –entre otras cosas- la evaluación, como forma de adquirir el necesario conocimiento que debe tener para existir en el mundo. Por supuesto que esto que menciono es un acercamiento cognitivo al tema, sin embargo me sirve para los fines que me propongo en este artículo. Por lo anterior, parto de una aseveración harto repetida en administración… “lo que no se evalúa no se puede mejorar”

Las autoridades del Ministerio de Educación –con ilustrado criterio- afirman que van a desarrollar un proceso de evaluación a las instituciones educativas fiscales y particulares que puede inclusive llevar al cierre de las que no cumplan con los criterios exigidos. Hasta allí totalmente de acuerdo.

Opinión

Ingreso a la Universidad… ¿Por qué los jóvenes no aprueban?

Urgh, trying to study...

Es evidente que la razón para quedarse fuera del sistema educativo universitario en el Ecuador es no haber llegado al puntaje mínimo requerido por los organismos evaluadores, sean estas pruebas diseñadas e implementadas por el Senecyt o por las propias universidades que comenzaron ya a adaptar sus procesos de ingreso a lo dispuesto por la ley.

Estoy convencido que los estudiantes evaluados NO HAN ESTADO PREPARADOS PARA RESPONDER LAS PREGUNTAS QUE LES HICIERON.

Si las preguntas fueron CORRECTA Y TÉCNICAMENTE PREPARADAS habría que preguntarse a qué criterios respondían, cuáles fueron los propósitos académico-pedagógicos que buscaban, cuáles eran los referentes con los que se iban a comparar, a qué ejes temáticos en conocimientos (semántico y/o procedimental se referían) entre otras cosas.

Opinión

¿Es productivo perdonar y no olvidar?

Dirigir procesos, liderar cambios humanos no es fácil, sobre todo en una época en la cual se privilegia el individualismo, el egocentrismo, la soberbia intelectual, todos ellos filtros mentales u obstáculos de la mente que son, sin dudas, aprendidos digamos aprehendidos como resultado de una formación, escasa en su exposición al entorno de conductas como la solidaridad, la honestidad, el respeto a la dignidad del otro, la sencillez y la humildad entre otras manifestaciones excelsas de la realización humana.

Dirigir no es liderar, pero lo óptimo sería que ambos vocablos participen de una inequívoca simbiosis que sea referente específico de la eficiencia y efectividad de un ser humano, de una comunidad humana, del universo tal cual fue pensado por el Creador. Desde mi particular óptica de católico convencido y de pensador independiente no es posible perdonar, en toda la extensión conceptual de lo que significa- sin olvidar. Queda una espina clavada en el corazón, una molestia continua en el cerebro, un vacío doloroso en el espíritu cuando, a pesar de haber perdonado –en forma declarativa- se conserva la necesidad insatisfecha del desquite, de la venganza o de las ganas de “cobrarnos” palmo a palmo los agravios.

Opinión

A propósito de los estándares de educación

Acudí con grandes expectativas al Centro Cristiano de Guayaquil, ante la gentil invitación de mis dilectos amigos y amigas, los más altos funcionarios del Ministerio de Educación, quienes hicieron lo mejor posible para que el acto de presentación de los “estándares nacionales de educación” sea todo un éxito. Allí una cantidad impresionante de personas invitadas, desde estudiantes de colegios hasta docentes fiscales y particulares, directivos y una enorme seguridad presidencial nos recibió, habiendo el acto inusualmente comenzado mucho antes de la hora en que se nos invitó. Todo estaba muy bien organizado.

“Los estándares de calidad educativa son descripciones de los logros esperados correspondientes a los diferentes actores e instituciones del sistema educativo. En tal sentido, son orientaciones de carácter público que señalan las metas educativas para conseguir una educación de calidad. Así, por ejemplo, cuando los estándares se aplican a estudiantes, se refieren a los conocimientos, destrezas y actitudes que estos deberían adquirir como consecuencia del proceso de aprendizaje. Por otro lado, cuando los estándares se aplican a profesionales de la educación, son descripciones de lo que estos deberían hacer para asegurar que los estudiantes alcancen los aprendizajes deseados. Finalmente, cuando los estándares se aplican a los establecimientos educativos, se refieren a los procesos de gestión y prácticas institucionales que contribuyen a que todos los estudiantes logren los resultados de aprendizaje deseados”

Opinión

¿Derecho a llegar tarde?, reflexiones…

Agradezco en alto grado la gran cantidad de comentarios que mi último artículo obtuvo de tan selectos lectores. Yo, al igual que algunos de ustedes, toma las sugerencias y críticas no por la forma en la cual se hacen –de repente, agresivas, poco argumentadas o ligeras-, ni por estar dirigidas a construir o destruir, más bien por el fondo inferencial que se deja ver tras las palabras que se reciben y que en efecto son, siempre aprendizajes, para corregir o para ratificar lo expuesto.

Me expresaron que algún día deberíamos ejercer “nuestro derecho a llegar tarde” y eso realmente me impactó. Cuando alguien hace un comentario en educación y jamás ha pisado un salón de clases tal vez no pueda expresar lo que en realidad sucede al estar frente a los niños y jóvenes que educa, peor aún cuando no se entiende cabalmente la definición de “amor” que manejamos los educadores. El hecho de dejar la puerta de un aula cerrada o abierta de ninguna manera cambia la situación de que se llegó tarde a cumplir una responsabilidad adquirida y para lo cual se podrían escoger dos caminos –por lo menos-, buscar culpables en otros u otras o asumir paladinamente las consecuencias de los actos.

Opinión

La generación irresponsable del “cualquier cosa”

Tres de mis estudiantes del Propedéutico de la Facultad de Medicina llegaron tarde a mi clase de las 07h00 el jueves pasado, cuando la puerta estaba cerrada. Al final del período, se acercaron y expresaron las siguientes frases: “eso no es así profesor”, “es que la metrovía se atrasó”, “vivo lejos de aquí”, “otros profesores no hacen lo que usted”, “debería esperar, llegué sólo tres minutos atrasado”, “otros profesores permiten la entrada después de pasar lista”, entre otras frases….

Confieso que para un educador de futuros médicos como yo, tales palabras fueron casi que incomprensibles. Sin embargo, fueron también la fuente que inspiraron el análisis y la reflexión acerca del pensamiento humano… ¡del pensamiento de nuestros, de nuestros jóvenes ecuatorianos!

Comentario

Filtros mentales: Visión de túnel

Imagínese que está a punto de entrar en el “túnel” que pasa a través de las entrañas del cerro, aquí nomás, después de bordear el Hospital Psiquiátrico viniendo al centro de Guayaquil. De repente, y después de haber tenido visión panorámica de los alrededores, al entrar en el túnel, lo único que puede ver va en perspectiva lineal. Nada de lo que hay fuera del túnel es posible captarlo y por tanto la realidad se circunscribe –por unos minutos- a lo que ocurre en la limitación transitoria de mis posibilidades visuales. Inclusive notarán que tiene las luces encendidas día y noche, pues como no entre la luz del sol han de ponerle luminarias para que se pueda ver con claridad el estrecho recorrido…

Pues algo parecido a lo anterior es lo que literalmente les ocurre a las personas que han desarrollado aprendizajes que los hacen observar al mundo en perspectiva lineal, con “visión de túnel”. Todo lo filtran de esa manera y por tanto les resulta incomprensible lo que ocurra “por fuera del marco”, es más, piensan que pueden prescindir de ello todo el tiempo. Pierden por ejemplo –como fruto de la apropiación de conductas que se emulan de otros durante la infancia y juventud- la posibilidad de “monitorear el entorno” y hasta de retroalimentarse con prontitud, ambos procesos fundamentales, insoslayables para un profesional de este siglo, digamos, para cualquier ser humano que quiera desarrollarse en un mundo cambiante y exigente.