¿ANTIBOLIVARIANISMO?

Señor Director Diario Expreso:

Veo que la señora Nelly de Jaramillo se ha sumado al gran número de “nuevas viudas” del Libertador que han surgido desde que sufrimos el flagelo de este gobierno de “mentes lucidas (en la acepción coloquial de la RAE), corazones rosas ardientes y manos muy poco limpias”

Antes de aseverar que el “cambio” de nombre del aeropuerto de debió a una posición “anti bolivariana”, la señora Jaramillo bien pudo indagar un poco de las razones que motivaron que al nuevo aeropuerto que se construyó en Guayaquil se lo bautice con el nombre del prócer más importante que ha tenido esta ciudad y a quien, los guayaquileños verdaderos, si rendimos pleitesía sobre cualquier otro héroe extranjero, por mas valioso que éste haya sido.

1.- Ya existían otros dos aeropuertos en América Latina con ese nombre, el de Caracas en Venezuela y el de Santa Marta en Colombia. Nos pareció conveniente diferenciarnos, mostrando el cambio extraordinario y fundamental que esta ciudad ha experimentado durante las dos últimas administraciones municipales, honrando a su primer Alcalde y prócer de la patria

2.- No se cambió el nombre al aeropuerto, se le dio el nombre de José Joaquín de Olmedo al nuevo aeropuerto, que se construyó más al norte del antiguo.

3.- Se mantuvo el nombre de Simón Bolívar al antiguo aeropuerto, transformado en el gran centro de Exposiciones y Convenciones de Guayaquil.

4.- Para bautizar al nuevo aeropuerto con el nombre de nuestro gran prócer, se consideraron cientos de solicitudes de ciudadanos e instituciones guayaquileñas, desde la enviada por el Arzobispo de Guayaquil hasta la de la Cooperativa de taxis Simón Bolívar.

La señora Jaramillo parece pertenecer a aquellos ecuatorianos que menosprecian el valor de nuestros héroes y prefieren a los extranjeros. Yo pienso todo lo contrario. Desde los años de los 1960 en que por primera vez utilice el aeropuerto, me parecía una herejía que tenga el nombre de un gran hombre que no era guayaquileño una de las obras más emblemáticas de la ciudad, primera ventana que el visitante extranjero tiene de mi ciudad. Igualmente me repugna que nuestro campus universitario se llame Salvador Allende y el principal salón de actos de este campus se llame Ernesto “che” Guevara, cuando muy bien podrían haberse llamado Eugenio Espejo, o llevar el nombre de cualquier otro personaje de la cultura, periodismo o academia ecuatoriana.

No me pareció mal cuando le pusieron a la vía que une Guayaquil con Urdesa, John F. Kennedy, por que consideré que habían suficientes calles en Guayaquil para honrar, como se lo ha hecho, primero a nuestro grandes hombres guayaquileños y ecuatorianos y luego a importantes figuras extranjeras, inclusive del gusto de la señora Jaramillo como Lenin o Carlos Marx (no el del SRI), si la autoridad así lo decide o la ciudadanía mayoritariamente así lo solicita.

A propósito de Carlos Marx (el alemán), hay una carta fechada en Londres el 14 de febrero de 1858, que Marx le escribió a Federico Engels comentando los reclamos que Charles Daña, director del New York Daily Tribune le hacía por el “tono prejuicioso” con que el padre del materialismo histórico había escrito un ensayo biográfico sobre Simón Bolívar que, a pedido de Daña, fue redactado para el tomo III del “New American Cyclopaedia”, el cual circuló casi tres décadas después de la muerte del Libertador. Marx decía en esa carta: “En lo que toca al estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Pero hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque”.

Cobarde, brutal, miserable… ciertamente el autor de “El Capital” sintió una fuerte antipatía por la figura y la obra del Libertador, como se puede comprobar rápidamente leyendo su escrito, titulado muy sardónicamente “Bolívar y Ponte” para así remarcar las pretensiones nobiliarias del biografiado.

La sola comparación con el emperador negro Soululouque, el dictador de Haití que surgió de entre los esclavos para cometer fechorías contra su propia gente, pone a Bolívar, desde la mira de Marx, no la mía, en la posición de un dictadorzuelo oportunista y demagogo que había aprendido con ventajas las mañas de la “viveza criolla” americana. Y por si fuera poco, Marx le endilga a Bolívar el título de traidor, acusándole de haber participado en la entrega del independentista Francisco Miranda al tirano español Monteverde. De hecho, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios había iniciado su carrera militar —como buen hijo de colonos españoles de muy alta alcurnia— en las filas del ejército realista.

Marx criticaba a Simón Bolívar sin tapujos. Lo criticaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata, más que criollo, codicioso de la fama y el poder. Un “pequeño burgués” disoluto y procaz que:

Tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe… marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2’000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados”,

escribió Marx.

Nosotros, los “neoliberales”, “pelucones” “separatistas” “seudo historiadores” nunca podremos expresarnos de esta forma tan grosera del Libertador de cinco naciones a quien le rendimos pleitesía con el nombre de nuestro Malecón, en el Hemiciclo de la Rotonda y en su gran estatua ecuestre frente a la Catedral, y ahora, gracias a la “Robolución Ciudadana”, hasta en la sopa. Lo máximo que diremos es una verdad histórica: que se tomó Guayaquil por la fuerza

Ing. Nicolás Romero Sangster
Gerente de Autoridad Aeroportuaria de Guayaquil.