Los graves eventos de hoy hablan más que mil palabras respecto de qué mismo es el Ecuador: La Policía llamada “Nacional”, pero que todos saben que es serrana, ha decidido paralizar el país y tomarse el puente de la “Unidad Nacional” (sic). La Fuerza Aérea llamada “Ecuatoriana” (FAE), pero que todos saben que es serrana, ha decidido tomarse los aeropuertos de Quito y Riobamba. La Policía de Migración llamada “Nacional”, pero que todos saben que es serrana, ha decidido parar nada menos que el aeropuerto José Joaquín de Olmedo de la ciudad de Guayaquil, precisamente hoy que se inició un Congreso Internacional de medicina al cual debían de llegar el día de mañana (1 de octubre 2010) 400 médicos adicionales de todas partes del mundo. Los Centros Comerciales de Guayaquil están cerrados, incluidos los bancos que debían gestionar el pago de la quincena y fin de mes.

Ese es el “Ecuador”, país que hoy por hoy estamos viendo con claridad meridiana –y una vez más- que no pertenece ni a un “Dueño del país”, ni a Correa, ni a nosotros los ciudadanos comunes y corrientes, sino que pertenece a los serranos, y más precisamente a los quiteños, tomados no en su apelación natural y geográfica, sino en términos de la entelequia de poder y privilegios que han llegado a acumular a su alrededor.

Mientras la delincuencia campea, la Policía deja de trabajar para defender sus privilegios. Se escuchan rumores de un inmediato surgimiento de saqueos, como si hubiese una misteriosa comunicación entre delincuentes y Policía. Tan misteriosa como el hecho de que un árbitro que vive en Quito venga a tomar el avión para Nueva York desde Guayaquil, en donde quienes controlan el tráfico de drogas no son de Guayaquil sino -ellos también- de la sierra.

Ya antes tumbaron al guayaquileño Bucaram porque trató a la sociedad quiteña (incluida la burocracia) en forma irreverente y puso a un ministro déspota que les pateó el caldo petrolero al cual consideran su propiedad privada. Luego derrocaron al lojano Mahuad ex Alcalde de Quito, porque mal paga el diablo a sus fieles. Después fue el turno del oriental Gutiérrez, porque “Con Quito no se juega”, dijeron que “un mono” no podía presidir la Corte de Justicia.

A la hora en que escribimos estas líneas (13h45 del 30 de septiembre de 2010) no sabemos cómo terminará esto, en cada ocasión anterior el desenlace se supo en el momento en que aparecían por televisión unos serranos con charreteras a decirnos: “Hemos retirado la confianza al Presidente de la República”. Dejando así por sentado el hecho de que este país no es “mi” país, no es “nuestro” país, es el país en donde las serranas fuerzas del orden deciden a quién y en qué términos “dan” la “confianza” a alguien que sea de su momentáneo agrado.

El país ya perdió toda una década de democracia por esta gente. A pesar de que Guayaquil es el único “bolo” que todavía no ha tumbado Correa para completar su “chuza” en esta bolera de país, a pesar de que su gestión es inspirada en el resentimiento contra Guayaquil, a pesar de que su gestión ha sido totalitaria y discriminatoria en contra de esta ciudad en muchos ámbitos, a pesar de que en lo emocional nos puede parecer cómico ver a Correa secuestrado en la ciudad en la que tanto se ha confiado electoralmente, no debemos apoyar de manera oportunista estas fuerzas del orden serranas, sino más bien meditar en nuestro corazón y gritar muy claramente en nuestro entorno inmediato, que el desarrollo de Guayaquil no es posible mientras pertenezca al Ecuador tal como lo conciben en Quito.