Un amable lector, el Sr. Patricio Ortega, tuvo la gentileza de colaborar con mi columna incluyendo hace pocos días un comentario sobre mi artículo “La degradación de la política: ¿cómo, porqué y hasta cuándo?”(2), publicado en Octubre pasado, discrepando parcialmente con la solución que yo planteo para revertir el proceso de degradación política, por parecerle insuficiente el que haya un mayor compromiso por parte de “las personas íntegras, preparadas y experimentadas”. Con mucha honestidad, el lector declara al final de su mensaje que “sigue mirando esta sociedad descompuesta y preguntándose como cambiar el curso de la historia”. Cita como argumento la escasa, por no decir nula reacción de la opinión pública ante un mensaje a la nación lanzado días antes por un grupo de prestantes ciudadanos encabezados, si no me equivoco, por el Presidente Oswaldo Hurtado Larrea y el Emb. José Ayala Lasso. Y finalmente utiliza un término que abre un campo muy amplio e interesante de discusión y análisis: se refiere a la anomia que impide, según él y yo coincido, hacer conciencia de la situación
Me pareció que su inquietud, indiscutiblemente válida ameritaba no una breve respuesta sino un análisis más profundo y por esta vía. Cumplo pues con mi promesa.



