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Mario Fiorentino Coello

Despedida de León Febres-Cordero

Hay cartas que no necesitan que se les añada ni una coma, por lo claras y contundentes que son. Esta es una de ellas.

Guayaquil, Octubre 21 de 2011

Señor Doctor
Alfredo Pinoargote
Director de “Contacto Directo”
Ciudad.-

FEBRES-CORDERO SI VIVE CARAJO!

Finalmente es imposible no comentar la actitud de los Vargas Llosa, padre e hijo, principalmente el primero. Es innegable que la obtención del Premio Nobel potenció grandemente la popularidad de Mario Vargas Llosa a nivel del todo el país lo cual le otorgó en este preciso momento, una aún por cuantificar pero innegable influencia a nivel de opinión pública. Bien se podría afirmar que una parte del estrecho margen con el que Humala ganó la Presidencia, se lo debe a este apoyo del inefable “escribidor”. La incongruencia aquí estriba en que luego de pasarse alrededor de 30 años promoviendo una filosofía política calificada acertadamente por un analista de muy clara visión conceptual como “liberalismo salvaje”, al final casi de su trayectoria pública venga a apoyar frontal y radicalmente a quién hasta hace muy poco se ubicaba en sus antípodas ideológicas, propugnando tesis opuestas a las de Vargas Llosa. Por cierto el escritor, en el más puro estilo del “capitán Araña”, (el que embarca a la gente y se queda en tierra), no vino al Perú a votar aduciendo un extremo cansancio generado por “la intensa labor desplegada para promover la campaña de Humala”. Parece que habló mucho por teléfono y eso le causó un agotamiento que indujo a su médico de cabecera a “recomendarle el abstenerse de volar en avión”…

Igual es el caso del hijo, el también inefable “niño Alvarito”, como lo motejó una comentarista política limeña, que luego de haber sido hace varios años coautor del célebre libro llamado “Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano”, en el que se atacaba despiadadamente a todos aquellos que profesan las ideologías afines a las que siempre ha defendido Humala, terminó al igual que su padre, apoyando a dicho candidato que ciertamente pertenece a la categoría que en su libro tan duramente criticó. Ahora se lo menciona como aspirante a la Cancillería, lo cual implicaría una serio golpe para la diplomacia peruana, asentada en el Palacio de TorreTagle, tradicionalmente manejada por auténticos profesionales de la materia lo que la llevó a ser una de las mejores del subcontinente.

El grupo de Humala en cambio, como dicho anteriormente, si tuvo una organización evidentemente dirigida por los dos asesores brasileños vinculados al “Partido de los Trabajadores”, que funcionó como un reloj y tuvo la capacidad de llevarlo de menos a más, aprovechando y capitalizando los errores de los rivales. Además resulta muy claro que tuvo muchos recursos y todo hace pensar que en su gran mayoría no eran recursos locales. Se ha especulado mucho pero sin aportar pruebas concretas y contundentes, más allá de las declaraciones de un ex – Embajador USA ante la OEA, sobre un financiamiento de 12 millones de dólares por parte del gobierno venezolano que habría sido introducido en efectivo por tierra vía Bolivia. Es un hecho innegable que la Embajada Venezolana en Lima ha mantenido en estos últimos años, un activismo político que trasciende los límites normales y tolerables dentro de lo que es la actividad diplomática. Adicionalmente y como ya mencionamos en un artículo anterior, es un secreto a voces que la empresas brasileñas que operan en el país lideradas por la que más presencia tiene en el país, obviamente para defender su posicionamiento local, apostaron por el candidato Humala y aportaron grandes sumas de dinero a su campaña.

En las anteriores entregas sobre las elecciones peruanas, publicadas en Abril 19, 20 y 26, analizamos lo sucedido en primera vuelta. Hace poco más de una semana se dio la segunda vuelta y el ganador fue el candidato de la línea de izquierda aunque en justicia se le debe conceder por ahora, el beneficio de la duda en cuanto a la línea que seguirá, si la chavista y retrógrada del “socialismo del siglo XXI” o si más bien se adhiere a la más actualizada línea brasileña de Lula y Roussef, parecida en temas de política económica y social internos a la de los socialistas modernos como los españoles, chilenos y uruguayos. Para tener una visión clara habrá que esperar los primeros nombramientos y a mediano plazo habrá que esperar algunos meses, quizás incluso un año, para poder tener alguna certeza sobre el rumbo real que el nuevo Gobierno adoptará.

Como comentábamos en el artículo del 19 de Abril, la antipolítica llegó al Perú mucho antes que a otros países; algunos sostienen que acá los partidos tradicionales desaparecieron o comenzaron a desaparecer mucho antes que en otros países, incluido el nuestro, y viendo las cosas objetivamente, hay que reconocer que así es y así lo demuestra la segunda vuelta del año 1990 entre Vargas Llosa y Fujimori padre, representantes ambos de sus respectivos “movimientos” ajenos a los partidos tradicionales.

En segundo lugar, quizás por los ímpetus de sus juveniles 35 años, la noche de la primera vuelta, precisamente en el momento en que más tenía que comenzar a atraer a los opositores a su padre, se dio el lujo de proclamarlo desde un balcón del antiguo Hotel Bolívar como “el mejor Presidente de la Historia del Perú”, frase que ha generado los inevitables y abundantes comentarios en contra. No hay que olvidar que se la acusa de representar la tendencia de un golpista, en alusión al “auto – golpe” de Estado que protagonizó su padre cuando en 1992 “disolvió” ,(tal fue el término que utilizó en su célebre cadena de televisión), el Congreso para luego llamar a una Constituyente que le fabricó una Constitución casi a la medida y que aún sigue vigente.

Lo cierto es que hoy por hoy y ante la aparente y quizás momentánea debacle del APRA, el fujimorismo aparece quizás como el único partido político más o menos estructurado y disciplinado a nivel nacional. Los demás son simples “movimientos”, tan momentáneos como las elecciones.

Esta primera etapa del proceso electoral que acaba de concluir el Domingo 10 del presente mes, ha sido bastante atípica en lo que al entorno latinoamericano se refiere pues han sido cinco los candidatos que han ido alternándose en las preferencias de los electores. Aunque a la luz de la teoría política, no hay de qué sorprenderse pues no cabía esperar otra cosa con una tendencia consolidada tras un solo candidato y la otra fragmentada en 4 candidaturas. El resultado era obvio.

Los cuatro candidatos de la línea de centro-derecha y derecha, subestimando claramente al representante de la otra tendencia en base a encuestas cuya calidad y seriedad ha dejado muchas dudas más allá que razonableitas, se dedicaron a fagocitarse entre ellas, criticándose duramente, con excepción de la candidata Fujimori que mantuvo un perfil distinto, con prácticamente ningún ataque a sus opositores, aún cuando por representar lo que representa, a ratos recibió ataques muy fuertes. Se olvidaron que toda tendencia desunida, siempre será vencida.

Con esta dura frase, pronunciada pocas semanas antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales peruanas, el escritor peruano Mario Vargas Llosa definió lo que a su juicio significaría una eventual final entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Aunque la frase es ciertamente desatinada por el irrespeto que implica para aquellos que sufren de estos penosos males, refleja con claridad el sentir de muchos peruanos, para ser más preciso, del 53% de los votantes que no respaldaron en la primera vuelta a los dos finalistas.

El entorno dentro del cual se están desarrollando estas elecciones, es bastante parecido al de otros países de la región. En lo político, crisis casi terminal de los partidos tradicionales, (todos prácticamente “difuntos” con excepción quizás del APRA cuya supervivencia está por verse y dependerá del futuro trabajo de Alan García), con una prensa muy crítica del sistema especialmente contra el Congreso que es prácticamente la institución más desprestigiada del Estado; finalmente, un poder judicial casi tan desprestigiado que el legislativo, en el que nadie puede confiarse y del que dicen muchos, que produce cualquier cosa menos Derecho y Jurisprudencia. Se puede aseverar que la antipolítica llegó también al Perú, quizás antes que a otros países en la que aparentemente este fenómeno ha hecho más “bulla” como Argentina, Venezuela, Ecuador, etc. Acá llegó casi en silencio, allá por 1990 cuando el pueblo escogió en las urnas a un “outsider” total, un desconocido rector universitario de nombre Alberto Fujimori que en pocas semanas arrasó con el candidato favorito, (Vargas Llosa), y se llevó la Presidencia. 11 años después, en el 2001, nuevamente el voto “antisistema” se impuso, y ésa vez el beneficiario fue un casi desconocido Alejandro Toledo.

Un amable lector, el Sr. Patricio Ortega, tuvo la gentileza de colaborar con mi columna incluyendo hace pocos días un comentario sobre mi artículo “La degradación de la política: ¿cómo, porqué y hasta cuándo?”(2), publicado en Octubre pasado, discrepando parcialmente con la solución que yo planteo para revertir el proceso de degradación política, por parecerle insuficiente el que haya un mayor compromiso por parte de “las personas íntegras, preparadas y experimentadas”. Con mucha honestidad, el lector declara al final de su mensaje que “sigue mirando esta sociedad descompuesta y preguntándose como cambiar el curso de la historia”. Cita como argumento la escasa, por no decir nula reacción de la opinión pública ante un mensaje a la nación lanzado días antes por un grupo de prestantes ciudadanos encabezados, si no me equivoco, por el Presidente Oswaldo Hurtado Larrea y el Emb. José Ayala Lasso. Y finalmente utiliza un término que abre un campo muy amplio e interesante de discusión y análisis: se refiere a la anomia que impide, según él y yo coincido, hacer conciencia de la situación

Me pareció que su inquietud, indiscutiblemente válida ameritaba no una breve respuesta sino un análisis más profundo y por esta vía. Cumplo pues con mi promesa.

“…Ud. Será el último de los mohicanos…”. Con esta simple frase, hace muchos años, el también fallecido Presidente Carlos Julio Arosemena Monroy, le pronosticó a León Febres Cordero, antes incluso de que este último llegara a la Presidencia de la República, que él sería el último líder de proyección nacional que saldría de las filas de las élites guayaquileñas. Palabras proféticas las del Dr. Arosemena, pues el paso posterior de León por la Presidencia y luego por la Alcaldía, demostró que efectivamente así lo fue. Por lo menos en nuestro tiempo.

Hoy hubiera cumplido 80 años de no mediar su tempranamente deteriorada salud que determinó que hace poco más de dos años, él también alcance lo que en su discurso de Entrega de Mando definió con gracia y estilo, como “el vértice inefable de lo eterno”. Se fue quizás antes de tiempo pero su recuerdo vivo impide que muera definitivamente.

Antes y después de ésa fecha, mucho se ha escrito sobre él y mucho se escribirá en el futuro pues su paso por la historia dejó una profunda huella, tan profunda que alguna vez hace pocos años, conversando con un amigo común sobre su real dimensión histórica, coincidimos en que en nuestra historia hay sólo cinco figuras que por la extensión de su vida política y por la trascendencia que alcanzaron en sus respectivos tiempos, pueden considerarse como los “ejes” de nuestra vida republicana: Flores, García Moreno, Alfaro, Velasco Ibarra y Febres Cordero.

El Dr. Blasco Peñaherrera Padilla, uno de los analistas y pensadores más lúcidos del Ecuador actual, si no el más lúcido, ha publicado recientemente un pequeño pero muy interesante y claro libro, escrito con mucha valentía, titulado “Perú y Chile, Desde Las Cenizas”, analizando las dos “revoluciones” sufridas por dichos países vecinos y cercanos, las consecuencias que afrontaron y cómo lograron salir del abismo en que dichas sociedades cayeron, tanto en lo económico cuánto en lo político y social, incluyendo mucha violencia en ambos casos.

Oportunamente el autor cita un célebre discurso de no hace mucho tiempo, del Presidente Arias de Costa Rica, en el mencionaba que “… América Latina corre el riesgo de aumentar su insólita colección de generaciones perdidas…”. Leemos este libro y llegamos a la inevitable conclusión de que el Ecuador va rumbo a perder otra más, aparte de las que históricamente ya ha perdido y que son varias, lamentablemente.

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