Es indudable que una cantidad apreciable de gente prefiere no hacer el esfuerzo de pensar y que le “den pensando”, busca mantenerse en un status de sobrevida marginal y si le dan algo, con eso se contentan y prefieren recibir sin hacer el esfuerzo, pues lo que reciben ya les permite mantenerse, marginados, pero sobreviviendo, lo que yo llamo vegetar, pues al igual que las plantas, no se mueven de donde están plantados y esperan que Dios les dé el agua y la tierra (el gobierno) su sustento.

Hay sin embargo un grupo muy importante, mayoritario, de gente que quiere progresar, que quiere desarrollarse, que ha sido educada y ha aprendido a vivir en libertad, no plantados en el mismo sitio, gente que prefiere la libertad para pensar y decidir por sí misma que es lo que prefiere hacer, que le gusta hacer el esfuerzo por mejorar, por progresar, por lograr que sus hijos se desarrollen y lleguen mucho más alto de lo que ellos pudieron lograr, no por palancas partidistas o de amistades, sino por mérito propio, porque el hombre que sube aupado por palancas de cualquier tipo, deberá a la fuerza ser “mareísta”, es decir como el palo de balsa, mantenerse a flote al ritmo de la marea y buscar con tino a quien arrimarse para seguir arriba.

Los pueblos libres de acuerdo a Machiavelli, van a buscar su libertad, y el Príncipe o “quien se haga dueño de una Ciudad acostumbrada a vivir libre y no la destruya, que espere ser destruido por ella; porque en el caso de que se revele, lo hará siempre en nombre de su libertad y de sus antiguas instituciones políticas, que, ni con el paso del tiempo ni por los beneficios recibidos, se olvidan nunca. Y por mucho que se haga o prevea, si no se desune y disgrega a sus habitantes, no olvidan ni la palabra libertad, ni aquellas instituciones y, ante cualquier imprevisto recurren a ella. Es lo que hizo Pisa después de estar sometida a los florentinos durante cien años.” (sic)

Parece que en nuestra América latina hay un grupo de políticos que han leído a Machiavelli y creen en principados, basados en esa cantidad apreciable de gente que prefiere que les “den pensando” y aceptan mansamente vivir marginalmente recogiendo las migas de las mesas de los gobernantes ya sea en bonos, regalías, feriados, o atenciones malas pero gratuitas. Uno de los más grandes políticos, admirador de Machiavelli y comentador de “El Príncipe”, fue Napoleón Bonaparte. Para comprender a algunos de estos políticos, conviene leer “El Príncipe” de Machiavelli, comentado por Bonaparte.

El hombre que no es libre no es digno. La libertad es el más grande don que Dios ha dado al hombre. Sin libertad no vale la pena vivir.