Viendo artículos de

Karyna Arteaga García

Pasos en la arena

Seguir los pasos es ir tras alguien que dejo una huella. Huella que se quedó grabada en el lienzo del corazón. Huella que marco los siglos en la historia de la tierra.

Seguir los pasos es caminar, avanzar, ir respirando, es vivir, y “vivir es siempre una oportunidad para ser mejor persona”. Vale la pena pensar en eso; en todo lo que hemos ido viviendo durante el año, lo bueno, lo malo, lo no tan bueno y lo no tan malo. Cuántas oportunidades ganadas y cuántas oportunidades perdidas. Propósitos, anhelos, ilusiones. Frustraciones. Pero aquí estamos, seguimos viviendo, seguimos de pie.

Cada mañana, cada tarde, cada noche, cada día, son motivos para agradecer, para sonreír, para disfrutar. Mirar al mundo con amor, agradecer con sinceridad.

Hay quien dijo que “la vida es un espacio entre dos oscuridades”. San Alberto Hurtado, S.J., dijo: “la vida es un espacio entre dos eternidades”. ¿Qué es la vida? La vida es energía en movimiento. La vida debería ser para todos como un destello de luz.

Estamos en un tiempo de espera, esperar es tener esperanza. Quien no tiene esperanza no tiene nada que esperar.

Esperamos celebrar días festivos y entre esas festividades, la más importante es, inclusive por tradición, la Navidad. Lo que sucede es que la tendencia del mundo ha ido haciendo variaciones en el concepto básico de las cosas. Festejar no es gastar, menos aún, despilfarrar. Festejar es estar felices por “algo” que nos llena el corazón de alegría.

Escribir no es solo cuestión de escritores. Escribir los recuerdos, los sueños (buenos o malos), las añoranzas, las frustraciones, los deseos, es una terapia acertada.

Existen distintas maneras de comunicación, intentamos comunicar a los demás, olvidando que debemos comunicarnos también a nosotros mismos. Al escribir lo nuestro, y luego al leerlo, reconoceremos situaciones importantes, que mínimo nos ayudarán a pasar un buen rato recordando el ayer, o nos sorprenderán con agrado planificando el futuro.

Lo importante es al final sacar un balance, sin perder la pista, pisando en tierra firme el aquí y el ahora.

¿Cuál es la forma de comunicación que te resulta más fácil?

Tomar decisiones importantes, ser determinados. Todos tenemos un lugar al que deseamos ir en algún momento de la vida. Solemos postergar el viaje, reprimir ese deseo. Ponemos pretextos y aparentes prioridades, miedos y angustias, sin darnos cuenta que solo hacemos que el tiempo se extienda en vano, y permanezca en una innecesaria espera.

En mi caso, ese lugar de mis sueños es Calcuta. Tuve que decidir que ya era hora de estar ahí, creo que mi alma lo pedía. Dije que si a la invitación de una amiga y viajé a la India con un grupo de yoguis y yoguinis (hombres y mujeres que practican yoga), nueve personas en total. Solo tres eran conocidos míos, al resto los había visto unas cuantas veces, e incluso a dos del grupo no los conocía. Pero Dios tiene su plan perfecto y Él sabe y decide con quien debes estar cuando se trata de compartir experiencias inigualables como las que he vivido.

La subjetividad forma parte de la vida de las personas. Aún cuando exista el convencimiento de que somos objetivos, no es así. Efectivamente, no toda la gente padece de falsedad; pero es lamentable confirmar que, del todo, una buena parte vive bajo los parámetros de la misma. La subjetividad es la falsedad, porque es observar, analizar y juzgar al mundo bajo parámetros propios, creyéndose el que interpreta así la vida, como el gran conocedor de todo y no da lugar a otras formas de pensamiento. Es a lo que llamo “la teoría de la falsedad”: “las cosas son como yo las pienso y entiendo. Lo demás está equivocado”.

Creamos ídolos de barro, sabios de papel, intocables arraigados en sus teorías obsoletas. No estoy en contra de los grandes y auténticos maestros, estoy en contra de los que siendo maestros en el ayer, ahí se quedaron; con sus viejas teorías, no buscaron nada más, no quisieron aprender lo nuevo y por eso se encuentran estancados. Pero como son “intocables”, les han hecho creer que lo son, no hay manera de hacerles ver que están equivocados. Que el mundo ha progresado y que el aprendizaje significativo va más allá de aplicar las normas de la sintáctica y la semántica tradicionales.

Estar vivos es la principal causa de muerte. Un día nacemos, y ese mismo especial y único día, nos asegura irremediable que, otro día vamos a morir.

Esto queda comprobado en la biografía de cualquier persona, al consultar por alguien que realizó obras destacadas mientras vivía, habrá dos fechas, la del día en que nació y la del día en que murió. ¿Qué quiero decir con esto?

Que la vida es tan solo una preparación para la muerte. Pero los seres humanos nos aferramos a ella, a la vida, como si se tratase de algo eterno, algo que siempre nos mantendrá en este mundo, algo que nunca pasará. La vida no es eterna, no se quedará para siempre y pasará de este mundo a otro mundo que nos puede resultar extraño, lejano o inalcanzable.

Si miran a la luna, en luna llena, verán la forma de un conejo adentro de ella. Al menos eso es lo que miro yo, y no es el reflejo de un conejo sino el conejo mismo que está metido en la luna. ¿Cómo hizo para entrar y quedarse ahí metido, pareciendo estar estampado en la faz de la luna llena? No lo sé y si alguien lo ha averiguado me encantaría que comparta ese conocimiento.

¿A qué viene hablar de un conejo sin sentido metido en la luna llena, cuándo el mundo se conmueve ante el terrorismo, la guerra, la hambruna, la pobreza, la escases, las catástrofes naturales, las armas químicas, los accidentes aéreos, los accidentes marítimos, los accidentes terrestres, los robos, los secuestros, los asesinatos, las violaciones físicas y morales, los escándalos sexuales, las enfermedades incurables y tantos otros males? Es simple, ver ese conejo metido en la luna llena que vuelve cada mes, una y otra vez, me recuerda que existe otro lado del mundo hacia el que podemos mirar.

Todos tenemos afinidad, resistencia o desprecio por otras personas, por situaciones o por determinadas experiencias de la vida. Sin duda la frase “no soy un billete de cien dólares” le calza a cada quien en algún momento de la vida. Lo que quiere decir que no siempre seremos queridos o aceptados de la mejor manera, como sí lo sería, en todo caso, un billete de cien.

Intento explicar que todos tenemos aspectos positivos y aspectos negativos, físicos y espirituales. Mentales y conductuales. A veces agradamos y a veces no. Lo que veo negativo es insistir en aquello que nos daña y daña a otros. Lo que ya está probado y reprobado por la sociedad humana, un ejemplo: la violencia. Ser violentos una y otra vez nos hace mal y perjudica a toda la sociedad. Violento no es solo el que grita y vocifera; el que altera el orden, el que insulta, atesta un golpe o el que dispara un arma. Violento es también el que calumnia, el que insiste con bromas de mala intención, el que difunde lo que altera la paz. Lo que incluye también a la prensa. No podemos esperar que la responsabilidad de difundir la violencia recaiga solo sobre los gobernantes, los grupos de oposición, los terroristas, o cuanto ser violento exista en este mundo.

El viaje a Quito era la tercera de tres opciones. Por motivos varios a los que he de llamar fortuna, fue la opción elegida y, la decisión acertada. Mi esposo y yo viajamos a Quito el viernes en la noche para aprovechar el sábado y, de alguna manera, encontrar una buena localidad para el concierto “Dos Pájaros de un Tiro”, que tendría lugar el mismo sábado a partir de las 8 de la noche en el coliseo Rumiñahui.

Para nosotros improvisado concierto, para los quiteños, muy planificado. Por temprano que llegamos a las boleterías del coliseo, ni ahí ni los revendedores tenían nada mejor que ¡general! Que más daba. Era ir o no ir. Así que compramos los boletos con la esperanza de lograr algo mejor por la noche…Luego de comprar las entradas decidimos ir a caminar por el Centro Histórico. Paseo que ya hemos hecho por múltiples ocasiones. Pero bueno, había expectativas nuevas. Sobre todo ir por Carondelet a “ver que tal las cosas con el Presidente”. Lo novedoso talvez fue la música, que en otros tiempos no se escuchaba por el lugar, como las canciones del desaparecido canta autor chileno: Víctor Jara. Conversando y caminando por las centenarias calles llegamos a la Catedral Metropolitana, donde tuvimos el primer gran encuentro del día: Sucre. Esperaba majestuoso en el féretro que guarda sus restos. Tal como hubo de ser mientras vivía, callado, digno, admirable. Ahí, en pie, estábamos los dos, ante el magnánimo hombre que amó a nuestra Patria como suya…

Dijo el Subcomandante Marcos que la libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla. Por mi parte, me desvelo cada día y cada noche también.

¿Podemos ser libres? Sí, podemos. Porque la libertad lejos de ser un bien físico, es un bien intangible. Parece poético o de alguna manera sub realista. Pero es así. Presos y víctimas de las mayores torturas, grandes hombres y mujeres de la humanidad no han perdido su libertad. Habrán perdido la vida, la vida física. Pero no la libertad propia del alma.

Pero hay que abordar la parte ultra realista, lo vivido de las cosas. La libertad es un derecho humano, que debe ser respetado como tal en hombres y mujeres, de igual manera. ¿Pero qué mismo es esto tan preciado y codiciado, esto a lo que llamamos libertad y que a veces en realidad nos hace prisioneros? Libertad es hacer simple y llanamente lo que se debe hacer. Nos guste o no, inclusive aunque la elección responsable, más que libres, nos deje encadenados. Esa es la libertad. Una paradoja de la vida.

¿Quiénes Somos?

Desde mi trinchera es un diario digital de opinion. Todos los comentarios y/o opiniones vertidas en este sitio son de completa responsabilidad de sus autores.

Suscríbase

Ingrese su correo electrónico y reciba directo en su buzón electrónico nuestra edición diaria

 

Artículos en Portada
Últimos comentarios
Biblioteca de Archivos