Cuando niños nuestro cerebro –cuya característica fundamental será la plasticidad que mantendrá durante toda la vida- se encuentra expuesto a todos los estímulos posibles dentro del aprendizaje formal y/o informal. Virtualmente lo absorbemos todo y de una u otra forma desarrollamos temores, fobias, complejos, taras como también valores, virtudes, normas, buenas costumbres, etc. Lo cierto es que ningún niño nace “soberbio intelectualmente”, ni egocéntrico y peor racista –si hemos de hablar de filtros mentales-, y más bien, en la medida en que los vamos “educando” –sin querer queriendo- logramos en ellos y ellas aprendizajes que coadyuvan con las características genéticas propias de cada uno para formar un prototipo tal cual hoy vemos en el mundo –de los más variados matices-.
En el interesante libro “Inteligencia Social”, Daniel Goleman habla de últimos descubrimientos neurocientíficos que asocian los intercambios sociales con la “expresividad genética” que permiten desarrollar características de la personalidad para bien o para mal. Hoy he de ocuparme de un filtro tan común en nuestra “cultura” como negativo para la toma de decisiones correctas… “¡la polarización de la mente!”. Para hacerlo más entendible permítame algunas frases que escuchamos con frecuencia… “conmigo al pan pan y al vino vino”, “yo siempre digo lo que pienso te guste o no”, “recuerda que debes ponerlo todo en blanco y negro”.
¿Qué es lo que nos revelan tales expresiones?
Muchas personas ven la vida de manera polarizada, o es una cosa o es otra, no hay término medio. Nada más complicado en una época donde la diversidad, la negociación exitosa, la adaptabilidad y la innovación creativa son signos del progreso y del avance en organizaciones e instituciones así como en las propias sociedades modernas. Una directora de una escuela hace varios años se jactaba de que con ella las cosas son así… “o estás conmigo o estás contra mí” y con esa cantaleta eliminó cantidad de personas por “sospecha” de conspiración pasando por alto la propias habilidades profesionales y hasta el tiempo de servicios, “o te sometes o no a mis designios” era el mensaje. Actuaba así, la directora, de manera tal que su escuela cumplía con reglas y normas al pie de la letra pero su conducta le hacía perder a la organización decenas de estudiantes por año lo cual terminó con su salida cuando los propietarios se hartaron de tan polarizadas actitudes para la gestión administrativa en educación.
Las personas con “polarización de la mente” han sido adoctrinadas para justificarse en ciertos “deformados criterios valorativos” como por ejemplo una falsa “justicia y equidad” al momento de evaluar. Otras veces puede ser fruto de una equivocada definición de lo que es moralmente correcto o una distorsión en la aplicación de las reglas para adaptarlas a sus intereses personales de que las cosas ocurran. Siempre terminan desarrollando además una soberbia intelectual y por supuesto una rigidez mental propia del que se sabe dueño de la verdad absoluta. De una u otra forma siempre encuentran una forma de “justificarse” para tomar una decisión en la cual sólo admiten dos posibilidades o un extremo u otro. Se corre el grave riesgo de que este filtro mental obstaculice de tal manera la transparencia para aplicar honestamente la justicia pues dicho valor requiere de una reflexión profunda de cada caso admitiendo que existe una gama de posibilidades para analizar. ¿Se imaginan un periodista con polarización mental evidente?
Viktor Frankl menciona reiteradamente en sus trabajos que existen “neurosis noógenas”, es decir aquellas que son producidas por el aprendizaje y que definitivamente marcan la vida de los seres humanos. Una polarización de la mente fruto de la Cultura que marca, familiar, social, organizacional, ya establecida en el cerebro, no puede ser erradicada, y consecuentemente se debe trabajar para “contrarrestarla”. El primer paso sería que quien la padece reconozca, primero, su existencia, y luego tome la decisión consciente y deliberada de construir otro aprendizaje que supere al anterior al momento de la verdad, es decir cuando se han de tomar decisiones trascendentes. Desarrollar procedimentalmente conocimientos tales como pensar en todos los aspectos, pensar en alternativas, pensar en extremos o hacer uso de la observación, comparación y relación de manera consciente y clara, es el camino que en las instituciones educativas se determina con los jóvenes para que en conjunto se configure “el pensamiento crítico” que busque cambiar viejos y caducos esquemas que para cualquier profesional de este siglo resultan de impostergable accionar para el mejoramiento continuo… De lo contrario, lo que le espera son decisiones confusas y terribles problemas organizacionales doquiera que lleve a cabo su gestión… ¿verdad?

SALUDOS.
CESAR G CABEZAS TAMAYO