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“Invito a los profesionales a expresarse… cuál es su opinión sobre este tema, cómo han aprendido, han tenido guía, les faltó seguimiento, tienen pensamiento estratégico pero son invisibles dentro de la empresa, son subordinados de personas operativas y no estratégicas, opinen por favor, para luego expresar mi opinión en mayor alcance sobre el tema”, comenta inteligentemente el lector Andrés Sotomayor García.

Hoy, intentaré reflexionar sobre uno de las ideas presentes en las referidas palabras…

Mucha gente cree que es lo mismo “talentos o dones humanos” que “fortalezas humanas”. Me permitiré –por estrategia didáctica- definir ambos conceptos desde mi particular punto de vista. Los dones o talentos humanos son aquellas características que te distinguen desde tu concepción y que entiendo son regalos de la naturaleza que es Dios. Algunos de ellos claramente perceptibles para sus congéneres, otros tal vez ocultos para la observación de quienes les rodean. Así pues, puedes tener una “simpatía natural” o una definida capacidad para identificar discrepancias o para encontrar errores… ¿Te servirá eso para una carrera futura?. Miren que muchos adultos castigan a los niños que muestran esos detalles?. “¡Eres muy preguntón!”, “¡sonreir a cualquiera no es bueno!”, etc.

Hasta me atrevería a decir que ciertas “características” referidas a “problemas disfuncionales” como en el autismo, dislexia o hasta situaciones genéticas como el síndrome de Down, en el fondo tienen dones que esperan para ser utilizados. Imagínense que el abogado que llevó a juicio a Bill Gates por una acusación a Microsoft de ser un monopolio es… ¡disléxico!, y… ¡ganó el juicio!

Las fortalezas humanas se desarrollan a partir de “trabajar” los talentos, aplicando el conocimiento y la práctica, o con ambos…

Por lo anterior, planteo que para unos ese “trabajar” los dones puede significar incrementar las fortalezas, como para otros ese simple “trabajar” aunque no tengas los dones podría significar desarrollar una ventaja sobre otros tantos, digamos que… “a la fuerza de lo deliberado, de la constancia”, por supuesto que los avances no son ni de cerca iguales en los dos casos.

Las empresas “gastan”, ojo, no invierten, en ampulosos cursos de capacitación dizque para mejorar procesos organizacionales, en todo caso para incrementar las fortalezas de los seres humanos –colaboradores-, pero en un porcentaje altísimo no consiguen resultados visibles… ¿qué es lo que sucede?. Vuelve a estar presente la incapacidad gerencial para “ver el proceso” con una óptica holística, es decir integral e integradora. Las personas deben ser ubicadas de acuerdo al perfil requerido, por supuesto, pero también acorde con sus particulares talentos, fortalezas y competencias para cumplir adecuadamente con la tarea encomendada. Si establezco que un reclutante tiene como don reconocible la “capacidad para identificar errores” ese perfil puede ser excelente para auditorías –de cualquier clase- o para iniciar procesos de retroalimentación gerencial y hasta para pensar en el departamento de control de calidad. Pero tengo que ayudarle a desarrollar la fortaleza. ¿Por qué no somos capaces de cumplir con aquel aforismo tan mencionado en la Administración de que “el hombre azul para el puesto azul”?.

Por otro lado, si conozco de estos temas… ¿por qué no escojo adecuadamente al personal y luego fracaso cambiando uno tras otro a los individuos con las consecuentes pérdidas económicas para la organización cuya rotación de personal es francamente asustante?

Los dones o talentos, una vez descubiertos, deben ser trabajados, ésa es la única forma de desarrollar las fortalezas. ¿Por qué la capacitación no se arrumba hacia eso?. ¿Por qué se insiste en dar capacitaciones en desarrollo de fortalezas a todo el mundo en conjunto?. ¿Es el reconocimiento de las individualidades humanas un factor para reconocer la experticia de los gerentes para formar buenos equipos organizacionales?. ¿Funcionan las orquestas con individuos tocando el mismo instrumento?. En fin… ¡reflexiones tantas!

Lo cierto es que el manejo de los talentos humanos no se pueden confundir con las fortalezas que han de desarrollar los individuos en las empresas. Si existe confusión en la conceptualización de los términos, llegaremos a un momento en que creamos que basta un librito o un cursito por ahí para mejorar la productividad o para acelerar el rendimiento, nada más equivocado. Los recursos ingentes que se “gastan”, nuevamente, no que se invierten, caerán en saco roto y las quejas gerenciales seguirán a la quiebra institucional… ¿le parece?