“Por algún motivo que puede resultar raro para algunos, hay más mérito en ayudar desde una actividad filantrópica que desde el gobierno”. – CBA -

Históricamente, Guayaquil ha sido una ciudad que se ha caracterizado por estar compuesta de gente generosa. Es por esto que se fundaron hace muchos años La Junta de Beneficencia, Solca, etc., instituciones que todavía funcionan.

Pero las nuevas generaciones, entre otras cosas debido a que la vida se ha complicado y para ganar lo mismo hay que trabajar más, se han ido despreocupando de la ayuda social.

Mucha gente se mete en cargos públicos para poder ayudar y esto es bueno. Pero para que el país funcione mejor es ideal que la ayuda provenga de más filantropía y menos gobierno. Gobierno más pequeño, filantropía más grande.

Esto implica que Tú tienes que buscar la manera de ayudar de una u otra manera. Hay gente que es mejor para ayudar en las causas que originan problemas y se pueden dedicar a ayudar en educación, otros prefieren ayudar en las consecuencias de los problemas y pueden aportar en algo a que las cárceles funcionen mejor, a los que han pasado traumas, etc.

Sea lo que sea que se te haga más fácil, búscalo y ponlo en práctica, urgente. Pero la ayuda que debemos prestar es dual: económica y de voluntariado. No debería haber la una sin la otra. ¿Cuánto? Lo que podamos. Pero cuidado caemos en lo que veo constantemente en misa, que personas con dinero dan monedas en la limosna.

Recordemos las siguientes frases iluminadoras:

Ningún hombre es capaz de atender a sus necesidades sin la ayuda de la sociedad. Estas necesidades, al actuar sobre cada individuo, impelen a la totalidad de ellos hacia la sociedad, de la misma manera que la fuerza de la gravitación impele hacia un centro (Thomas Paine).

Si la ayuda y la salvación han de llegar, sólo puede ser a través de los niños; porque los niños son los creadores de la humanidad (Maria Montessori).

Quien tiene el derecho de criticar debe tener el corazón para ayudar (Abraham Lincoln).

Al final nuestra medida será en proporción a cuanta ayuda dimos a nuestra familia, amigos, enemigos e incluso a la gente más lejana que hayamos podido tocar con nuestra mano servidora.