La historia de Guayaquil no puede ser igual a la de Quito, considerando que le tomó a Guayaquil más de 250 años tener apenas 12000 habitantes, cuando Quito y otras ciudades serranas tenían cinco y más veces de población. Son las personas las que hacen la historia y cuando son pocas, no hay mayormente historia. En la colonia, los hechos más destacados a narrarse para crear la historia de Guayaquil si limitaban a: incendios, ataques y amenazas piratas, epidemias y la terrible adversidad que sus ciudadanos enfrentaban; sobrevivir no era tarea fácil ni cómoda, en un clima terriblemente hostil. Era en Quito donde se encontraba la riqueza indígena, y los enormes beneficios de las minas y telares, usurpadas por los conquistadores a los indígenas para los españoles tener comodidad en su estilo de vida. Recomiendo leer Las venas abiertas de América Latina de Galeano (Tengo el libro en archivo electrónico. A quién le interese, gustoso se lo envío por e-mail). Los conquistadores y sus familias no se concentraron en Guayaquil porque no les ofrecía bienes materiales; para obtenerlos se requería trabajar arduamente y todos conocemos como era la mayoría de los españoles del siglo XVI. La situación en Guayaquil y pueblos de la Costa era muy diferente, sus pobladores tuvieron que comenzar de la nada, no había gente, mal podía existir explotación. Todos tenían limitados recursos. Poco a poco comenzaron a sobresalir los primeros empresarios, como los miembros de la familia Castro. Guayaquil no tenía recursos para tener infraestructura ni servicios públicos. El poder central, metía la mano a lo poco que producían los ciudadanos. Con los impuestos pagados por los guayaquileños y costeños se hicieron obras en ciudades de la sierra, Buenaventura y Cartagena. Desde siempre la ciudad ha sido víctima del centralismo.

Esta explicación se hace para poner énfasis en el hecho que los guayaquileños debían trabajar para subsistir y la única forma de hacerlo era aprendiendo a ser buenos comerciantes; supieron a quién tocar las puertas para lograr financiación. Ellos no podían ingresar a la burocracia, hacerse militares, ingresar al sacerdocio o explotar negocios que habían sido creados por los indígenas. Las fortunas se hicieron gradualmente, no se heredaron. A Guayaquil le tomó cerca de tres siglos prepararse para tener el principal rol en los destinos de Ecuador.

Los detractores de Guayaquil se dedicaron a tratar de desprestigiar a Olmedo vendiendo la idea de que quería anexar Guayaquil a Perú. Olmedo quería un Guayaquil independiente. El propio Bolívar lo admite cuando molesto por la actitud de independencia de Olmedo, le escribe una carta el 2 de Enero de 1822: “ Vd. sabe amigo que una ciudad con un río no puede formar una Nación”. Fue Francisco Roca, quien propuso la tesis de anexarse a Perú y lo propuso en un documento de aproximadamente 50 páginas en las que analiza las alternativas que tenía Guayaquil. Él era uno de los comerciantes más prósperos y tenía negocios con Lima, como la mayoría de los empresarios de nuestra ciudad. Los guayaquileños no veían a los peruanos como enemigos, durante toda la colonia habían sido sus socios mayoritarios. Sí les molestaba el desigual reparto de las ganancias. Los guayaquileños preferían viajar a Lima que a Quito por ser un viaje más corto y menos peligroso.

Se cuestiona la existencia de pensadores guayaquileños. Cuando se tiene el estómago satisfecho es cuando el ser humano puede darse el lujo de pensar. Repito que durante la colonia, los guayaquileños sólo tenían tiempo para trabajar y sobrevivir. Es a partir de 1760 cuando nuestra ciudad comienza a crecer en población y salir del estancamiento económico. El vivir en un puerto los puso en ventaja, por haber estado expuestos a viajeros de países más prósperos que trajeron libros escritos por el pensamiento ilustrado europeo y estadounidense. Para 1820, jóvenes guayaquileños se habían educado en Lima y Europa y estaban listos para liderar los cambios necesitados en Ecuador. A partir de 1820, se invirtieron los papeles. En Quito ocurrió lo contrario, la pobreza hizo que sus habitantes se concentraran en el día a día, en preocuparse de encontrar la forma de sobrevivir.

Concuerdo con José Fernando Gómez cuando se refiere al fanatismo histórico que pretende no cuestionar episodios en nuestra historia, como si estuvieran labrados en piedra. Personalmente he sido crítico de Olmedo, Rocafuerte, García Moreno, Alfaro y otros, en actuaciones que he considerado contradictoras en su forma de pensar, como cuando Rocafuerte obligó a taladrar la buena moneda, para evitar que fugase del país. Pero también he resaltado sus méritos.

Más de un comentarista ha mencionado que Guayaquil sólo ha sido una ciudad mercantilista, pero se olvidan de que gracias a la generación de recursos económicos, en Guayaquil nació el voluntariado y es la ciudad que tiene el mayor número de instituciones que ayudan al necesitado. Aquí nacieron la Junta de Beneficencia, Sociedad de Beneficencia de Señoras, Sociedad Filantrópica de Guayas, ASENIR, Casa del Hombre Doliente, Hogar de Cristo, ASVOLH y más de un centenar de instituciones involucradas en ayudar al pobre en todo sentido: educación, salud, mortuoria, etc. También nacieron las primeras fundaciones.

Uno de los comentaristas escribió que Guayaquil ha tenido dueños y sido manejado por “nobles”. Conviene recordar que en esta ciudad han surgido la mayor cantidad de nuevos ricos, personas de escasos recursos que por su trabajo e iniciativa se hicieron ricos. Ha sido así desde siempre. Quien hizo esta observación convendría que leyera las numerosas historias de éxito publicadas en diario Expreso, siendo la más reciente la de la familia Izquierdo que comenzó con un par de máquinas de coser décadas atrás; Comercial BB ha crecido enormemente y la nueva generación ha incursionado en diseñar y vender moda, a través de Fashion Express. Sus ventas anuales sobrepasan los 15 millones de dólares. Si hay una ciudad ecuatoriana donde el famoso “sueño americano” se ha hecho realidad, para centenares de personas nacidas o llegadas a la ciudad, es precisamente Guayaquil, cuya sociedad ha sido relativamente abierta. Es cuestión de ver la cantidad de personas que empezando sin mayores recursos, con el tiempo ocuparon cargos muy importantes en instituciones de prestigio. Un ejemplo es mi bisabuelo, Eduardo Arosemena Merino, quien estuvo entre los fundadores de la Cámara de Comercio y en la práctica fue el primer presidente. Panameño de nacimiento, llegó a la ciudad en 1862 para participar en un nuevo banco que se quería fundar. Eventualmente se inició como tesorero y gradualmente fue siendo promovido hasta llegar a manejar el Banco de Ecuador, la institución financiera privada más grande del país durante décadas; fue su máxima autoridad desde 1874 hasta 1917. Guayaquil le abrió las puertas como lo hizo y sigue haciendo a miles de ciudadanos nacidos en otras provincias o países. Otro caso tenemos en mi tatarabuelo Ildefonso Coronel Méndez que llegó de Cuenca con sus hermanos y madre viuda, alrededor de 1810. Dejaron esa ciudad porque se encontraba en una severa depresión económica ocasionada por la quiebra de los obrajes y depredación de los bosques de quina. Tenían muy pocos contactos en la ciudad y él comenzó vendiendo libros y para 1860 se ubicaba entre los hombres más ricos de Guayaquil. En Guayaquil los sueños se han hecho realidad para muchos. Entonces ¿cómo se puede escribir peyorativamente de que la ciudad ha estado en manos de pocos “nobles”?

Sobre las cartas de Olmedo que se encuentran en la Universidad de Illinois, cualquier persona las puede comprar. Su valor es aproximadamente 180 dólares. Para publicarlas hay que solicitar autorización. En Estados Unidos las leyes son muy severas contra el mal uso de la propiedad intelectual y derechos de autor.