En estos últimos meses del presente año, he tenido la oportunidad de visitar por dos ocasiones el país de Panamá, principalmente, porque las promociones para dicho lugar son realmente buenas, y luego, como ya había comentado en una entrega anterior, en el año que transcurre, cumplí mis primeros cuarenta años de vida, y estoy próximo a cumplir quince años de feliz matrimonio.

En el primer viaje, los días iniciales los tomé en un resort bastante agradable, y fue en el periplo hasta las instalaciones del mismo, (aproximadamente dos horas desde el aeropuerto internacional de Tocumen), que me llevé la impresión que Panamá, o al menos lo que logré visitar de ella, es muy similar estructuralmente a nuestra ciudad, sus vías, sus complejos habitacionales, sus comercios, en fin, me daban la grata impresión de que estaba en mi tierra, aunque sabía que estaba lejos de Ecuador.

El resort, estaba abarrotado de turistas internos, no tanto de externos como nosotros, y cuando llegaba la noche, las tertulias de los panameños, me hacían recordar los fines de semana en mi antiguo barrio, donde la música a alto volumen, los chistes picantes y la gente que habla gritando son la sal común de las reuniones, sin faltar el buen trago, que me mantuvo alegre durante el tiempo de mi estadía.

Por las mañanas, esperando que abran los bares, (era todo incluido, y debía devengar lo pagado), me ponía a ver noticias, y es ahí cuando me doy cuenta, que la política de allá, como la política de aquí, y presumo que en todos los países latinoamericanos es similar, y me atrevería a decir la misma, contrarios al gobierno, denunciando a funcionarios del régimen, estos defendiéndose satanizando los períodos en que los otros fueron poder, salpicando a uno que otro medio de comunicación de parcializado y a toda costa minimizando la calidad moral del denunciante, más no, defendiendo la legalidad del procedimiento motivo de la denuncia.

Se quedó en mi mente el nombre de una opositora al régimen del Presidente panameño, que denunciaba que uno de los ministerios de su Gobierno, había prácticamente revendido unos terrenos en una área de manglar, cercana al resort donde estaba alojado, esta señora, que después me informé había sido Diputada y Alcaldesa, por el partido político PRD, y que también ya había iniciado su campaña presidencial, en esa ocasión me dio la impresión que era la “Galo Lara” de nuestra Asamblea Nacional, y que por coincidencia, en esta vez que regresé a Panamá, me entero que a Doña Balvina Herrera, la quieren silenciar planteándole un juicio por injurias, por denunciar unos e-mails con supuestos actos ilícitos en los que se involucra al mismo Presidente en una compra con sobreprecio de unos radares a altos funcionarios del Gobierno del ex Primer Ministro Italiano Berlusconi.

Política y corrupción hay en todos lados, denuncias y amenazas también, prepotencia y soberbia de los gobernantes ni que decirlo, mi pregunta será, ¿los panameños serán también pacientes y tolerantes como los ecuatorianos?, espero que no, porque tomar o asumir esas actitudes no le hacen bien a nadie, hay que asumir con madurez lo que se desarrolla a favor o en contra de una colectividad, y si su gente solamente es espectadora, más no decisora de su futuro y de sus funcionarios, Balvinas y Galos, serán tratados de silenciar, con las armas que los represores tienen o se inventan para ejecutar sus acciones y más bajas pretensiones, Panamá, como te pareces a mi País.