Yo no quisiera ser Melvin Hoyos Galarza en estos momentos. Su nombre y él mismo están en boca de todos como cucaracha en pico de gallina. Si Melvin y quienes le rodean en el Museo Municipal de Guayaquil fuesen un poco más inteligentes, con abrir una ala para arte especial en el afamado Salón de Julio, se hubiesen ahorrado toda esta trifulca moralista. El arte no puede reprimirse ni puede definirse como un concepto objetivo. El arte se expresa libremente: su impacto es emocional, y luego esa emoción inicial nos invita a reflexionar en razón. Pero el puntillazo inicial es sentimental, la emoción que el artista pretende arrancar de su público con su obra. De seguro Melvin conoce esto, por algo es director municipal de cultura, ¿verdad?

Pero hoy he decidido en esta columna darle una mano al atribulado amigo Hoyos. Sin ánimo de apagar el sanísimo debate que se ha abierto en GYE sobre la libertad de expresión artística en un concurso se supone libre, quiero compartirles una emoción muy dulce que sentí hace unos días.

Saliendo del siempre molestoso e incómodo IESS en Av. Olmedo y Av. Boyacá, topó mi mirada con un cartel que reproducía los retratos de George Washington (presidente fundador de la Unión Americana) y de José Joaquín de Olmedo (padre de la patria ecuatoriana, aunque a algunos les disguste). El cartel anunciaba: “Los primeros 100 años del Consulado Americano en Guayaquil 1825 – 1925”. Un americanista confeso como el suscrito sin más demora hizo un hueco en su agenda y puse mis pies en dirección al Museo Municipal de GYE. Al ingresar, la sala mostraba en orden cronológico reproducciones fotográficas de mapas, pinturas paisajistas de la época, fotografías de los ex cónsules o ex vicecónsules americanos y lo más fascinante de todos: documentos antiguos, manuscritos y correspondencia de los ex representantes americanos afincados diplomáticamente en Guayaquil. Con su puño y letra calígrafa y en un inglés redactado desapasionadamente, estilo de redacción oficial que aun hoy mantienen los americanos e sus documentos federales.

¿Qué me impresionó? La calidad de Ronald Tapia, guía que muy gentil me atendió en mis curiosidades durante todo el recorrido. ¿Y qué ese no es su trabajo? En un país donde la calidad del servicio al cliente, al administrado, al contribuyente o al votante se mide de pésimo para abajo, la calidad es una excepción.

La relación entre Guayaquil y los Estados Unidos de América data con exactitud desde 1825, cuando el consulado como tal inició operaciones, mientras Guayaquil había sido sometida por el poder de Simón Bolívar. Desde ese año hasta entonces, las relaciones se han visto fortalecidas en lo cultural, comercial y social. Algunos cónsules americanos fueron comerciantes u hombres de negocios que una vez establecidos aquí, vía matrimonio, dejaron su descendencia en estas tierras.

Felicitaciones laureadas a Víctor Hugo Arellano, director del Museo Municipal GYE. El fondo documental propiedad de nuestro museo guarda preciosos registros originales que bien pueden mostrarnos quiénes somos y de dónde venimos. El que quiere encontrar su identidad mestiza, montubia, guayaca, obligado vaya al Museo Municipal GYE.

Y finalmente, es de rigor, felicitar a Melvin Hoyos Galarza como director de Cultura y Promoción Cívica del Municipio de GYE. Este esfuerzo museístico es también su responsabilidad… como su responsabilidad es la de terminar con este desgastante pleito entre erotismo o pornografía. Abra el Salón de Julio, cree categorías, regule los formatos, pero no prohíba la expresión libre de emociones mediante el arte.