Para hablar del matrimonio, como sacramento espiritual que fue santificado y bendecido con la presencia física del Señor Jesucristo y su Santa Madre María en las Bodas de Cana, necesariamente tenemos que referirnos a la importancia y la centralidad de la familia, en el orden de la persona y a la sociedad, que está dependiente y subrayada en la Sagrada Escritura:
“No está bien que el hombre esté solo”(Gn.2,18). A partir de los textos que narran la creación del hombre (cf. Gn.1, 26-28; 2,7-24) se nota cómo-según el designio de Dios-la pareja constituye “la expresión primera de la comunión de personas humanas” (Concilio Vaticano II, Const. Gaudium et spes, 12:AAS58 (1966) 1034).
