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Roberto Briones

Acudí con grandes expectativas al Centro Cristiano de Guayaquil, ante la gentil invitación de mis dilectos amigos y amigas, los más altos funcionarios del Ministerio de Educación, quienes hicieron lo mejor posible para que el acto de presentación de los “estándares nacionales de educación” sea todo un éxito. Allí una cantidad impresionante de personas invitadas, desde estudiantes de colegios hasta docentes fiscales y particulares, directivos y una enorme seguridad presidencial nos recibió, habiendo el acto inusualmente comenzado mucho antes de la hora en que se nos invitó. Todo estaba muy bien organizado.

“Los estándares de calidad educativa son descripciones de los logros esperados correspondientes a los diferentes actores e instituciones del sistema educativo. En tal sentido, son orientaciones de carácter público que señalan las metas educativas para conseguir una educación de calidad. Así, por ejemplo, cuando los estándares se aplican a estudiantes, se refieren a los conocimientos, destrezas y actitudes que estos deberían adquirir como consecuencia del proceso de aprendizaje. Por otro lado, cuando los estándares se aplican a profesionales de la educación, son descripciones de lo que estos deberían hacer para asegurar que los estudiantes alcancen los aprendizajes deseados. Finalmente, cuando los estándares se aplican a los establecimientos educativos, se refieren a los procesos de gestión y prácticas institucionales que contribuyen a que todos los estudiantes logren los resultados de aprendizaje deseados”

Agradezco en alto grado la gran cantidad de comentarios que mi último artículo obtuvo de tan selectos lectores. Yo, al igual que algunos de ustedes, toma las sugerencias y críticas no por la forma en la cual se hacen –de repente, agresivas, poco argumentadas o ligeras-, ni por estar dirigidas a construir o destruir, más bien por el fondo inferencial que se deja ver tras las palabras que se reciben y que en efecto son, siempre aprendizajes, para corregir o para ratificar lo expuesto.

Me expresaron que algún día deberíamos ejercer “nuestro derecho a llegar tarde” y eso realmente me impactó. Cuando alguien hace un comentario en educación y jamás ha pisado un salón de clases tal vez no pueda expresar lo que en realidad sucede al estar frente a los niños y jóvenes que educa, peor aún cuando no se entiende cabalmente la definición de “amor” que manejamos los educadores. El hecho de dejar la puerta de un aula cerrada o abierta de ninguna manera cambia la situación de que se llegó tarde a cumplir una responsabilidad adquirida y para lo cual se podrían escoger dos caminos –por lo menos-, buscar culpables en otros u otras o asumir paladinamente las consecuencias de los actos.

Tres de mis estudiantes del Propedéutico de la Facultad de Medicina llegaron tarde a mi clase de las 07h00 el jueves pasado, cuando la puerta estaba cerrada. Al final del período, se acercaron y expresaron las siguientes frases: “eso no es así profesor”, “es que la metrovía se atrasó”, “vivo lejos de aquí”, “otros profesores no hacen lo que usted”, “debería esperar, llegué sólo tres minutos atrasado”, “otros profesores permiten la entrada después de pasar lista”, entre otras frases….

Confieso que para un educador de futuros médicos como yo, tales palabras fueron casi que incomprensibles. Sin embargo, fueron también la fuente que inspiraron el análisis y la reflexión acerca del pensamiento humano… ¡del pensamiento de nuestros, de nuestros jóvenes ecuatorianos!

Imagínese que está a punto de entrar en el “túnel” que pasa a través de las entrañas del cerro, aquí nomás, después de bordear el Hospital Psiquiátrico viniendo al centro de Guayaquil. De repente, y después de haber tenido visión panorámica de los alrededores, al entrar en el túnel, lo único que puede ver va en perspectiva lineal. Nada de lo que hay fuera del túnel es posible captarlo y por tanto la realidad se circunscribe –por unos minutos- a lo que ocurre en la limitación transitoria de mis posibilidades visuales. Inclusive notarán que tiene las luces encendidas día y noche, pues como no entre la luz del sol han de ponerle luminarias para que se pueda ver con claridad el estrecho recorrido…

Pues algo parecido a lo anterior es lo que literalmente les ocurre a las personas que han desarrollado aprendizajes que los hacen observar al mundo en perspectiva lineal, con “visión de túnel”. Todo lo filtran de esa manera y por tanto les resulta incomprensible lo que ocurra “por fuera del marco”, es más, piensan que pueden prescindir de ello todo el tiempo. Pierden por ejemplo –como fruto de la apropiación de conductas que se emulan de otros durante la infancia y juventud- la posibilidad de “monitorear el entorno” y hasta de retroalimentarse con prontitud, ambos procesos fundamentales, insoslayables para un profesional de este siglo, digamos, para cualquier ser humano que quiera desarrollarse en un mundo cambiante y exigente.

Cuando niños nuestro cerebro –cuya característica fundamental será la plasticidad que mantendrá durante toda la vida- se encuentra expuesto a todos los estímulos posibles dentro del aprendizaje formal y/o informal. Virtualmente lo absorbemos todo y de una u otra forma desarrollamos temores, fobias, complejos, taras como también valores, virtudes, normas, buenas costumbres, etc. Lo cierto es que ningún niño nace “soberbio intelectualmente”, ni egocéntrico y peor racista –si hemos de hablar de filtros mentales-, y más bien, en la medida en que los vamos “educando” –sin querer queriendo- logramos en ellos y ellas aprendizajes que coadyuvan con las características genéticas propias de cada uno para formar un prototipo tal cual hoy vemos en el mundo –de los más variados matices-.

En el interesante libro “Inteligencia Social”, Daniel Goleman habla de últimos descubrimientos neurocientíficos que asocian los intercambios sociales con la “expresividad genética” que permiten desarrollar características de la personalidad para bien o para mal. Hoy he de ocuparme de un filtro tan común en nuestra “cultura” como negativo para la toma de decisiones correctas… “¡la polarización de la mente!”. Para hacerlo más entendible permítame algunas frases que escuchamos con frecuencia… “conmigo al pan pan y al vino vino”, “yo siempre digo lo que pienso te guste o no”, “recuerda que debes ponerlo todo en blanco y negro”.

Si nos ponemos a pensar, todo el mundo utiliza el llamado “currículum vitae” para presentar –con más o menos detalle- lo que hacemos y lo que hemos hecho durante nuestra vida, profesional, a veces elaborado de manera cronológica. En resumidas cuentas, el documento en mención representa un detalle más o menos objetivo de nuestras acciones y actividades, no, de ninguna manera, puede encontrarse en él las referencias específicas a cuán auténtica es nuestra vocación profesional o si le tenemos amor al trabajo que realizamos.

Trabajar, es lo que todos y todas hacemos… ¿verdad?, y mientras más eficientemente nos perciban pareciera que la calidad de nuestra labor se certifica… Se suele decir hoy que “productividad” es el vocablo más valioso en el mundo moderno –eficiencia más efectividad-. La pregunta siguiente sería… ¿acaso para ser productivo no se requiere algo de lo que llamamos “carácter ético”.

Los autores del artículo QUE MENCIONÉ EN LA ANTERIOR ENTREGA dicen dramáticamente… “algo que realmente hace una diferencia, lo que importa más que el tamaño del grupo o el libro de texto, que el método de enseñanza o la tecnología, o incluso que el plan de estudios, es la calidad del profesor”. Y reitera algo con lo cual concuerdo totalmente… “gran parte de la habilidad de enseñar es innata –la capacidad de inspirar a las mentes jóvenes y de controlar aulas indisciplinadas que algunas personas poseen instintivamente (y que algunas personas definitivamente no tienen)”.

Si usted, estimado lector(a), recuerda, las más profundas enseñanzas que recibió durante su educación escolarizada no provinieron en general de los “sabelotodo”, de quienes exhibían títulos o grandes logros, más bien de aquellos que con su firmeza, dureza –a ratos-, maestría, elegancia, afecto, guía, liderazgo, preocupación y esmero, nos orientaron a seguir el aprendizaje de una manera segura y sin complejos. Esos y esas personas de las que hoy parece carecer la educación ecuatoriana, por otro lado llena en escuelas y colegios de gente que consiguió un… “puestito aunque sea de profesor” y que hace tanto daño al presente y futuro del país pues no ha conseguido formar una generación adecuada para enfrentar al nuevo milenio…

Todos los seres humanos, antes de morir, deberíamos luchar por saber… ¿de qué estamos huyendo?, ¿adónde vamos?, y… ¿por qué?

Reconozcamos que en nuestros momentos más reflexivos, cada uno de nosotros desea influir… HACER UNA CONTRIBUCIÓN. Ya sea una causa o una Misión, queremos participar en algo importante. Sin embargo, no siempre es fácil detectar cuál será nuestra colaboración en una base diaria, en especial cuando estamos muy enredados con cosas insignificantes de la vida.

UN MAESTRO, UNA MAESTRA, UN EDUCADOR CON MÍSTICA TIENE CLARO, MUY CLARO EL SENTIDO DE SU APORTACIÓN, DE SU COLABORACIÓN, DE SU ESFUERZOTAL CUAL MI SEÑORITA VIOLETA

Marzo de 1999 fue un mes anecdótico en mi vida. Conocí a quien se convertiría en el más hermoso rayo de luz para mi carrera como educador y para mi vida personal: Margarita Amestoy de Sánchez o… como solían llamarle algunos… “la Doctora”. Después de eso mi destino no dejó de estar ligado a su maravillosa presencia, su sencillez y humildad, colosales valores de su personalidad, así como a su brillante inteligencia y preclaro pensamiento.

Fue para mí la representación más excelsa de la maternidad, pues era capaz de dar a luz sorprendentes investigaciones y no menos estímulos a quienes la acompañábamos en el camino. Me cupo en suerte ser su confidente, su chofer, su alumno, su amigo, un poco su hijo, mientras permanecía en Guayaquil, Ecuador, su segunda Patria los últimos años de su vida terrenal. Aquí dio su última clase, aquí dejó amigos y amigas entrañables, aquí se la recuerda como un ángel de bondad y de sabiduría.

En varios de los últimos cursos que me ha tocado ofrecer como capacitador ha preocupado enormemente a los participantes el tema de los “filtros mentales”. Sean oficiales de la Armada del Ecuador, Gerentes Sociales de importantes Fundaciones o bien Rectores y Directores de instituciones educativas privadas, el manifiesto interés por este tema me motiva a escribir el presente ensayo en el cual intentaré abordar las diferentes formas como pueden aplicarse estos “antivirus” a los aprendizajes que llamamos “filtros mentales o cognitivo-afectivos”, habida cuenta de que estos últimos al ser producidos por los condicionamientos culturales en los seres humanos, resultan muy difíciles aunque no imposibles de manejar efectivamente. Nótese que en artículo anterior reflexionábamos sobre algo que denominamos “antídotos”, para expresar el cómo evitar la implantación de determinados filtros mentales en el pensamiento de los nóveles aprendices. Ahora hablaremos de las posibilidades de contrarrestarlos una vez implantados los filtros.

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