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Ricardo Vasconcellos

La noticia la puso en circulación El Universo, un diario independiente que está cerca de cumplir ochenta y ocho años de servicio al país y al que el presidente de la república califica como un “pasquín” por su postura crítica: en una reunión en Carondelet, Correa y doce asambleistas electos sellaron un pacto para consolidar una mayoría adicta a la llamada “Revolución Ciudadana”.

Tres de los acomodaticios representantes pertenecen al Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) que lidera desde su exilio panameño Abdalá Bucaram Ortíz, uno de los más conspicuos representantes de la “partidocracia” que disfrutó las mieles del poder durante la “larga noche neoliberal”.

Mientras el Ché Guevara junto a Fidel Castro nacionalizaron las principales empresas norteamericanas asentadas en Cuba, como la United Fruit Company o la Texaco , el gobierno de la revolución ciudadana - presidido por Rafael Correa - ha entregado varios campos petroleros a la empresa privada, ha cedido el campo Sacha a PDVSA; así como el importante campo Pungarayacu - por 30 años - a la empresa gringa Ivanhoe, reeditando el entreguismo neoliberal del pasado.

Mientras Fidel Y El Ché defendieron con las armas la soberanía de Cuba ante el ataque e invasión militar de EE.UU. en 1962, Correa fue incapaz de criticar frontalmente al gobierno de Washington, por haber sido cómplice del aleve bombardeo colombiano que violó la integridad territorial del Ecuador.

Conocí a León Febres Cordero en su faceta más pura y quizás la menos explorada: la del hombre que hizo del deporte una pasión. En una charla sostenida hace algunos años me contó:

“Yo fui deportista, jugué fútbol como todos los muchachos guayaquileños, fui jugador de pelota de trapo en las calles, junto a mi hermano Nicolás que fue mejor jugador que yo, y a mi hermano Agustín que fue el mejor de todos al punto de haber sido titular en el Patria con cuya divisa alcanzó el campeonato de Guayaquil, cuando se jugaba el torneo de la Federación Deportiva del Guayas y no había llegado el profesionalismo. Yo era estudiante excelente, muy indisciplinado, pero me gustaba la cultura física. Hacía pelota de trapo en las calles de mi barrio, boxeaba, levantaba pesas, estuve en el equipo de gimnasia olímpica de la universidad en la que estudie en Estados Unidos, pero no tuve la voluntad de ser estrella. Será porque me di cuenta que no tenía los dones especiales que se requieren para llegar a serlo”.

Desde el inicio de su gobierno elegido para propugnar el cambio de la vieja política y la sustitución de los intereses privados por los de la colectividad en la acción estatal, el presidente Rafael Correa mostró la hilacha de la intolerancia, el autoritarismo, la soberbia y el uso de la represión para ahogar toda forma de crítica o de protesta.

Los viejos “dueños del país” fueron suplantados el 15 de enero de 2007 por un propietario único e indiscutible: Rafael Correa Delgado, sostenido en su egolatría de Coloso de Rodas por los cargadores de la silla imperial: el Politburó de Alianza País, integrado por obsecuentes beneficiarios de la explotación de la hacienda pública.

El desenlace de la instauración de una monarquía en un país con tradición republicana era lógico: Correa iba a chocar con el periodismo crítico que se resistía a alinearse en la postura adulatoria y encubridora, tan ansiada por los dictadores...

Muchos años atrás solía guardar las predicciones que hacían al inicio del año los discípulos de Nostradamus y las sacaba varios meses después para buscar los aciertos y los errores de los adivinos.

Cambié esa costumbre por otra más divertida: guardar los discursos presidenciales de Año Nuevo y las promesas de los políticos, dos fuentes inagotables de optimismo falso, de imaginación para el engaño y de estafa a la credulidad colectiva...

En tiempos de la “Revolución Ciudadana” nos vamos acostumbrando a los actos de corrupción que tanto se juró desterrar cuando se prometió cambiar la vieja política a partir del 15 de enero del 2007, fecha del arribo al poder del nuevo “Rey Sol” que se negó a jurar su obediencia a la Constitución vigente.

Poco después de la asunción presidencial el país miraba absorto a un ministro de economía tratando sobre un oscuro tema de la deuda externa con un ex ministro y negociadores “de agache” que ofrecían gruesas sumas por ciertas medidas oficiales. Todo habría quedado entre las impersonales paredes de un hotel si un asesor resentido, que oficiaba de cineasta, no hubiera revelado el transfondo corrupto de la extraña cita...

El presidente del Banco Central del Ecuador, Robert Andrade, ha salido a declarar ayer a los medios de comunicación que en la comunicación enviada por ésta entidad al Archivo Histórico del Guayas y a la Fundación Miguel Aspiazu Carbo el 19 de mayo del año en curso en que se comunicaba “la imposibilidad de continuar brindando el aporte económico a favor de ambas entidades” se ha producido “un mal entendido” (sic).

El servidor de la Revolución Socialista agrega que “en ningún momento se ha pensado siquiera en deshacerse ni dejar de por medio un contrato de comodato que en el año 80 el Banco Central suscribió con el Patronato Archivo Histórico del Guayas”. Esto consta textualmente en una noticia aparecida en el periódico virtual Ecuador Inmediato, muy afín al Socialismo del Siglo XXI y cuyo director participó de la última gira presidencial al Europa, lo cual permite adjudicar veracidad a la noticia...

Un compañero de trabajo, con quien comparto el placer de la lectura, me presta un libro pequeño que contiene una novela corta escrita por un compatriota suyo, el escritor colombiano Jaime Echeverri. Su título es Corte Final.

Hace rato que no leo a un novelista colombiano. Creo que la última vez fue a Fernando Vallejo, a quien conocí en su visita al diario en que trabajo en Nueva York, y su famosa Virgen de los sicarios....

Hoy martes 13 de mayo el programa Contacto Directo que dirige Carlos Vera en la cadena Ecuavisa mostró un video en el que aparece el presidente Rafael Correa agrediendo a un joven inmigrante ecuatoriano en Madrid, quien tuvo la valentía de reclamarle por la negligencia del gobierno en la defensa y protección de quienes vivimos fuera del país.

Visiblemente ofuscado Correa, amparado en la protección de dos docenas de guardaespaldas militares, invitó al jovencito compatriota a cruzar golpes y luego lo insultó gritándole !Idiota, por gente como ustedes es que queda mal el país!

El ultraje nos llega a todos los inmigrantes que alguna vez dimos crédito no a los cantos de sirena sino al silbido de serpiente de quien se proclamaba adalid de un cambio en el carcomido andiamaje político de la república.

En la bravuconería de quien se siente protegido por un chaleco antibalas y una guardia de matones subyace la cobardía de quien, solo, no sería capaz de desafiar a nadie. Esa es una vieja lección de barrio. Y ese tono desafiante y cafichero no es un ex abrupto, es una constante ya conocida por los periodistas, los opositores políticos, los que intentan contradecir al presidente al interior del Palacio de Carondelet en las filas de Alianza País y que lo escuchan todos los días proferir epítetos impublicables a ministros, asesores, secretarias y a cuanto ser humano se le atraviese en su camino de emperador, y los humildes habitantes de Dayuma a quienes ordenó agredir con una “valentía” que no la tuvo con las FARC, sus aliadas en la Coordinadora Continental Bolivariana. Es la misma postura agresiva que han visto los mineros, los dirigentes de la CONAIE y Pachacutec y la señora Margarita Arosemena, directora de la Casa del Hombre Doliente a la que le gritó “vieja pelucona” mientras lo aplaudían los cipayos que lo custodian.

El ex presidente José María Velasco Ibarra al referirse al ex alcalde de Guayaquil Assad Bucaram lo llamó alguna vez “Matón colosal”. Hoy no existe la más leve duda de que el matonismo colosal ha resucitado en la figura de alguien quien se presentó como un demócrata y hoy muestra la mugrienta hilacha de la corrupción, el autoritarismo, la gula de poder y un instinto patológico que lo impulsa a la agresión hacia todo aquel que ose discrepar con las verdades pontificias de su papado y del socialismo del siglo XXI.

Nadie puede atribuírnos a los emigrantes actitudes o conductas que empañen la imagen del país. En cualquier lugar del mundo somos reconocidos como una comunidad honesta y dedicada al trabajo sacrificado que sostenemos la economía de un país que nos obligó a abandonar nuestras raíces y nuestros afectos.

No somos los emigrantes los que hacemos quedar mal al Ecuador. Quienes nos llenan de oprobio en las páginas de los diarios y las pantallas de televisión del extranjero son los políticos que conducen al país al abismo de la confrontación y el odio. Los que amparan la corrupción oficial y se benefician de ella. Los que encubren a los corruptos que negocian a escondidas con tenedores de bonos de la deuda externa, a los cónsules que denuncian a Inmigración a sus propios compatriotas y a sus “profesores” sorprendidos con las manos en la masa. Los que suscriben contratos millonarios con empresas extranjeras sin licitación previa. Averguenzan al país lo que entregan su territorio a una fuerza irregular extranjera conocida por sus crímenes y su vinculación con el tráfico de drogas. Los que ordenan espiar a la Asamblea Constituyente por fuerzas militares y luego recurren a la cobarde excusa de que “no sabían nada”. Los que se aterran ante la advertencia de una investigación de los fondos de campaña y califican de “traidores a la patria” a quienes se atreven a hurgar en ese basural infecto desratizado por una maniobra del obsecuente Tribunal Supremo Electoral.

Si alguna conducta de los emigrantes contribuyó a dañar la imagen del país fue haber votado por Rafael Correa para presidente de la república. Esa cruz si estamos dispuestos a cargar, aunque nos exculpa el haber sido inducidos a error por la ofertas de que habría un “gobierno de los inmigrantes”, una falacia perversa que nos ha conducido al más penoso desencanto. No hay que olvidar que la cónsul en Nueva Jersey, delatora de los inmigrantes indocumentados, fue respaldada por el presidente Correa quien instó a esa funcionaria a que siga denunciando a los “sin papeles” que llegaran a la oficina consular. La Secretaría Nacional del Inmigrante es una dependencia inútil creada para estimular el ocio burocrático de los amigos del presidente.

Nos averguenza sí el haber enviado a la Asamblea Constituyente a un representante por Estados Unidos y Canadá que fue impuesto por Correa luego de seis días de campaña en la Unión Americana, pese a haberle informado sus propios partidarios que tenía una ficha policial en la Policía Técnica Judicial. “A mí no me importa, lo único que quiero es gente que vaya a votar por nuestras propuestas” fue la contestación de Correa a viva voz en un mítin realizado en un edificio esquinero de la Avenida Roosevelt y la calle 103 en Queens.

Nada ha cambiado en el país de la poliquería, la triquiñuela y el negociado. Sólo los rostros de los beneficiarios han variado. El presidente Correa es un Fabián Alarcón más crecidito, un Abdalá Bucaram sin acné y un Lucio Gutiérrez sin charreteras. Nada más.

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