Cuán profunda indignación, no tanto por la calidad moral de aquel juez corrupto, ecuatoriano; que por algún avatar de la vida, lo llevó , en la ruleta de las jurisdicciones , que tenga un puesto en Galapagos, donde su primaria condición inmoral, manchó públicamente a la región ante los anuncios de prensa como “juez de Galapagos”, generando la percepción de un estado de corrupción continua en las islas, cuando la sanción pública y de la Ley debe recriminar y sancionar estrictamente al citado individuo, que escogió este sitio para su famoso “ahora conocido proceder”.
Son complejos los aspectos socio-económicos de Galapagos. Identificarnos como parte de las islas no solo estriba en una circunstancia de nacimiento o por residir más de 25 años, como es el caso de muchos y el mío, y que en nuestro momento histórico que escogimos hacerlo, tampoco significa que nos haga mejores o menos a quienes lo han hecho o pretenden en estos últimos años hacerlo.
