Claro que en este instante recuerdo aquella frase: “En vida hermano…en vida”, pues a veces reconocemos las virtudes de nuestros semejantes cuando estas personas ya están ausentes. En verdad que eso nos sucede muy a menudo. Ora por nuestra cotidianeidad que a ratos nos agobia, ora por creer que somos eternos.
Hace algunos años atrás tuve el privilegio de compartir mi vida intima-religiosa con otro excepcional e incomparable Sacerdote Jesuita, Párroco de Domingo Sabio, llamado Ivanno Zanobello, italiano de nacimiento pero ecuatoriano hasta la medula. Un sacerdote de esos que sin necesidad de practicar aquel sentido fundamentalista-falsamente revolucionario e irreverente, demostró siempre estar junto a su prójimo; y muy especialmente junto a los pobres, y dedicar su vida a mitigar sus problemas.
