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P. Paulino Toral

1.      La noticia es alarmante, para morirse de pena y de dolor: Del 19 al 21 de junio se celebrará la XX edición de la Fiesta del Inti Raymi, la fiesta de adoración del Dios Sol. Se realizará en la provincia del Cañar. Habrá un encuentro de música y danza con la que participarán todas de escuelas y colegios de la provincia (¡Qué pena, qué grave! ¡Todos los niños y jóvenes son inducidos a la idolatría, a postrarse ante el Dios Sol!). Por la tarde, se realizará la ceremonia ritual en homenaje al Dios Sol. Es una acción de gracias al Dios Sol y su bondad con la naturaleza, su influencia básica en la agricultura. El Inti o Dios Sol, ya no es así únicamente un astro que simplemente da luz y calor, sino que se transforma en el Ser preponderante para el desenvolvimiento social y económico de los pueblos indígenas (así dice la noticia del diario El Mercurio de Cuenca).

a.   Con lo sucedido el día Pentecostés, diríase que se inauguró la Era del Espíritu Santo[2]. En toda ‘inauguración’, suelen hacerse cosas llamativas para impactar y dar a conocer que, por ejemplo, el Colegio o el Centro comercial empiezan a funcionar: se contrata una banda de música, se hacen fuegos artificiales, se destapa el champán….Sin embargo, lo importante para el entorno social es lo que viene tras la inauguración: la labor diaria, callada, perseverante, nada estruendosa del Centro en cuestión. Valiéndome de este ejemplo, creo que ésta es la explicación del perfil extraordinario de aquel primer Pentecostés. Jesús había prometido al Espíritu a la Iglesia[3], era necesario que los Apóstoles y la primitiva comunidad supiera que el Señor había cumplido Su promesa: “No se ausenten de Jerusalén, sino esperen lo que ha prometido el Padre, de lo que ya les he hablado”[4]. Sin embargo, hoy, al Espíritu Santo se le asocia con lo extravagante, lo impresionante, lo estrafalario y lo insólito: reuniones escandalosas, gritos, desmayos, manos en alto... 

1.          ¿No hubiera sido mejor que Jesús se quedara con nosotros? - No.

a.  Si Jesús no se marchaba de este mundo, no nos enviaría al Espíritu Santo. Lo dijo Él mismo: Os conviene que yo me vaya, porque si no me voy el Espíritu no vendrá a vosotros. [3]  ¿Tan importante es el Espíritu Santo? – ¡Por supuesto!...: La Redención lograda por Jesucristo quedaría inconclusa sin el envío del Espíritu. En teología se atribuye, al Padre, la creación del mundo; al Hijo la redención de la humanidad;  al Espíritu, la santificación de las almas. ¿De qué serviría la redención de la humanidad sin la redención de cada ser humano?, y esta redención personal o santificación, es obra del Espíritu Santo. La redención se consuma, sólo cuando cada hombre y cada mujer, llega a poseer el Espíritu de Jesús, se transforma en hijo de Dios[4] y vive movidos por es Espíritu: Infundiré mi Espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según preceptos y observéis y practiquéis mis mandatos; arrancaré de vuestra carne…Yo pediré al Padre y os dará el Espíritu, para que esté con vosotros para siempre[5]El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho.[6] Tal es la importancia del Espíritu Santo y tan importante es Su papel, que los Santos Padres decía que Jesús es el Precursor del Espíritu Santo”.

1.            Para la mentalidad de nuestro mundo el amor y la ley no son compatibles. Hoy en día, se piensa que el amor debe ser espontáneo y que no tiene nada que ver con las leyes y los mandamientos; que amor y ley son incompatibles; que allí donde se presenta la ley, se termina el amor; y donde comienza el amor, ha de terminarse toda ley; que allí donde el protagonista es el amor, la ley debe, y no puede entrar, y si ha entrado, debe salir de inmediato; que ‘lo legal’ es lo obligado, y ‘lo amoroso’ es lo espontáneo. Se piensa que uno siempre debe hacer las cosas  por amor, y hacerlas por amor es hacerlas porque ‘te salen’, y si no ‘te salen’, no estás obligado a hacerla (por ejemplo, ir a misa el domingo); que hacer las cosas por obligación es ‘inauténtico’; que nadie te puede mandar a hacer algo porque mientras no ‘te sale’, no estás obligado….  Sin embargo, Jesús en este Evangelio afirma todo lo contrario: existe una estrecha relación entre el amor a él y el cumplimiento de sus mandamientos: Sólo si guardamos sus mandamientos permaneceremos en su amor; seremos sus amigos sólo si hacemos lo que él nos manda.

1.      Hoy celebramos el Día de la Madre. Pero, a pesar de la celebración del Día de la Madre, la maternidad en la actualidad está muy mal comprendida e, incluso, rechazada. Seamos sinceros y dejémonos de mentiras: ¿Va hoy la mujer al matrimonio con la ilusión de ser madre? Cuando una esposa sale encinta de un tercer hijo, ¿no se la tacha de irresponsable y se le agrede de mil modos? ¿No se considera hoy un avance el derecho de la madre al aborto: a matar a su propio hijo? ¿No se piensa que la maternidad le viene pequeña a la mujer de hoy y que para ‘realizarse’ debe buscar otros campos fuera del hogar? ¿No es visto el papel de la madre en el hogar como una esclavitud y una frustración? La mujer de hoy no se pone al servicio de la maternidad, sino, por lo contrario, pone la maternidad a su servicio: al casarse, retrasa al máximo el embarazo porque es un obstáculo para el trabajo o los estudios; cuando, por fin, tiene un hijo, es por el gusto de tenerlo, con una inconfesada actitud egoísta; casi, casi, como una mascota que te da compañía. Luego, quizá, ‘la parejita’. Ya desde allí, más hijos, ni hablar: son una carga, un problema, un obstáculo, una complicación… En el fondo, no es la mujer al servicio de la maternidad, sino la maternidad al servicio de la mujer… ¿Exagero? Haga una encuesta entre las chicas de 17-20 años y pregunte si tiene ilusión de ser madre; o cuántos hijos les gustaría tener; o si están a favor del aborto en ciertos casos…   

1.      La imagen del Buen Pastor nos da pie para ahondar en el ejercicio de la autoridad. Como la mayoría de los presentes forman parte de una familia, veremos el tema  dentro del hogar. El texto de hoy debe contemplarse dentro del contexto de todo el capítulo 10 de San Juan, en donde Jesús habla del Buen Pastor. Sin negar que a veces la relación de autoridad se hace imposible por culpa del que debe obedecer, y más en estos tiempos de tanta rebeldía, autonomía e independencia juvenil, también hay que aceptar que, con frecuencia fracasa por culpa del que detenta la autoridad. A partir de la imagen del Buen Pastor, vamos a intentar establecer algunos criterios sobre el papel de los padres (padre y madre) en el hogar. En cierto sentido, ellos deben guiar su pequeño rebaño hogareño como un pastor a sus ovejas; en definitiva, como el Buen Pastor.

1.      El Papa Benedicto XVI  pidió en el motu proprio  Summorum Pontificum, 07.07.07,[1]  a toda la Jerarquía, por ende, también a nosotros, los párrocos, que diéramos a nuestros feligreses la posibilidad de oír la Misa Tridentina (MT), o, como la gente dice, la Misa en latín[2]. Siguiendo el llamado papal, accediendo la solicitud de muchos fieles y secundando el buen ejemplo que nos han dado otros párrocos de distintos lugares del mundo, por ejemplo, de Santa Teresita del Niño Jesús, de Entre Ríos, la celebraremos por primera vez en nuestro templo de Urdesa, el domingo, 19 de abril, a las 8 de la mañana. La MT fue codificada en 1570 por San Pío V poco después del Concilio de Trento (1545-1563). San Pío V no creó una nueva Misa, sino que unificó toda la liturgia existente: de tal forma que la liturgia permaneciera sin mutación por los siglos.

1.            Para los cristianos, el mensaje más concreto y que más nos afecta e importa de la Resurrección – dejando aparte lo que ella nos testifica sobre nuestro futuro eterno tras la muerte - es que la fe cristiana gira en torno a una Persona viva: Jesucristo. Lo dice la Biblia: Cuando (yo, Juan) lo vi, caí a sus pies como muerto. Él (Jesucristo) puso su mano derecha sobre mí diciendo: «No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos [2], en otro contexto: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está  vivo?[3] Los cristianos aseveramos, pues, que Jesús está vivo.

1.      “¿Qué tiene este muerto que a tantos vivos fastidia? ¡Que está vivo!” Ignoro a quién se le ocurrió este genial razonamiento en torno a Jesucristo. Ciertamente, Él es el personaje histórico que más oposición ha desencadenado y  desencadena en la Historia humana; nadie con tantos e incondicionales amigos, pero nadie también con tantísimos y furibundos enemigos…. Hoy, sin ir más lejos, toda la terrible oposición y combate que soporta el cristianismo por parte de la masonería, la sociedad secreta más influyente de la historia[1], no es otra cosa que odio a Jesucristo, Dios y hombre verdadero. La creencia masónica en el ‘Gran Arquitecto del Universo’ es, en el fondo, la negación de la divinidad de Jesucristo; porque, Dios es el Gran Arquitecto, Jesucristo ya no es Dios, hasta tal punto que si crees en el Gran Arquitecto, no puedes creer que Jesús es Dios; si crees que Jesús es Dios, no puedes creer en el Gran Arquitecto. No se puede ser verdadero masón y verdadero cristiano. La pregunta es: ¿A cuento de qué la persecución masónica al ‘hecho cristiano’?... Y ¿por qué  la oposición actual a toda las Enseñanzas de la Iglesia? Toda la doctrina moral católica cuenta con la frontal oposición y rechazo del mundo de hoy; pero, en el fondo, todo es simple ‘fastidio’ por Jesucristo, y tanto es así que ante tanto rechazo, oposición y odio, la Iglesia puede decir a Jesucristo: “El odio del que te odia, en mí recae”…[2].  El odio a la Iglesia, no es sino odio a Jesucristo.  Pero, ¿por qué Jesús es tan combatido? ¿Se puede combatir tanto a un muerto? ¡En modo alguno!: “¿Qué tiene este Muerto que a tantos vivos fastidia? ¡Que está vivo!” Veámoslo.

1.      Para entender los sentimientos de Jesús en este día recordemos que durante tres años, Él ha llevado a cabo innumerables milagros con los que ha remediado las carencias materiales de las gentes. Su popularidad es inmensa. Los líderes religiosos lo odian, no por Sus extrañas ideas; no. El problema entre ellos y Jesús no es ‘cerebral’, sino ‘visceral’: le tienen rabia porque Él les ha desenmascarado ante el pueblo por sus indecencias y vilezas, y le envidian por Su popularidad: la masa sigue y admira a Jesús. Por otra parte, en tiempos de Jesús, Palestina está sometida al poder de Roma.[1] En el pueblo hay verdadera sed de independencia económico-político-social. La multitud ve en Jesús al líder capaz de liberar a Israel del imperialismo colonizador de Roma. Jesús entra en Jerusalén y el populacho, muy ‘arribista’, lo aclama como al político que viene y que, seguro, ganará las elecciones. A pesar de los vítores, Jesús se siente completamente solo, porque sabe perfectamente bien que toda esa gente que le aclama el Domingo de Ramos, que, además, se había beneficiado de sus milagros, ingratamente, le dará la espalda, se volverá contra Él y pedirá a gritos su muerte el Viernes Santo: Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque Él sabía lo que hay dentro de cada hombre.[2]

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