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P. Paulino Toral

1.            Todos podemos hacer milagros, como coprotagonistas, como el niño de este milagro, actuando ‘en equipo’ con Dios. Es curioso el paralelismo y la correspondencia que existe en la intervención de cada uno de los dos protagonistas de este milagro: Jesús y el niño. Uno y otro aportan con todo lo que tienen: Jesús, su infinito poder divino (da Su Todo); el niño sus cinco panes y sus dos peces (da su todo). Uno y otro concurren para resolver un problema sin solución humana posible,  una situación en la cual “no hay ya nada que hacer” porque los seres humanos han llegado al límite de sus posibilidades: ¿Saciar el hambre de más de 5.000 personas, al caer la tarde, en un lugar desértico y solitario, lejos de los poblados, con 5 panes y 2 peces? Uno y otro no piensan en sí mismos en absoluto, ni se buscan a sí mismos. Así como Jesús huye de todo reconocimiento, popularidad y vanidad (Jesús entonces, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo); el niño, luego de haber obrado ejemplarmente, desaparece, discreto, sin dejar huella; ni siquiera sabemos sus datos personales: aparece y desaparece como una luciérnaga en la noche, sin dejar rastro alguno. Veámoslo.   

1.            Para intentar profundizar en este Evangelio, distingamos tres conceptos: casa, familia y hogar. La casa construyen los arquitectos, con cemento y madera; la familia la hacen los padres, procreando hijos; el hogar es el ambiente logrado por los que conforman una familia. El hogar se logra a través de las actitudes positivas de todos los miembros de una familia. La casa es algo material; la familia es algo biológico; el hogar es espiritual. La casa depende de la técnica. La familia, de la sangre; el hogar, del espíritu. El hogar se construye con virtudes[3], y se destruye con vicios[4]. No basta tener casa y familia: muchos tienen casa y familia, pero no tienen hogar. Todos necesitamos un hogar; un espacio donde se sienta y respire el cariño, la comprensión, la paz, el amor, el respeto… Quien tiene hogar, sale de su casa feliz y feliz vuelve a su casa. Quien tiene hogar, añora su familia y en su familia encuentra el oasis del desierto de su vida… El que carece de hogar, alimenta su soledad de soledad; nutre su tristeza de tristeza. El que tiene hogar, vive y vive con ilusión.

1.      La Iglesia prolonga en la Historia la actitud de Cristo ante la enfermedad. Ofrece: La profunda Doctrina sobre el sufrimiento, contenida en el NT[3]; la gracia de los Sacramentos; sobre todo la Unción de los enfermos y la Confesión y la Eucaristía; las Orientaciones morales sobre el respeto a la dignidad del enfermo (ahora más necesaria que nunca, cuando el médico tiene la tentación de transformarse en veterinario, cerrando los ojos a la distancia que hay entre lo ‘técnica y médicamente factible’ y lo ‘ética y moralmente posible’, y cuando cada vez hay más voces que claman por la humanización de la medicina).

1.      Hay momentos en los que Dios nos parece contradictorio, poco claro o muy exigente. Hay cosas de la religión con las que, humanamente, no estamos de acuerdo o, por lo menos, no las entendemos. Ello puede ocurrir en dos niveles: a nivel teórico y a nivel práctico:

a.  Nivel teórico-doctrinal: Así sucede con los judíos del Evangelio. Se hacen una serie de preguntas en torno a quién es Jesús, y terminan desconfiando: “La multitud que lo oía se preguntaba asombrada: - ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanos no viven con nosotros aquí? Y desconfiaban de él”.

1.      Para entender las enseñanzas de los dos milagros, hemos de recordar que en la Biblia se llaman ‘signos’[3], y se denominan así porque ellos encierran un significado espiritual, un mensaje  para nuestra existencia personal, una enseñanza concreta para iluminar nuestro diario vivir. De los dos milagros de hoy podíamos aprender algunas cosas. Veámoslo.

1.      Hoy celebramos el Día del Padre. El comercio lo fomenta por sus intereses propios, que no son necesariamente malos. Lo malo no está en que los comerciantes nos vendan  regalos para nuestros papás, sino en la posibilidad de que nosotros reduzcamos el Día del padre a la simple compra-entrega del regalo (que, por cierto, lo paga el mismo que lo recibe). Si aprovechamos este día para enaltecer al padre y su papel en nuestras vidas, en la familia y en la sociedad, y tomar conciencia de lo que supone ser padre, no sólo no tendríamos que criticar el creciente fomento de este Día, sino, como cristianos que somos, hijos del Padre de todos los padres, deberíamos ser los más incondicionales partidarios de esta Celebración. Así pues, aprovechemos la Fecha para ahondar en la imprescindible imagen del padre, y para sacar algunas conclusiones para nuestra vida: los padres, para ser lo que deben ser, y los hijos para tratarlos como debe tratarlos.  

1.      Para introducirnos en el tema de la Eucaristía, vamos a proceder como en uno de esos concursos en los que los participantes van haciendo sucesivas pruebas; pasando a la siguiente prueba si han acertado al anterior. En nuestro caso, usted podrá pasar a la siguiente pregunta sólo si responde “sí”; porque si Ud. no acepta los presupuestos que implica la fe católica en la Eucaristía, no podrá aceptar el planeamiento católico y creer en Ella como la Iglesia lo hace. Dios, propone a los hombres Su Amor a través de la Eucaristía; no nos lo impone. Por esto, siéntase libre de responder lo que Ud. crea. En el Apocalipsis se habla de que Jesucristo “dará de comer del maná escondido, una piedrecita blanca, y en ella escrito un nombre nuevo que ninguno conoce sino el que lo recibe”[3]; no a todos, sino sólo al que no la recibe… Para nosotros, la Eucaristía es el sacramento en el cual bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con Su cuerpo, Su sangre, Su alma y Su divinidad. Es decir, la blanca Hostia no es ‘algo’, sino ‘Alguien’; porque, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la Consagración, el pan y el vino conservan sólo la apariencia de pan y vino, y creemos que se transforman en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo…. Los demás sacramentos nos dan la gracia de Dios; en cambio, en la Eucaristía nos entrega de modo total e inaudito el Autor mismo de la Gracia: Jesús.

Muy queridos feligreses:

Como saben, yo llevo ya muchos años en la parroquia de Urdesa (más de 17 años). Por ello mismo, nuestro Arzobispo, Monseñor Antonio Arregui, ha visto conveniente relevarme ya del cargo de párroco, y dedicarme a otras funciones dentro de nuestra Arquidiócesis.

Sin quitarle importancia a la labor pastoral que se puede seguir haciendo, y de hecho se seguirá haciendo en nuestra parroquia, el Señor Arzobispo ha visto que la labor que estamos realizando en equipo con voluntariado de la Casa de la Vida, con la madre embarazada, la juventud y los enfermos de sida, va adquiriendo cada día más importancia y necesita de mucha dedicación..

1.      La noticia es alarmante, para morirse de pena y de dolor: Del 19 al 21 de junio se celebrará la XX edición de la Fiesta del Inti Raymi, la fiesta de adoración del Dios Sol. Se realizará en la provincia del Cañar. Habrá un encuentro de música y danza con la que participarán todas de escuelas y colegios de la provincia (¡Qué pena, qué grave! ¡Todos los niños y jóvenes son inducidos a la idolatría, a postrarse ante el Dios Sol!). Por la tarde, se realizará la ceremonia ritual en homenaje al Dios Sol. Es una acción de gracias al Dios Sol y su bondad con la naturaleza, su influencia básica en la agricultura. El Inti o Dios Sol, ya no es así únicamente un astro que simplemente da luz y calor, sino que se transforma en el Ser preponderante para el desenvolvimiento social y económico de los pueblos indígenas (así dice la noticia del diario El Mercurio de Cuenca).

a.   Con lo sucedido el día Pentecostés, diríase que se inauguró la Era del Espíritu Santo[2]. En toda ‘inauguración’, suelen hacerse cosas llamativas para impactar y dar a conocer que, por ejemplo, el Colegio o el Centro comercial empiezan a funcionar: se contrata una banda de música, se hacen fuegos artificiales, se destapa el champán….Sin embargo, lo importante para el entorno social es lo que viene tras la inauguración: la labor diaria, callada, perseverante, nada estruendosa del Centro en cuestión. Valiéndome de este ejemplo, creo que ésta es la explicación del perfil extraordinario de aquel primer Pentecostés. Jesús había prometido al Espíritu a la Iglesia[3], era necesario que los Apóstoles y la primitiva comunidad supiera que el Señor había cumplido Su promesa: “No se ausenten de Jerusalén, sino esperen lo que ha prometido el Padre, de lo que ya les he hablado”[4]. Sin embargo, hoy, al Espíritu Santo se le asocia con lo extravagante, lo impresionante, lo estrafalario y lo insólito: reuniones escandalosas, gritos, desmayos, manos en alto... 

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