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P. Paulino Toral

Los humanos nos parecemos a veces a nuestras “hermanas las ranas”, como diría S. Francisco. Ciertamente, nos distinguimos de ellas en que mientras las ranas dan saltos por el espacio; nosotros, en cambio, damos saltos por el tiempo: saltamos de un año a otro. Pero, si nos descuidamos, podemos parecernos a las ranas, en la frivolidad, la trivialidad, la superficialidad con que damos nuestros saltos. Que las ranas sean intrascendentes en sus saltos espaciales es normal; pero no es adecuado que nosotros en nuestros saltos cronológicos seamos superficiales como los batracios.

Lo primero que debemos pensar ante el año nuevo: No es lo mismo año nuevo que año bueno o, más aún, mejor. Influidos por la sociedad de consumo, corremos el peligro de identificar lo “nuevo” con lo “bueno” y lo “mejor”. El comercio nos ha convencido que “nuevo” es igual a “mejor”. Los detergentes, por ejemplo, vienen con la palabra “nuevo” para convencernos que éste es mejor que el anterior. Nuevo, sin embargo, no es sinónimo de mejor.

El viejo Akiba era sumamente pobre. Su casa teína una chimenea. Una noche tuvo un sueño: En un país muy lejano existía un castillo y el castillo tenía un puente, bajo el puente había un tesoro escon-dido; un tesoro tan fabuloso que si él lo poseyera resolvería todos los problemas de su vida. Apenas despertó, se puso en camino hacia ese desconocido país. Al cabo de unos días encontró el castillo con el puente de sus sueños. En un descuido del guardia, Akiba es metió bajo el puente y se puso a cavar, buscando su anhelado tesoro.

Estaba enfrascado en tu excavación y, de pronto, oyó un fuerte grito: – ¡Eh, tú, viejo! ¿qué haces allí, qué buscas? Akiba no tuvo más remedio que contarle al guardia su sueño. Cuando el guardia oyó el relato, echó una estridente carcajada, y dijo: ¡Qué ingenuo! ¿Tú crees en los sueños? Yo soy más realista que tú. Yo no creo en los sueños. Esta misma noche he soñado que en un lejano país hay un tal Akiba, que tiene una chimenea en su casa, bajo la cual hay escondido un tesoro. Y, aquí estoy en mi trabajo diario. Yo no vivo de sueños, sino de mi trabajo.

Akiba oyó el relato del guardia lleno de asombro: el desconocido Akiba del sueño era él… Inmedia-tamente, a toda prisa volvió a su casa… Allí, justo bajo el chimenea, encontró un fabuloso entierro de monedas de oro y joyas preciosas.

Homilía del Domingo de Ramos

 

Domingo de Ramos

 

1.      Para entender los sentimientos de Jesús en este día recordemos que durante tres años, Él ha llevado a cabo innumerables milagros con los que ha remediado las carencias materiales de las gentes. Su popularidad es inmensa. Los líderes religiosos lo odian, no por Sus extrañas ideas; no. El problema entre ellos y Jesús no es ‘cerebral’, sino ‘visceral’: le tienen rabia porque Él les ha desenmascarado ante el pueblo por sus indecencias y vilezas, y le envidian por Su popularidad: la masa sigue y admira a Jesús. Por otra parte, en tiempos de Jesús, Palestina está sometida al poder de Roma.[1] En el pueblo hay verdadera sed de independencia económico-político-social. La multitud ve en Jesús al líder capaz de liberar a Israel del imperialismo colonizador de Roma. Jesús entra en Jerusalén y el populacho, muy ‘arribista’, lo aclama como al político que viene y que, seguro, ganará las elecciones. A pesar de los vítores, Jesús se siente completamente solo, porque sabe perfectamente bien que toda esa gente que le aclama el Domingo de Ramos, que, además, se había beneficiado de sus milagros, ingratamente, le dará la espalda, se volverá contra Él y pedirá a gritos su muerte el Viernes Santo: Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque Él sabía lo que hay dentro de cada hombre.[2]

El Presidente Rafael Correa ha anunciado que su Gobierno emprenderá una campaña agresiva de planificación familiar, a través de preservativos, vasectomías, ligaduras, entre otros métodos.  Correa dijo que “asume el riesgo de enfrentarse a críticas y cuestionamientos de algunos sectores de la iglesia católica”. No podemos – dijo -  aceptar que adolescentes se embaracen a los 14 años. El ministro de Salud, D. Chiriboga, calificó de "escalofriante" el incremento del 74% en embarazos en menores de entre 10 y 14 años en la última década; “Habrá acceso gratuito a todos los métodos anticonceptivos en todas las unidades del Ministerio”.

 

No voy a exponer mi simple opinión

(cc) por Snow Doll - Flickr

Ante las Conferencias que dictará el Jurista argentino, Dr. Jorge Scala, especialista en Bioética, en Guayaquil los días 14 y 15 de septiembre, al clero y religiosas (Parroquia Santa Teresita 10h00), a los laicos en general (Centro de Convenciones 19h00), al profesorado básico, medio y superior (Parroquia S.A.M. Claret, iglesia llamada La Redonda, 15h30), el Padre Paulino Toral, Director de la Casa de la Vida, institución que con la Arquidiócesis de Guayaquil está patrocinando estas conferencias, quiere dejar constancia de lo siguiente.

Los organizadores de estas conferencias no tienen absolutamente nada contra las personas homosexuales; a las que expresan su respeto, su afecto y su amplia acogida, como determinan los principios cristianos y humanitarios: Jesucristo combatió el pecado y ofreció la salvación al pecador.

Mi amigo Eduardo me ha mandado un correo electrónico con un dibujo en el que se ve a una niña junto a un anciano que tiene en el brazo tatuado un número. La escena se desarrolla en la banca de un parque.

El texto es el siguiente:

-Señor, tengo que decirle que el tatuaje que tiene en el brazo es bien aburrido, son solamente números…
-Te diré, cuando me lo pusieron yo tendría tu edad y no lo quite para que quede como recuerdo.
-Ah… para recordar tiempos lindos de cuando era niño.
-No… Para recordar un tiempo en que el mundo se volvió loco. Imagínate estar en un país donde tus propios con-ciudadanos siguen la voz de los extremistas políticos a quienes no les gusta tu religión. Imagínate que te quiten todo lo que es tuyo, que manden a tu familia a un campo de concentración donde tengan que trabajar como esclavos y luego, sistemáticamente, los asesinan. En ese lugar te quitaban hasta el nombre y te ponían un número tatuado en tu brazo. Eso se llama el Holocausto, cuando millones de personas murieron porque eran de otra religión.

(CC) por rachel_titiriga - Flickr

Mensaje final

¡Mujer!: respétate, estímate, dignifícate, valórate, no te desprecies, no te cosifiques, no te materialices… y serás respetada, estimada, dignificada, valorada y apreciada. Para valer no tienes que hacerte hombre, en el lenguaje, la musculatura, las artes marciales, la halterofilia; no te pintes como Cobra, no quieras parecer fuerte como Rambo, no te degrades como luchadora… No seas machista sobrevalorando al hombre y depreciándote a ti misma, denigrando en ti misma a la mujer. No cometas el error de ascender por los valores propios del varón (la fuerza, la dureza, la bravura) para encumbrarte como mujer; asciende por la escala hermosa, fuerte y segura de tu feminidad; de aquello que te es propio:

(CC) por rachel_titiriga - Flickr

La mujer y el mundo de hoy

Nuestro mundo ha cosificado, animalizado y materializado la feminidad. De la mujer, como de los animales de raza, sólo importa “la estampa”, y esto con complicidad de la misma mujer y regozo del varón de bajos instintos.

Siempre el rostro y, sobre todo, los ojos, eran el “punto de mira” de la mujer. Los ojos son la ventana del alma. A través de la contemplación de los ojos de la mujer, el hombre llega con más facilidad a su alma. Los ojos evocan el cerebro, la inteligencia y lo más elevado de la mujer. Por lo contrario, la típica ‘mujer de hoy’ se empeña en hacer de su ombligo el nuevo punto de mira.

(CC) por rachel_titiriga - Flickr

La mujer y Dios

La clave está en la acentuación de su relación con Dios y la importancia de la fidelidad a lo que Dios le pide. Esta será la garantía para que ella recorra el camino de su vida de modo digno. Dios dignifica como nadie a la mujer. En la misma medida que la mujer traiciona a Dios y a Sus santos y sabios Preceptos, se traiciona a sí misma, se denigra y envilece. Si la mujer da la espalda a Dios, se da la espalda a sí misma y queda a merced de los instintos del varón. Sus principios cristianos son con su refugio, su pedestal, su trinchera, la garantía de su dignidad.

(CC) por rachel_titiriga - Flickr

¿Víctima o responsable?

Es muy cómodo para la mujer acentuar su papel de víctima. La mujer es a veces víctima de las circunstancias; pero muchas veces es responsable de su propio destino. El hombre propone, pero la mujer dispone. No es correcto pensar que la mujer es incapaz de tomar las riendas de su vida, y que es inepta para decidir sobre sí misma. La auténtica “liberación femenina” y la verdadera “promoción de la mujer” debe comenzar por el reconocimiento por parte de ella que es un ser personal, capaz de decidir el curso de su propio destino. Dejando esto claro, cabe la pregunta sobre dónde, cuándo y cómo debe ella comenzar su propia redención.

Por esto no dudamos en afirmar de modo rotundo: Dios necesita mujeres que quieran rescatar a la mujer de manos de la mujer, como necesita ecuatorianos que rescaten Ecuador de manos de los ecuatorianos. Mujeres que quieran escribir otras historias, teniendo como modelo a la Mujer por excelencia: María, la Madre de madres. Quédense, no con lo que digo, sino con lo que quiero decir…: hay mujeres que están llevando a la mujer por los caminos del más penoso envilecimiento: las mujeres objeto, la que por vivir un placer presente pasajero cierra los ojos a todo su futuro que permanecerá para siempre.

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