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Melvin Hoyos Galarza

Debo empezar aclarando, ¿ que es lo que debemos entender por profesionalismo académico ? y, con este fin recurriré a un ejemplo muy practico antes de realizar el ejercicio mediante el cual elaboremos el concepto:

Si con el paso de los años y cuando nos toca vivir el tiempo en el que debemos decidir cual será nuestra carrera, y entonces, nuestra inclinación por la historia y el deseo de compartir lo que de ella sabemos nos empuja a estudiar Filosofía y Letras con especialización en esa ciencia; al terminar la carrera seremos HISTORIADORES PROFESIONALES, pues esa es la profesión que escogimos, principalmente para convertirnos en multiplicadores de información o dicho de otro modo en maestros o profesores de Historia.

El dia de ayer 24 de Mayo, con el título “DIVISION Y POLEMICA POR LAS FORMAS DE VER LA HISTORIA, diario EL UNIVERSO publicó un interesante reportaje que recogía el pensamiento de algunos historiadores ecuatorianos que, prununciandose acerca de una variedad de temas, dejaban notar la falta de concenso en estos asuntos.

Interesante hubiese sido si los planteamientos vertidos estuvieran sustentados en bases solidas ( no manipuladas ni sacadas de contexto ) o que la documentación esgrimida no hubiese sido inventada o interpretada de forma antojadiza, pero desgraciadamente en un caso no fue así.

De toda esta marea de comentarios, unos hechos con el hígado, otros hechos con el cerebro; y otros (los menos), hechos con los pies, debemos sacar una lección que nos ayude a progresar como sociedad; que nos empuje a investigar más sobre nuestra historia de tal modo que, con sabiduría, ecuanimidad y generosidad de espíritu podamos reconocer cuando nos equivocamos en aras de que triunfe siempre la verdad y recuperar así el valor de nuestra herencia histórica.

Veo con preocupación y tristeza que muy pocos se toman la molestia de averiguar en que bases documentales nos respaldamos para aseverar todo lo que aseveramos en esta obra y reflexiono sobre el valor de este foro que, de ser útil, debería llevarnos a conclusiones que permitan consolidar el valor de las historias seccionales sin que esto escamotee el protagonismo que, en cada uno de los eventos importantes de nuestro pasado, tuvieran cada una de ellas.

En días pasados el Sr. Juan Paz y Miño, historiador quiteño, Secretario del Comité Pro-festejos del Bicentenario del 10 de agosto, procedió a criticar de manera dura y apresurada la obra titulada “LA HISTORIA DE GUAYAQUIL”, escrita por nosotros hace más de cuatro años, publicada, en aquel entonces, como “El libro de Guayaquil” y reeditada, de manera comprimida, con el título “La Historia de Guayaquil”, para ser entregada de manera gratuita por el Municipio de la ciudad.

La obra en mención, que ha puesto finalmente en valor la historia de Guayaquil y de su región de enclave, fue escrita basándose en una profusa documentación bibliográfica que parece no conocer el Sr. Paz y Miño, quien apresuradamente, ha manifestado su desacuerdo con lo que se dice en la obra, particularmente en lo que se refiere a la riqueza que nuestra región poseía hace 10000 años y gracias a la cual los grupos nómadas que llegaron a ella procedieron a sedentizarse.

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