Un mejor lugar donde leer y escribir las opiniones que cuentan.

Suscríbase

 

Viendo artículos en

Maria Cristina Bitti

4527 Artículos

Es verdad, puede che alguien haya pagado dinero para liberar a Ingrid y que la operación de rescate haya sido una farsa. Si nos gusta y nos hace bien, hasta podemos llegar a pensar que tampoco existió la historia de esa mujer, y que ella pasó seis años y más escondida en alguna mansión regal para crearse una imágen de víctima que muy bien le saldría para su próxima candidatura a la presidencia. Si pudieron engañar al mundo con el hombre paseandose en la Luna, tiene que haber sido un juego tomarnos el pelo a todos con algunas fotos (muy pocas, en realidad…) de la mujer disfrazada de prisionera. Muy buena actriz, eso s¡.

Lo que quiero decir, es que lamentablemente estamos muy acostumbrados a mezclarlo todo. No sé si el rescate fue pagado ni quien lo pagó. Sencillamente, ahora no me ahora. Seguramente no lo pagó la misma Ingrid ni tampoco fue ella quien pagó el sueldo a aquellos brutos para que la detuvieran casi siete años. Los juegos políticos no son alguna novedad y la basura que hay por todo lado tampoco. Pero… aún así... No serían ni Uribe ni los Estados Unidos o quien sea a perder su cara por el rescate, sino los guerrilleros que, aceptando la liberación de su “rehén de oro” en cambio de dinero, han declarado el fracaso de su ideología y de toda su historia...

Quisiera interrumpir por algunos minutos el flujo de amargura de estas páginas, y no por no sentir yo las preocupaciones que viven Ustedes en su piel cada día. Me parece muy importante, hoy, quedarse aprovechando de un momento de verdadera y profunda felicidad por la liberación de aquella preciosa mujer que es Ingrid Betancourt.

Su historia ha sido nuestra historia. Estuvimos con ella en los pensamientos, sufriendo por sus fotos y sus cartas, por lo demás imaginando. Seis años y cinco meses sin nada...

Italia es el único país en el mundo en que la gente se muere por el fútbol, y no de forma metafórica por ser el fútbol la razón para vivir de los ¾ de la población masculina mundial. Se muere porque se muere de verdad, con disparos, sangre y todo lo demás.

El año pasado fue asesinado en Sicilia un inspector de policía, mientras el equipo de Catania jugaba su partido de campeonato, por unos locos que se llaman a si mismos ultras y salen al estadio como a la guerra, listos para transformar en horrores callejeros la que debería ser una fiesta del deporte. El otro día, en una gasolinera, el tiro de un policía mató a un hincha del equipo Lazio y esa fue la razón desencadenante de una noche de terror en las principales ciudades, con la gente encerrada en sus casas mientras los ultras intentaban vengar a su compañero.

Los problemas son muchos, pero hay uno más grande que los otros: hay una confusión total, no se entiende quién está con quién. Por ejemplo, los jugadores expresan enseguida su desaprobación y repiten que el deporte es otra cosa y que a los violentos hay que apartarlos. El Gobierno se reúne de urgencia y propone que los partidos se juegen sin público o incluso se suspenda el campeonato. Luego pasan dos, tres días y las voces se callan porque intervienen las sociedades que tienen el mayor poder económico... y terminamos con nuestra Nacional jugando con la faja negra en señal de duelo por la muerte de un hincha, sin que nadie aparentemente tenga en cuenta el hecho de que el chico se estaba dirigiendo al estadio con los bolsillos llenos de piedras y era un ultra reconocido. Cada día deberíamos ponernos fajas negras por muertes mucho más absurdas y devastadoras.

Por supuesto, no quiero establecer una clasificación de las muertes. Cada vida quebrada es una pérdida irreparable, pero lo que me importa subrayar es que las políticas de las sociedades futbolísticas han permitido que el fenómeno de los ultras creciera cada día más, con notas de desaprobación después de los hechos y luego el mantenimiento de contactos muy fuertes con los jefes reconocidos de aquellas pandillas de delincuentes, a quienes en algunos casos hasta le brindan apoyo económico para que organizen verdaderas exibiciones en el estadio mientras se juega el partido.

Es muy dificil encontrar soluciones definitivas en un país donde todos tienen los mismos derechos, menos los delincuentes que siempre tienen algunos más. Las leyes declaran unas cuantas cosas que se niegan en los párrafos siguientes, así que cada uno puede dar su interpretación al código penal apoyándose en un historial de sentencias que sería para matarse de risa si no fuera para llorar.

Y así hemos llegado hace unos días a la maravillosa sentencia de un juez quien decidió declarar inocentes a los responsables de un delito porque igual, por aquel delito, se quedarían en la cárcel unos pocos días. Entonces... ¿para qué?

El otro día me cruzé con un compañero de la universidad que no veía desde hace años. Nos abrazamos y empezamos a contarnos nuestros últimos años: hijos, trabajo, viajes y todo lo proprio de semejante situación. Me dijo que se separó de su mujer hace tres años y que sí, que en su matrimonio había tenido muchos problemas, pero que lo que al final le dió el empujón para irse de su casa fue el descubrimiento de Internet. Así de sencillo. Me comentó que una noche se había conectado a un sitio de encuentros y que al cerrar la conexión su vida había cambiado para siempre: en aquellas pocas horas se enteró de que no solamente era posible elegir a una mujer según sus propios deseos (rubia, pequeña, alegre, intelectual o lo que sea), sino que también se podía llegar a conocerla de verdad y llevarsela a la cama, para luego despedirse el día siguiente, porque al final así son las reglas del juego. Entonces había encontrado el valor para dejar a su mujer y había vuelto a vivir en casa de su mamá, dejando casi todo atrás (menos el ordenador, por supuesto).

Por suerte, antes de que me saliera con algún comentario sobre el hecho de que los hombres no dejarán jamás de sorprenderme, se me ocurrió pensar que en este cuento había por lo menos empate entre hombres y mujeres, si consideramos que a cada hombre le contesta mínimo una mujer. Y él me juró que no, no una, sino muchas más son las que provocan y aceptan estas invitaciones, e incluso son las más decididas en pedir que el encuentro no tenga consecuencias de compromiso. Se pueden manejar cuatro o cinco conversaciones al mismo tiempo (según el tamaño de la pantalla) y dar citas para tener bien arreglada  toda la semana. Y si luego la semana siguiente estás cansado, pues no te conectas, o mejor aún, si alguna mujer se hace pesada porque se ha dado cuenta del espectacular hombre que éres, entonces cambias tu nombre de usuario y vuelves a empezar otra vida. Si eres mujer, por supuesto, lo mismo. ¡Vaya progreso en la paridad entre los sexos!

Por la cara de ese señor, me dí cuenta de que había realizado el sueño más segreto de la mayoría de los hombres. A diferencia del álbum de las figuritas, el álbum de los amores es un catálogo de personas reales que corresponden a lo mejor de  nuestro imaginario. De repente hay la impresión de tener un poder muy fuerte sobre la vida misma y lo que se hará con ella, sobre todo en quienes suelen pasar desapercibidos en la vida real. La cual, tarde o temprano,vuelve a tocar el timbre y a pasar cuentas.

La conversación me dejó con pensamientos y dudas. La soledad es un estado miserable y puede llevar a acciones extremas, que no pueden ser juzgadas para quienes no la conocen o la han elegido voluntariamente como su condición de vida. Así que también habrán personas que buscan algo más que una noche de gloria y esperan encontrar a alguien para compartir emociones y vivencias en los años futúros. Pero el ser humano tiene una parte de cabeza, otra de corazón, otra de sentidos, otra de cuerpo. Una persona puede ser sumamente interesante por lo que sabe decir y escribir, por como lo hace, y parecernos muy especial, justo lo que estabamos buscando. Luego la encontramos para tomar un café y no pasa nada a nivel de piel: no sabemos lo qué es, pero hay algo que nos impide acercarnos. Puede ser una corbata demasiado llamativa, las uñas sucias o demasiado maquillaje. Puede ser la nada:  “No me mueve un pelo”, dicen mis amigos argentinos. Lo mismo no pasa si alguien nos llama la atención casualmente,  en un viaje o en una comida, porque de repente una mirada o una sonrisa activan todos nuestros sentidos. A esa cita al café con nuestro amor virtual llegamos muy cargados e ilusionados, pues ya uno parece saberlo todo, que nada podrá sorprendernos (a veces incluso ya vimos la foto de la persona), y convencidos de que sí hay algo muy fuerte que nos une, o sea el alma, la cultura, la cabeza. Y es como si el cuerpo tuviera que adaptarse a todos estos principios muy nobles.

Pues no. Y si no pasa es muy frustrante y nos sentimos culpables. ¿Qué le puedo decir ahora a este desconocido si le escribí páginas y páginas hablándole de lo maravilloso que me hace sentir y asegurandole que no hay nada que cuente para mi como la cercanía de nuestras almas? ¿Cómo podría preguntarle por qué no se ha duchado antes de verme o confesarle que todos mis sentimientos se han estrellado contra el hecho muy superficial de que faltan dos botones en su camisa o reclamarle por haberme enviado una foto de veinte años atrás? Pero hay que aceptarlo: los sentimientos no siempre son reales, es que nos gustaba sentirlos así. Y nuestra piel al final gana sobre la idea que tenemos de nosotros mismos.

Sin embargo  esta  manera virtual de relacionarse podría servir para algo muy importante: hace poco leí de un hombre y una mujer que se encontraron en la red y día a día llegaron a compartir problemas e intimidades de sus matrimonios. Su relación se transformó en algo irrinunciable por la maravillosa capacidad de comprenderse que surgió tan espontánea entre los dos y una intimidad nunca encontrada antes (menos que menos con sus respectivos conyuges).  Después de unos meses decidieron verse y se enteraron de que ya se conocían muy bien, pues eran marido y mujer. La historia terminó en el juzgado, pero hubiera podido tener otro final: por ejemplo, que los dos aprovecharan de lo que habían aprendido juntos para corrigir su rumbo y darles una oportunidad a aquellas personas en que se habían convertido al andar por el mismo camino a cieguas, no siguiendo otra cosa que sus almas.

Les escribo desde Europa. Mejor, desde Italia: lo cual no es lo mismo.

El  Viejo Continente está vacilando bajo muchos golpes: crisis económica, perdida de identidad, cambio de valores, amenazas terroristicas, calientamento global y otros varios. Su historia, su cultura, su experiencia deberian ser los motores para que reaccione y descubra su nuevo rumbo.

Si Atenas llora, Esparta no ríe: eso decíán los antiguos. Si Atenas es Europa y Esparta es Italia, entonces Esparta no debería limitarse a no reir, sino llorar hasta su última lagrima pegando gritos que suban al cielo. Aquí ya no hay democracia. Nos encontramos bajo una verdadera dictadura que nos quita aire, libertad, esperanza y sueños: la dictadura de la anarquía.

Los Griegos, sabios filósofos y padres de la democracia, elaboraron un concepto desarmante por su sencillez: en un contexto de vida democrática, la libertad de uno termina donde empieza la del otro. Eso presupone que hayan reglas que no puedo adaptar a mi manera, sino objetivamente formuladas y respetadas, cuya violación contemple sanciones igualmente bien definidas e iguales para todos. Es un mecanismo tan perfecto (y quizás por eso algo utópico) que hay que cuidarlo con mucha atención, no bajando nunca la guardia, estando siempre al tanto de cada pequeña variación: porque la perfección tampoco está en el inmovilismo, sino en la innovación que mejora el día a día siguiendo un fil rouge a lo largo del tiempo, o sea el patrimonio de costumbres, tradiciones, usos que hacen de un grupo de personas una comunidad.

En Italia, el cambio de la democracia a la anarquía tuvo una aceleración muy fuerte en el período del gobierno de Silvio Berlusconi: sin considerar aquí las consecuencias políticas, es suficiente subrayar como la arrogancia, el descaro, la frivolidad y la falta de ética manifestados a diario por Berlusconi y su entorno se hayan convertido muy pronto en patrimonio popular, en ejemplo. Ha empezado la época de los listos, de los que gritan más fuerte posiblemente con el lenguaje más ordinario, que tienen dinero para comprar todo y a todos. En muy pocos años el patrimonio cultural de nuestro pais ha ido reduciéndose frente a la prioridad de “las tres i”:  internet, inglese, impresa. La misma Ministra de Educación y Cultura de Berlusconi justificó la riducción de horas y programas de historia en los colegios con el hecho de que la historia puede ser un obstaculo para el desarrollo de un pais, pues  impide mirar hacia adelante y proyectarse en el futuro. Así los programas escolares se han empobrecidos, los chicos salen del colegio sin tener idea de las normas elementares de la gramática italiana y al final poco les importa, porque un patrimonio que uno sólo lleva por dentro, sin uso comercial, no tiene valor. Así que nos encontramos en una especie de circo donde vale todo y nada, donde yá no existen derecha e izquierda, donde el despertar de cada mañana es una nueva resaca

Pero la vida continúa, los hijos crecen y sigue existiendo gente decente que se pregunta qué es lo que estos niños llevarán en sus manos a las generaciones futuras. Las herencias más preciosas no serán de dinero: para algunos padres el logro más grandes será el de ver a sus hijos apartándose de los demás, despreocupándose por la ropa de marca y buscando su propio camino en el silencio, donde hablan pensamientos y corazón y es más sencillo escucharlos. Darles respuestas a estos chicos no es nada fácil, pero provocar sus preguntas es un deber que tenemos quienes seguimos pensando que nada vale más que manejar su propia vida, la única condición de libertad verdadera que lo permite todo. Así que hay que devolver a nuestros hijos el patrimonio  que les pertenece, conducirlos por caminos poco frecuentados pero adecuados para despertar sus pasiones y sus inquietudes, para que tengan claro lo que vale cada pequeño aporte para la historia de la humanidad. Esto cansa más que cualquier trabajo, pero reconstruir para ellos es un reto que nos devuelve juventud y energía, y casi nos hace vivir con alegría el hecho de ser Europeos transgresores y tener por eso que  inventar una nueva, verdadera y honrada democracia.