
Con la aceptación de Palestina como Estado 195 en la membrecía de la UNESCO, al parecer, las relaciones por la paz con Israel entran en complicaciones. Al menos este es el decir del Club Internacional de Borregos liderados por los Estados Unidos. Pero este decir nada tiene que ver con la realidad que el mundo entero ha comprendido, por fin, sobre la existencia del pueblo palestino. O sea, sobre la existencia de un genocidio permanente en su contra y por la pretensión de ser libres en su propia tierra. Tierra que, por desgracia y en contradicción del Derecho Internacional, viene siendo confiscada, y a vista y paciencia de los Estados que se rasgan las vestiduras por la democracia, desde 1948 y violentadas sus propiedades, cultivos, viviendas y propietarios. ¿Por qué Israel, convertido en la clave de este secular atropello, no pone fin a semejante depredación?
¿Es que el holocausto fascista de exterminio contra los judíos gustan ahora, quienes lo sufrieron, aplicarlo al pueblo palestino, que nada tuvo que ver entonces con tanta villanía genocida?. Lo más torpe y cínico, sin embargo, es la posición norteamericana. Mientras habla por un lado de un camino de paz, de un acercamiento solidario por otro, veta en las Naciones Unidas todo lo que implique un paso a favor del bienestar del pueblo palestino… Y no es algo sobre un problema actual. Es desde antes de crearse el mismo Estado de Israel, en connubio con Inglaterra, Francia, Rusia… El decir, ahora, con tanta prepotencia, No! a la aceptación de Palestina como Estado miembro en Naciones Unidas, y hacer diplomacia de chantaje para restarle votos a su ingreso, es sólo parte de su autoritarismo imperial.

