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Marco Arteaga

General Eloy Alfaro

... lo ultrajan, lo escupen, lo desnudan, le atan una cuerda a los pies, y lo sacan a la calle… El corazón de América se rompió en pedazos…¿No hay gobierno en Quito? Sí, pero es el gobierno quien ha ordenado ese asesinato…Lo que no hay en Quito, a esa hora es hombres… No hay sino fieras

José María Vargas Vila

Con el asesinato de Eloy Alfaro quienes lo perpetraron sólo consiguieron su ausencia física. Adelantarla, políticamente de la forma más estúpida y moralmente, automarcarse con un gesto por demás inhumano y aberrante. Es que la posición ideológica y política de de los líderes del liberalismo no respondían, exclusivamente, a un querer y voluntad personales. El asunto no era proponer un sueño de la noche a la mañana y hacerlo realidad como satisfacción morbosa. Las condiciones socio políticas de los mercados mundiales reclamaban, día por día, la aceptación de las libertades en las transacciones económicas. Tanto productivas como comerciales y transporteriles. Era prácticamente imposible ser parte del mundo contemporáneo, a fines del siglo XIX, y excluirse de los valores libertarios, promotores reales del desarrollo nacional. Más aún. Ya para el 5 de junio de 1895, fecha en que el liberalismo hace residencia para no irse, Ecuador está marcado por el atraso en la actualidad de ese entonces… Algo diferente ocurrido con los adelantados Argentina y México que, fueron ejemplo con Sarmiento y Juárez, en el contexto de la doctrina liberal marchando a trote seguro en Latinoamérica.

Hace poco tiempo un llamado en la televisión pretendía, con cierto desparpajo, captar asistentes a una conferencia sobre marketing. ¿Con cierto desparpajo? Advertía, al menos, que oír al expositor significaba aprovechar, en cuanto a conocimiento, a “la mente más brillante del mundo”. ¿Lo mejor del pensamiento respecto a los 7.000 millones de habitantes del planeta tierra? Pero también existen los comentarios, y a veces planteados con seriedad crítica, que tal deportista es “el mejor de todos los tiempos”. Además que “ hacía mucho” que no estaba en el mercado una “obra literaria semejante”, hoy, por fin, en nuestras manos. Y, por supuesto, el típico anuncio politiquero eleccionario o justificativo del poder, “jamás antes de nuestro gobierno ningún otro ha realizado lo que está, definitivamente, haciendo grande al país”. Claro que en el escenario de los concursos de belleza la falta de respeto a las participantes perdedoras queda evidente, cuando el show man del evento anuncia que “la triunfadora, después de dura contienda , ha demostrado ser la más bella entre todas”. ¿Y en la ciencia? “Este descubrimiento es el más grande de todas las épocas. En la historia no hay nada registrado así”.

Aparentemente la exigencia por un “hombre nuevo” que esté más allá de las fronteras de las sociedades, que hoy sienten pisoteados sus derechos e insatisfechas sus necesidades básicas, y que defina lo que debe ser con su presencia actual ¿es, en verdad, algo inusitado.? ¿Cómo así? ¿De dónde acá? ¿Es posible lograrlo pese a las cadenas del mundo de los consumos inútiles, de la perversa publicidad politiquera, de la red de inseguridad social impertinente? ¡Quién sabe! Pero el “hombre nuevo” que debe aparecer tiene que ser luz en la oscuridad de donde proviene. En su responsabilidad está la marginación a todo lo que impida una solidaridad abierta, libertaria y en plenitud de justicia. El hombre nuevo, sin embargo, preconcebido en su apología mesiánica para ahora, en realidad es de ayer… De un ayer muy lejano. No sólo en los tiempos. También en los vericuetos de sus razones por mostrarse… Por cierto, todo apunta al hombre nuevo sinónimo del hombre ideal. Esto es, al permanente camino de la utopía!

Sin derechos es imposible el cumplimiento de los deberes mediando la responsabilidad. Es que, además, los derechos responden a algo más allá de la supervivencia biológica de la especie. En tanto la aceptación consensuada de relaciones equitativas entre los integrantes de la sociedad. El respeto a la vida es, por eso, la fuente primaria de todos los derechos. Pero en la práctica del día a día, “respetar la vida” implica asumir, con dicho respeto, compromisos con los procesos de una existencia con calidad. ¿Cómo, sin embargo, podría suceder esto sin la vivencia de la libertad? Y libertad sinónimo de justicia! Es que tal cual expresa tan vehemente Jacques Maritain, “ la sociedad es un todo cuyas partes son, a su vez, todos, y es un organismo hecho de libertades, no de simples células vegetativas”.

El mito, hablando socialmente, es la sombra de todo humano. Voluntariamente o no. ¿Es que ha existido alguna sociedad sin la cultura del mito? Nacer es implicarse, de hecho, en los valores míticos del hábitat socio cultural en que se llega. Congestionamiento de amarres ideológicos que promueve desde el ayer una direccionalidad de conducta, comportamiento y vivencia del presente. Es que el mito antes que incentivo de liberación o cambio es una atadura a un pasado que no admite discusión en su propuesta de ser y permanecer. “En las sociedades ágrafas –insiste Levi-Strauss- las mitologías tienen por finalidad que el futuro permanecerá fiel al presente y al pasado”. Más aun. Todo mito promueve su existir desde la intrincada urdimbre de los rituales que lo visten de misterio, secretismo, incógnita. Por cierto, desde una deslumbrante faramalla que incentiva ilusiones y emotividades, más allá de los sentidos. Pero la diaria realidad de las poblaciones, incluso modernas, confiesa en su ir y venir que uno u otro mito advierten “un detente” con su presencia. El mito es el límite que dice “hasta aquí” a los pronósticos de la modernidad y a la implantación de su tecnología.

Bandera Palestina

Con la aceptación de Palestina como Estado 195 en la membrecía de la UNESCO, al parecer, las relaciones por la paz con Israel entran en complicaciones. Al menos este es el decir del Club Internacional de Borregos liderados por los Estados Unidos. Pero este decir nada tiene que ver con la realidad que el mundo entero ha comprendido, por fin, sobre la existencia del pueblo palestino. O sea, sobre la existencia de un genocidio permanente en su contra y por la pretensión de ser libres en su propia tierra. Tierra que, por desgracia y en contradicción del Derecho Internacional, viene siendo confiscada, y a vista y paciencia de los Estados que se rasgan las vestiduras por la democracia, desde 1948 y violentadas sus propiedades, cultivos, viviendas y propietarios. ¿Por qué Israel, convertido en la clave de este secular atropello, no pone fin a semejante depredación?

¿Es que el holocausto fascista de exterminio contra los judíos gustan ahora, quienes lo sufrieron, aplicarlo al pueblo palestino, que nada tuvo que ver entonces con tanta villanía genocida?. Lo más torpe y cínico, sin embargo, es la posición norteamericana. Mientras habla por un lado de un camino de paz, de un acercamiento solidario por otro, veta en las Naciones Unidas todo lo que implique un paso a favor del bienestar del pueblo palestino… Y no es algo sobre un problema actual. Es desde antes de crearse el mismo Estado de Israel, en connubio con Inglaterra, Francia, Rusia… El decir, ahora, con tanta prepotencia, No! a la aceptación de Palestina como Estado miembro en Naciones Unidas, y hacer diplomacia de chantaje para restarle votos a su ingreso, es sólo parte de su autoritarismo imperial.

Es común creer que la expresión literaria es un resultado, una consecuencia del manejo de la gramática de un idioma. Para muchos, incluso, sin saber las reglas gramaticales, las normativas de cómo vincular los vocablos sean verbos, adjetivos, sustantivos, pronombres y siempre de acuerdo a los paradigmas signológicos de puntuación, es imposible escribir algo legible. Para otros, extremadamente celosos de la formalidad, sin gramática no hay literatura válida. ¿Hasta dónde esto es real, aceptable? ¿Es acaso la lógica de los signos la misma del texto literario construido con dichos signos? Los antiguos decían que “el estilo es el hombre”. O sea, siempre en el contexto idiomático, el manejo que un autor tenga del idioma, en cuanto a la problematización temática y la solución que alcanza por las alternativas que plantea, mediante el uso pertinente de la palabra, expresa y proyecta lo sustantivo de su personalidad y de la creatividad de su proyecto.

El poder siempre quiere más poder. Pero todo poder engendra miedo. La dictadura, desde la perspectiva política estatal, no es más que la concentración de las gestiones gubernamentales para protegerse de dicho miedo, creando proyectivamente en cada acción, cada vez más miedo. Además, no es menos acertado que el poder por el poder, el poder dictatorial envilece. Degrada… Deshonra… Porque corrompe y pervierte.

Pero, todo aprendiz de dictador debe conocer y comprender ciertos conceptos, definiciones y hasta ciertos sucesos para llevar adelante su intencionalidad de mando… Caso contrario puede fracasar y ser declarado, al margen de su patología, inocente! ¡Qué trauma para sí!

¿Qué mismo es ser dictador? No sólo el uso del poder de forma ilegal. También, y sobre todo, el abuso sobredimensionado desde el cargo, aun legalmente logrado. Todo abuso contradice la libertad de quien lo sufre. ¿Cómo así alguien bloqueado por contradicción en su libertad puede declararse beneficiado por un estado de derecho? Toda libertad social aminorada, de cualquier forma, expone a la luz una imposición dictatorial de facto. “El poder brinda una oportunidad a lo imposible –declara el Calígula de Albert Camus-. A partir de hoy y en lo sucesivo –insiste-, mi libertad dejará de tener límites”. O sea, más allá del bien y del mal, en el permanente desvarío de la mente dictatorial, el poder esquiva la realidad y “accede a la inmortalidad, al convertirse en tan cruel como los dioses…”. Es que un dictador no tiene par social a quien rendirle cuentas.

Los mejores pretextos sirven a la realización de las acciones más viles… Gastón Leval

Toda acción contra la libertad, por mínima que sea, coarta la posibilidad de un bienestar creativo en un contexto de justicia real. Tanto para el individuo como para la colectividad. Es que sin libertad hasta las fieras pierden la razón natural de su existencia. Por eso, la domesticidad implica, por definición, límites de control. Encierro sinónimo de proceso hacia la castración. Castración social y sicológica en el humano, al pretender que formule su destino, mediante un domador con látigo influyente. Sabiendo, por demás, que el látigo es, sobre todo, el derecho de las bestias… Cuando alguien pretende el manejo total de la cosa pública, conscientemente o no, desde una posición política de mandatario, convierte la posición gubernamental obtenida en una fuente grave de autoritarismos… Autoritarismos que apoyan su exaltación con la prepotencia, lo despótico, la arbitrariedad. Es ya la marcha de los inocentes rodando al cadalso de la tiranía. Las palabras de la Iocasta de Eurípides vienen, de la tragedia del ayer, a llamarnos la atención con su advertencia: “¿POR QUÉ TRIBUTAR HONOR INMODERADO A LA TIRANÍA, ESPLÉNDIDA INJUSTICIA?”.

Tanto ha sido repetido que, para la mayoría de la población, ir a elecciones o elegir autoridades es sinónimo de democracia. El abuso de la confusión ideológica es tal que nada mejor, para cumplir con la democracia, que de forma permanente imponer, por cada triquitraque, elecciones. Irónicamente resulta, así, que un simple procedimiento “técnico” o “metodológico” es ahora lo verdaderamente sustantivo de un modo socio político de administrar una sociedad. Más aun. Existe todo un andamiaje, toda una maquinaria que se echa a caminar, con costos económicos y sicosociales, por demás caros, para que algún candidato concluya gritando que “¡He sido elegido Constitucional y Democrá ticamente!”. Lo que significa, en la práctica, “Ahora ya puedo hacer lo que me venga en gana… A partir de hoy yo impongo mis criterios, mis deseos…”.

En otras palabras, mediante las urnas/voto físicas o virtuales alguien, cualquiera que sea, logra el “derecho democrático” para manipular a su antojo la cosa pública y con esto la manipulación, también, de una población, amarrada por su gestión electoral, convencida de la razón de ese derecho. ¿Patología política convertida en salud social? ¿O es que aun no sabemos, pese a la experiencia diaria, que cada elección es una vil compra de conciencias, de oferta de engaños, de cohechos y chantajes, de striptease de miserias? Clientelismo vestido con eslóganes de pacotilla, metamorfoseado con concepciones seudorevolucionarias, ofreciendo la salvación como en feria de milagros! ¿Es que una sociedad puede salir adelante, mediante un desarrollo propio, que tenga en cuenta su realidad y el contexto en que se desenvuelve, siguiendo el ritmo de semejante cachinería polítiquera?

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