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José Ycaza Coronel

No hay ser humano que no desee tener principios válidos fundados en una verdad permanente que le sirvan de guía para decidir y actuar haciendo el bien en cualquier aspecto de su vida, función o poder social que tenga. Un gran maestro reconocido por el mundo entero en dar a la humanidad esos principios fue y es todavía Juan Pablo II. Por eso he creído oportuno, citar algunos pensamientos de él, aplicables para superar algunas situaciones problemáticas que vivimos.

Inmutabilidad y universalidad de la ley natural

Precisamente gracias a esta ‘verdad’, la ley natural implica la universalidad. En cuanto inscrita en la naturaleza racional de la persona, se impone a todo ser dotado de razón y que vive en la historia. Para perfeccionarse en su orden específico, la persona debe realizar el bien y evitar el mal, preservar y conservar la transmisión de la vida, mejorar y desarrollar las riquezas del mundo sensible, cultivar la vida social, buscar la verdad, practicar el bien, contemplar la belleza (cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q.94, a.2).

En Julio de 1961, cuando era estudiante de Economía, "El Universo" me hizo una entrevista que creo aún puede ser útil para la formación de un criterio social actual.

En la enciclica “Paz en la Tierra” el Papa Juan XXIII dice lo siguiente:

“No faltan en la realidad hombres magnánimos que, antes situaciones que concuerdan poco o nada con las exigencias de la justicia, se sienten encendidos por un deseo de reforma total y se lanzan a ella con tal ímpetu que casi parece una revolución política”

“Queremos que estos hombres tengan presente que el crecimiento paulatino de todas las cosas es una ley impuesta por la naturaleza y que, por tanto, en el campo de las instituciones humana no puede lograrse mejora alguna si no es partiendo paso a paso desde el interior de las instituciones. Es éste precisamente el aviso que da nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII, con las siguientes palabras: “No en la revolución, sino en una evolución concorde, están la salvación la justicia. La violencia jamás ha hecho otra cosa que destruir, no edificar; encender las pasiones, no calmaras; aculumar odio y escombros, no hacer fraternizar a los contendientes y ha precipitado a los hombres y a los partidos a la dura necesidad de reconstruir lentamente, después de pruebas dolorosas, sobre los destrozos de la discordia”. ”. (párrafo 162)

Hace unos veinte años, cuando vi una comunicación de algún funcionario del gobierno que terminaba con el lema “Dios, Patria y Libertad”, averigüé si había una interpretación, pero no la encontré. Por esa razón, decidí escribir un ensayo sobre su significado, que fue publicado en dos diarios. No sé si en las comunicaciones oficiales siga citándose ese lema. Pero, en todo caso, en estos tiempos que se dice tanto que “La Patria ya es de todos”, creo que es oportuno reflexionar sobre lo que debe significar “Dios, Patria y Libertad” para los ecuatorianos. Ese es el fin por el que pongo a consideración “Desde mi trinchera” el ensayo que hice.

Dios, Patria y Libertad

Naturalmente con los que correspondan a su fe o ideología o filosofía social, como quiera llamarse a la fuente de su pensamiento y acción. Pero, en todo caso, debe ser prioritario aquel principio de Mahatma Gandhi: “En asuntos de conciencia, no es aplicable la ley de la mayoría”.

Sería muy largo citar los principios de las diferentes doctrinas sociales para que sirvan como guía para evaluar si hay o no coherencia en la gestión de un determinado gobierno. Pero, como en el Ecuador vivimos una situación en que comienza a discutirse acerca de si el proyecto de constitución y los mensajes del gobierno son o no de acuerdo a los principios de la Iglesia Católica, vale la pena citar, aunque sea, algunos pocos principios esenciales de su Doctrina Social aplicables a nuestra circunstancia.

Seguramente algunos se extrañarán del título de este breve artículo y se preguntarán: ¿qué tienen que ver quienes sustentan un poder político, generalmente autoritario y prepotente, con el humilde y dulce hermano Francisco? Pues, aunque no parezca a primera vista, ¡bastante! ¿por qué? Ante todo, porque los políticos, si son sinceros y obran con la verdad, deben estar inspirados en los valores humanos, para lograr el bien y la armonía de las personas que integran una sociedad. Y, Francisco de Asís siempre se inspiró en los valores humanos, dados por Dios, para cumplir con su lema: “Paz y Bien”...

Por las circunstancias que está atravesando nuestra Patria, y, por ende, todos los ecuatorianos que la constituimos, sin distinción alguna, es oportuno recordar algunas orientaciones de la profunda y verdadera cultura humana de Juan Pablo II. Por esto, vale la pena hacer dos citas textuales de sus palabras, entre las muchas en que se refirió a la democracia:

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