No hay ser humano que no desee tener principios válidos fundados en una verdad permanente que le sirvan de guía para decidir y actuar haciendo el bien en cualquier aspecto de su vida, función o poder social que tenga. Un gran maestro reconocido por el mundo entero en dar a la humanidad esos principios fue y es todavía Juan Pablo II. Por eso he creído oportuno, citar algunos pensamientos de él, aplicables para superar algunas situaciones problemáticas que vivimos.
Inmutabilidad y universalidad de la ley natural
Precisamente gracias a esta ‘verdad’, la ley natural implica la universalidad. En cuanto inscrita en la naturaleza racional de la persona, se impone a todo ser dotado de razón y que vive en la historia. Para perfeccionarse en su orden específico, la persona debe realizar el bien y evitar el mal, preservar y conservar la transmisión de la vida, mejorar y desarrollar las riquezas del mundo sensible, cultivar la vida social, buscar la verdad, practicar el bien, contemplar la belleza (cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I-II, q.94, a.2).

