El reciente caso de la valija diplomática, que a más de hacer quedar en ridículo a la Cancillería, demuestra que las redes del narcotráfico se están inmiscuyendo en la intimidad de las esferas administrativas del gobierno, lo cual nos debe llevar a un momento de reflexión y profunda investigación. En vez de ocultar las cosas y soslayarlas, las autoridades, los legisladores, los jueces, la policía y la sociedad entera deben meditar si acaso el problema es que realmente no queremos afrontarlo aceptando que bajo los esquemas prohibicionistas, el mundo y los gobiernos están perdiendo la batalla contra esta plaga que es la del crimen organizado alrededor de la adicción que causa la droga. Quizás sea hora de propulsar internacionalmente la tesis de que para proteger a los consumidores de los indeseable efectos de los estupefacientes causamos más daños colaterales a terceros que son los derivados del sicariato, de la corrupción, de los carteles y de la violencia generada alrededor del gran negocio. Cambiar este orden de cosas no depende de nosotros, sino de los países consumidores donde si no se ha despenalizado ni se ha regulado el expendio de las drogas, quizás es porque el narcotráfico ha llegado a los núcleos del poder.






