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Henry Raad

El paso arrollador del actual presidente se fundamenta en un vacío político causado por el agotamiento de la ciudadanía en ese sistema de partidos políticos que se asfixió a sí mismo. Y Correa estuvo en el sitio indicado en el momento indicado. Su buena estrella le ha acompañado y la caja fiscal ha sido abundante como para crear un sensación de ubicuidad y de transformismo que lo vende como revolucionario de izquierda sin realmente serlo. Su popularidad se sustenta en su infinita capacidad de trabajo; en mantener un sistema de subsidios dados por un Estado paternalista, y finalmente por un hábil equipo que ha sostenido la publicidad de su imagen por encima de todos los ecuatorianos usando el dinero de ellos. No ha tenido que usar siquiera los gastos reservados para impulsarse, pues este concepto ya es exiguo y anticuado; tiene todo el presupuesto a su entera disposición. Es así como Rafael Correa llega a la tercera reelección con una sólida comodidad cargado de herramientas como para vencer en la primera vuelta. Entra a la carrera electoral con la cancha inclinada a su favor, los árbitros a su entera conveniencia y con veintiocho jugadores o ministerios dispuestos a obedecerle a ciegas por miedo de que les caigan a palazos. Al otro lado unos siete o nueve jugadores o candidatos aglutinados por las circunstancias, vestidos con distintos uniformes improvisados y sin un capitán que los oriente o guíe. La pregunta consiste en saber si es correcto pensar que uniendo con pegamento siete o nueve posibles candidaturas, se forma una. Realmente lo dudo.

Hace 20 años un grupo de ciudadanos llegamos al Municipio de Guayaquil dispuestos a generar una renovación administrativa integral. Resultó relativamente fácil, aunque arduo, porque partimos de cero y teníamos la capacidad política de LFC para respaldar, empujar, liderar y conseguir los recursos necesarios, pues las asignaciones presupuestaria eran insignificantes. Fueron ocho años intensos de trabajar con mística y devoción. El logro mayor fue levantar el sentimiento de autoestima de una ciudadanía abandonada a su suerte. Se recuperó el orgullo de ser guayaquileño y nuestro cabildo pasó de ser un modelo de administración pública eficaz. La continuidad de esta labor quedó en manos de Jaime Nebot por 12 años más. Sin duda Guayaquil debe mucho a estos dos personajes que han logrado gobernar la ciudad más grande del Ecuador durante dos décadas seguidas, rompiendo ese maleficio de la discontinuidad, pues antes de ello los alcaldes anteriores lograron 15 meses de promedio en el ejercicio del cargo.

Y la ciudad cambió. Hay, y siempre habrá, nuevos retos y mayores complicaciones. No hay meta de llegada. Es una maratón sin final. Debería existir un estricta prohibición de que las urbes sobrepasen los dos millones de habitantes, pero eso es algo que los urbanistas, ni los pueblos en libertad están dispuestos a desear.

All Seeing Eye [Explored]

La era de Correa se caracteriza por eso de reinaugúra todo. Antes de él todo era oscuridad en el desierto. Ahora, con este flamante Mesías, todo empieza de nuevo, y para eso es importante la SENPLADES. Fácil es echar la culpa a la vaca de lo malo del pasado, pero siendo ya cinco años de su propio gobierno es hora de darle nueva envoltura a las eternas promesas de siempre, aquellas que venimos oyendo desde la fundación de la República.

Sé que escribir sobre este tema no es delicioso ni refrescante. No es tomarse una fría Coca Cola. Se trata de líquidos espesos que me recuerdan al aceite de ricino. Perdón a los lectores que no tienen su hígado ya dañado como el mío, pero finalmente escribo para desahogarme de esas angustias que causan en mí aquello de saber que hay gente inteligente que se instala en el estado burocrático para asumir el papel de Iluminates.

Estos ilustres señores constituyen ya la nueva nobleza del siglo 21, y están sacando sus narices y aparecen como divos para exhibir su poder y su gloria, cuando al parecer el Presidente está utilizando estos manantiales del saber para adecuarles a su campaña electoral permanente y vitalicia. Revisemos un poco.

Me resisto a ver una foto donde policías resguardan una universidad ecuatoriana, legalmente constituida acorde a circunstancias que ahora quieren corregirse. Detrás de esos hombres armados, mientras la delincuencia campea, como telón de fondo luce uno de esos vistosos letreros a lo SRI escrito en letras rojas sobre fondo blanco que dice SUSPENDIDA por falta de calidad académica Firma la CEAACES. Asumo que es parte de la nueva campaña electoral del gobierno que se titula “Excelencia Académica”, que ya entró en la jerga sabatina y pronto la escucharemos en las publicidades radiales.

Veamos el esquema legal y burocrático ya trazado. Un poderoso organismo conformado por la nobleza intelectual del siglo 21 tiene la absoluta capacidad legal de juzgar la “calidad académica” ajena. Mucha arrogancia debe sentir aquel que detenta la capacidad de manejar el destinos de asustados alumnos de la vida, en estos tiempos en los que una computadora corrige la ortografía, suma, multiplica y da acceso a toda la información existente en todas las universidades del mundo entero y traducido a cualquier idioma instantáneamente. En fin. Para mí, antiguo de criterio, la educación hay que impartirla sobre la base del esfuerzo, sin policía ni nada. Causa – consecuencia, es la norma didáctica suprema. Estudia, toca guitarra o patea la pelota. El papel del estado es abrir oportunidades, infraestructura y maestros, pero lo que se ha diseñado son controles. No queremos Ph.D administrando nuestras vidas, ni manejando taxis, sino taxistas que cumplan con las reglas de tránsito, y burócratas que tengan nociones claras sobre lo que es el “servicio” público sin arrogarse el papel de dioses.

Lenin Moreno tiene una sonrisa natural y afable que no creo ha sido nunca ni ensayada ni posada. Luce apacible y trasmite equilibro espiritual. Si llega a ir a Estocolmo a retirar su Nobel de la Paz, eso será lo que destaque. Su silla de ruedas no ha podido con él. No le ha llenado de amarguras, ni de odios ni afanes de desquite. Comencé a observarlo con mas detenimiento a partir de su anuncio abierto, claro y transparente respecto a que seis años en el cargo de vicepresidente del Ecuador le son suficientes. Creo que él sí ha robado la simpatía de la gente y que sería un excelente candidato al cargo que quisiera si de ambiciones se tratase. Su renunciamiento no ha hecho otra cosa que agrandarlo. Así de simple debería ser el desenvolvimiento de los políticos, sin apretujar, insultar, ofender y querer prevalecer en cualquier tema, en cualquier momento y en todo lugar. Contrasta todo esto con ese afán de ubicuidad y de prevalencia que evidencia el Presidente Rafael Correa ansioso de tener reconocimiento en todo momento y en todo lugar y movido, quizás, por un caldero de pasiones o envuelto en una fiebre existencial.

En estos tiempos llamados modernos, aunque en su tiempo todos lo fueron, hay una pronunciada tendencia a exhibir un desprecio al sentir religioso de las gentes, y como que para algunos es una condición estipulada para ser reconocido como intelectual de primera línea. Parecería que exhibir el agnosticismo es una llave de entrada al reino de los inteligentes y para destacarse denigran a las religiones y se burlan de los creyentes, especialmente si son católicos, quizá porque contra los musulmanes no se atreven.

El agnosticismo ha existido desde siempre, pero geográfica e históricamente ha prevalecido el sentido de la fe organizada en religiones que de una manera u otra marcaron o delinearon a todas las civilizaciones que han aparecido en el planeta Tierra. No ha existido una civilización atea.

NOTA PREVIA: Debo agradecer a mis vecinos gamberros el descanso que me han dado este fin de semana en Salinas. Y es así que siendo viernes por la noche el clima, la brisa y el silencio me permiten anticipar mi tarea dominical de escribir este post semanal.

La estrategia fundamental de este gobierno ha sido la de adueñarse de la información. No ha perdido un instante, ni ha escatimado ni un centavo, ni ha tenido el mínimo recato en desprestigiar a todo el sistema de comunicación y prensa que venía funcionando, con errores y aciertos, para encaramarse por encima de ellos y adueñarse del monopolio informativo. Lo que el gobierno afirma es la verdad absoluta, y el resto es el excremento del diablo. “ Si algo he aprendido es a responder a la gente y no a los medios de comunicación” afirma Rafael Correa en su entrevista a Ana Pastor, de TVE. A mí no me juzgan, yo soy quien juzgo a la prensa y me paso por encima de ustedes.

Si lo quiteños así lo quisieran, y si su Municipio hiciese eco de ese sentir, bien podría ubicase un monumento a Jamil Mahuad en la plaza de San Francisco. El Patrimonio Cultural es aquello que se construye, diseña y plasma por el sentir de una colectividad local. Jamil llegó a la presidencia de la república avalado por una destacada acción como Alcalde de Quito, y así alardeó en su momento la prensa quiteña. Ganó y ya sabemos luego lo que pasó. Mencionar la erección de un monumento a la memoria de este personaje y en lugar tan destacado, si fue una acción torpe por parte de quienes se han arrogado la calidad de jueces de lo que sí y lo que no merece o no formar parte del Patrimonio NACIONAL Cultural. Se quiso de esta manera ridiculizar la acción del cabildo porteño utilizando la cuenta Twitter del INPC haciendo esta comparación entre Jamil y León, y luego en una comunicación de prensa, afirman que solo se trataba de comparar sitios patrimoniales, mas no personajes.

“Lo que la natura no da, Salamanca no presta”. Hay cosas que nadie las puede remediar. El gamberrismo es una de ellas. El gamberrismo, además es una suerte de no universidad de la vida donde es fácil graduarse porque requiere simplemente hacer lo que le viene en gana. Es un patrón cultural, es como un tatuaje irreversible que llega a caracterizar a una persona que por lo general se suele asociar con otros llenos de sus mismas falencias educativas.

Hay gamberros ricos y hay gamberros pobres. Los pobres en cierta forma se explican a sí mismo por esa reacción propiciada ante la desigualdad social. Pero Dios nos libre de los gamberros ricos porque realmente ellos si tuvieron las oportunidades de aprender las reglas de la convivencia social organizada, y las rechazaron por simple ociosidad. Estos gamberros ricos suelen ser, además, “chéveres” lo cual implica una petulancia y un auto engreimiento que se expande a su nivel familiar, a sus hijos, parientes y vecinos que los consienten quizás porque no quieren hacerse de peores momentos.

Este fin de semana fue desagradable gracias a la poca cultura cívica de unos vecinos que decidieron, como todos los años, celebrar un cumpleaños en la playa. Ubicaron su carpa al pie del edificio OLYMPUS contiguo al que yo habito, y ahí se instalaron a libar. El problema es que esta vez el volumen de su música sobrepasaba de largo el necesario para no perturbar. Ahora es fácil controlar la medición porque hay una aplicación del Ipad, y del Iphone, que mide la cantidad de decibeles que llegas a percibir. Mas de setenta decibeles no se debe permitir.

Claro es que hay que ser tolerante, y tolerante lo fui hasta que luego de cinco horas el volumen seguía subiendo al ritmo del licor. Decidí twittear al respecto cuando el reloj marcó las nueve de la noche. Quería medir el alcance y presión que se puede ejercer mediante las redes sociales para mover la voluntad de las personas y hacerlas razonar, o modificar su actitud. Por supuesto que lo comuniqué a la Policía Nacional, y finalmente llegó en uno de esos cuadrones de playa. Se bajó la música, y diez minutos después, todo volvió a ese estado natural que algunos requieren para disfrutar de lo que unos llaman llaman fiesta y otros gamberrismo.

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