Lamento como el que más que algunos lectores de esta columna se hayan desanimado al leer la entrega que antecede a esta. No soy seguidor de Nebot Saadi ni tampoco satélite suyo. Tal como lo dije en mi columna pasada, la marcha del 11 de febrero solo nos dejó una vaga idea de que hay que resistir. Nada más.
Aclaro también que mi entrega pasada no fue una apología a Alianza País. No simpatizo ni de lejos con ese movimiento político disfrazado. La revolución que sigue esperando el Ecuador no se ha ni asomado siquiera, mucho menos con Rafael Correa Delgado a la cabeza, repetición contemporánea del capataz que siempre nos termina gobernando.
