
Dejé por dos meses y algo más esta columna como una suerte de tiempo para refrescar la mente y permitirnos no descansar, pero sí calibrar la óptica de opinión con que se he desarrollado este espacio. Ya de regreso y con nuevos bríos, la salida del intendente general de policía del Guayas, Julio César Quiñónez, trajo cola… y de cuero.
Roberto Cuero Medina ingresó a la Gobernación del Guayas como el primer negro (afroecuatoriano se dice ahora) en ocupar esa distinción. Sin ser guayaquileño de nacimiento eso no obstó para que gozara de la confianza del presidente Correa: Cuero sirvió de ariete revolucionario para molestar a un segmento minúsculo pero importante de la sociedad guayaquileña que cree que las cosas aun se ganan por apellidos, colores y olores. Pero la revolución de Cuero se quedó en los discursos, pues las legendarias y partidocráticas prácticas en Intendencia de Policía y Comisarías de Policía se repitieron y con fuerza.


