Desde que constaté la poca o ninguna importancia que se le ha venido dando a la Ley, sobre todo a la Constitución, he sentido repulsión y mucho coraje me causa ver que se nos engaña de la manera más cruel y vulgar.
En mis escritos y opiniones públicas siempre he logrado demostrar la madurez y responsabilidad que mi enseñanza familiar y formal me han inculcado. No me gusta insultar, ni proponer algo sin analizarlo y poder presentar una posible solución al dilema.
Lo que ha acontecido en los últimos meses y años, me obligan a tomar medidas definitorias al problema.

