Agradezco en alto grado la gran cantidad de comentarios que mi último artículo obtuvo de tan selectos lectores. Yo, al igual que algunos de ustedes, toma las sugerencias y críticas no por la forma en la cual se hacen –de repente, agresivas, poco argumentadas o ligeras-, ni por estar dirigidas a construir o destruir, más bien por el fondo inferencial que se deja ver tras las palabras que se reciben y que en efecto son, siempre aprendizajes, para corregir o para ratificar lo expuesto.
Me expresaron que algún día deberíamos ejercer “nuestro derecho a llegar tarde” y eso realmente me impactó. Cuando alguien hace un comentario en educación y jamás ha pisado un salón de clases tal vez no pueda expresar lo que en realidad sucede al estar frente a los niños y jóvenes que educa, peor aún cuando no se entiende cabalmente la definición de “amor” que manejamos los educadores. El hecho de dejar la puerta de un aula cerrada o abierta de ninguna manera cambia la situación de que se llegó tarde a cumplir una responsabilidad adquirida y para lo cual se podrían escoger dos caminos –por lo menos-, buscar culpables en otros u otras o asumir paladinamente las consecuencias de los actos.
Trabajé con mis estudiantes de Medicina y de Economía esto del “derecho a llegar tarde”. ¿Cuáles son las consecuencias que podrían darse de ejercer tal derecho?. A corto plazo, a mediano plazo y a largo plazo. Los jóvenes futuros médicos pensaron enseguida en los “derechos de sus pacientes”, qué tal y ejerzo mi derecho a llegar tarde a una intervención quirúrgica urgente…
En el caso de los estudiantes de Economía se imaginaron qué consecuencias se darían si un empresario ejerce su “derecho a pagar los sueldos de sus colaboradores más tarde…” o si un juez “ejerce su derecho a condenar a quien le cae mal durante un juicio…”
Por supuesto, que nadie puede ser “etiquetado” como un fracaso por llegar tarde a una clase, pero lo que observamos los ecuatorianos es que más y más personas repiten y repiten y vuelven a repetir las mismas conductas cuando deciden casarse, trabajar en una empresa o dirigir a una comunidad. Si los tutores, si los padres, maestros, si usted y yo no asumimos frontalmente el hecho de “puntualizar los errores”, hablar con firmeza y corregir el error… ¿quién lo hará?. Los niños, las niñas y los jóvenes buscan modelos para interactuar, no quieren, las encuestas así lo dicen, padres “veletas”, madres “ansiosas”, profesores “pusilánimes”, periodistas “tibios”, ni autoridades “corruptas”, quieren gente capaz de mostrarse firmes, exigentes, respetuosos de su dignidad, tolerantes y valientes, eso es lo que escucho en mis cotidianas clases con jóvenes en los colegios más importantes de Guayaquil, con maestros de estos centros, fiscales, particulares y fiscomisionales, a los alumnos y docentes universitarios, en las capacitaciones a los profesionales en todos los ámbitos, dentro y fuera de nuestra provincia, a los padres y madres conscientes de sus responsabilidades, lo otro es el cuadro desolador que pintan aquellos que en su terrible intoxicación conceptual ven al mundo en blanco y negro.
“¡Derecho a llegar tarde!” y… el derecho de mis semejantes…

Saludos
Saludos
Así como tenemos derechos tenemos obligaciones que debemos cumplir, y uno de ellos es nuestra responsabilidad y puntualidad en las actividades que hacemos!!! El derecho de supuestamente \"llegar tarde\" deja entrever que existe en el fondo una irresponsabilidad y una falsa justificación de los actos que cometemos, en el fondo tenemos miedo a la libertad, como muy bien señalo Erich Fromm. Y las personas muchas veces actúan de mala fe como muy bien lo dijo Jean Paul Sartre. Gracias por estas reflexiones me han hecho pensar y me han gustado mucho!!!
Hno Alberto
Respeto, puntualidad y progreso están estrechamente vinculados.
Qué bueno que aun quedan profesionales de la enseñanza como Ud. Sr. Roberto Briones. Aplausos.
Atte. Nelly Marriott