Para querer hay que conocer; para conocer un lugar hay que vivirlo, estudiarlo, sentirlo y entenderlo. Solo queriendo, con conciencia y conocimiento nos podemos comprometer y ser parte del lugar.
Ayer envié a comprar gasolina para salir en un bote a pasear y pescar con mi hijo, quien está acá de vacaciones acompañado con un amigo, y no me vendieron, está prohibido. No entendía por qué y me indicaron: “Decreto No.: 1470 Rafael Correa Delgado, Decreta: Art. 1. Las embarcaciones privadas para uso particular y de pesca deportiva, a nivel nacional, de bandera nacional o extranjera, deberán pagar los precios del mercado internacional. Dado Palacio Nacional, etc., etc.” Le pregunté a la Jefe de la Gasolinera si esto se aplica para un bote pequeño de madera con un motor de 40 caballos y me dijo: “ir a pescar o pasear es de pelucones y debemos acogernos a las disposiciones del Decreto, salvo que sea menos de 2 galones de gasolina”.
Indistinto a la cantidad de personas que vivimos acá, uno de los tantos factores causantes del deterioro en la calidad de vida dentro de las aéreas no protegidas que comparte esta excepcional región, es también no haber entendido que los comportamientos humanos no se los controla con prohibiciones o con creación de leyes especiales, sino en establecer claras políticas y lineamientos definidos en la planificación regional, acciones que en su momento no supimos hacerlas correctamente dejando sin dirección clara a dónde queríamos llegar.
