Cuando leo los discursos de Martin Luther King pienso que la fuerza de este hombre estaba en sus convicciones. El creía y soñaba con un mundo en el que fuéramos realmente libres e iguales. El nos contó su sueño y luchó para lograrlo: “Tarde o temprano todas las personas del mundo tendrán que descubrir el camino hacia una convivencia pacífica y entonces poder transformar esta elegía cósmica en un salmo de hermandad”. Luther King Jr. murió por defender sus ideales. Sus asesinos pensaron que este hombre firme y “convencido” era demasiado peligroso.
Eduardo Maruri me dijo un día que existen dos tipos de personas y que lo que las divide es cómo reaccionan ante el miedo. El primer grupo se paraliza y el segundo reacciona y actúa. Dijo entonces que los que reaccionan y actúan son los que hacen que las cosas pasen. La verdad es que él tiene mucha razón. El mundo es de los que deciden, el mundo es de los que anhelan algo, el mundo es de los que creen firmemente y luchan por conseguirlo.



