El Efecto Lasso – Desde mi Trinchera
Opinión Política Sociedad

El Efecto Lasso

Los ecuatorianos, en gran parte por razones impuestas por costumbres desde    siglos anteriores, han sido incapacitados de participar de las luchas políticas:

Cada vez más trabas ¡Qué se necesita títulos de hasta décimo nivel, manos limpias, corazones ardientes!!! Y etc.

Eso ya lo escuché cuando la rata correa llegó al poder, y ¡cuánto nos costó ese pretexto!

Es un gran honor saludar a una persona con los dedos sucios por dedicarse al trabajo diario con ahínco y honestidad. Sin la menor duda hay personas cuya experiencia es muy superior a los que concurrieron a comprarse títulos en idiomas que ni siquiera pueden comprender o aquellos que sin títulos son maestros y muestras del bien.

Esta vez se repite una pelea entre facciones políticas, como lo fue en aquella ocasión. Esta es una pelea entre la productividad y los ilusos fracasados. Como fue en los últimos dos decenios de años y en el pasado marxista. Esta es la repetición de una pelea decisiva entre la democracia y la dictadura de los ladrones, así que no podemos quedarnos al margen.

Y qué se puede esperar de personas que manejan fraudulentamente los resultados grandes, entonces cuando ellos tienen un cerebro chiquito contaminado de amoralidad y dedicado a adorar al dios dinero…Y por eso piensan solamente en delinquir y hacer el mal, y no duermen sin haber perjudicado a alguien; especialmente, al ciudadano que requiere de visiones futuristas, acciones limpias y legítimas para prosperar. 

Terrible: como el Ecuador se volvió la tierra de nadie en manos del peor Gobierno de la Historia que transformó a muchos en narcotraficantes, violadores, incultos, sin un auténtico marco legal, menos aún justo, y la ley fue puesta en subasta. 

Ecuador eligió equivocadamente al representante de la soberbia endemoniada, jefe de la mayor minoría desvalijadora y represora en vez de protectora. 

¡La inseguridad campeo y sigue replicándose! ¡El desempleo, la insalubridad y el crimen organizado crece en una progresión geométrica elevándose al cuadrado! …

Pero la legítima minoría selecta o rectora, visionaria, erudita, e idónea, es perseguida por la banda de inicuos participando de lleno en calidad de argolla de esa unidad punible que se trepó sobre los auténticos patronos: ¡El pueblo mandante! 

Los mejores comunicadores y delatores fueron victimizados, incluso asesinados, para que la propaganda al estilo Goebells mantuviera y tuvieran la capacidad de mantener velado el perjuicio socioeconómico.

Hoy quisiéramos ver los toros de lejos, pero sin arriesgar el pellejo para rescatar la democracia. Hablamos el lenguaje de los gatos ebrios y nos escondemos en nuestra madriguera sin ver que incluso en ese lugar constituyendo su palacio y que debería ser inexpugnable, perversas normas impiden protegerlas y continúan desbriznándonos.

Cada cuál propone ser más aceptable y propone un programa clarísimo: defendernos de la inflación, crear trabajos, alentar la producción y combatir la pobreza. Mientras que de lo único que son capaces es tener fantasiosos sueños en la calentura de su propia soberbia o maestral insolvencia mental y acaban por hundirnos en una piscina repleta de heces fecales. ¿Queremos esto último? Pues entonces tenemos que escoger.

La población con una grave contaminación del Síndrome de Estocolmo hoy sobrelleva el “efecto Cobra” que ocurre cuando un intento de solución a un problema en realidad lo empeora. 

​Se trata de un ejemplo de consecuencia imprevista. El término se utiliza para ilustrar las causas de una estimulación incorrecta en economía y política. 

El término efecto cobra proviene de una anécdota en los tiempos de la dominación británica en la India colonial. El gobierno británico estaba preocupado por el número de cobras venenosas en Delhi.​ Por lo tanto, el gobierno ofreció una recompensa por cada cobra muerta. 

Inicialmente fue una estrategia exitosa y un gran número de serpientes fueron matadas por su recompensa. Sin embargo, personas emprendedoras comenzaron a criar cobras por su recompensa muertas. 

Cuando el gobierno se percató de esto, el programa de recompensas fue cancelado, causando que los criadores liberaran a las – ya sin valor – cobras. Como resultado, la población de cobras salvajes aumentó. La aparente solución al problema lo hizo aún peor. 

Un incidente similar ocurrió en HanoiVietnam, bajo el gobierno colonial francés. Este gobierno creó un programa que pagaba por cada rata muerta.  Para cobrar la recompensa, las personas debían proporcionar la cola de la rata. Los funcionarios coloniales, sin embargo, comenzaron a notar lo que parecería ratas mutantes: ratas sin colas. 

Los cazadores macabros capturaban los roedores, les cortaban la cola, y luego las dejaban en libertad en las alcantarillas para que pudieran procrear y producir más roedores, lo que aumentaba los ingresos de los auto llamados protectores del pueblo. 

Hoy hay un nuevo rey roedor y se está cebando, fungiendo con dulce voz aflautada, su auto mercadeada fama de hacer desaparecer a los ratones con ayuda de su flauta; mientras, traidoramente se llená su bolsa de oro sin liberar al pueblo de las ratas con las que más bien se ha asociado: asquerosas criaturas de cloaca por la que él logró mintiéndonos su mayor minoría puesto que ofreció, juro, se rasgó las vestiduras “pregonando que en menos de un segundo, las erradicaría, acompañándose de los aplausos de otros ratoncitos pulperos bañados de oropel y en busca de ser las nuevas ratas.

Hay dos posibilidades: Huir de Hamelin o quedarnos en nuestras casas y crear un hábitat distinto a pruebas de toda alimaña.

  • Un especial agradecimiento dirijo a los editores principales y al resto de compañeros de lucha por permitirme nuevamente usar este medio y formar parte una vez más de esta “Trinchera”

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