En el año 2011, la economía mundial se sacudió como pocas veces, los indignados se tomaron las calles del mundo y parecía que no se iba poder retomar el “orden” en el planeta. Como parte de las manifestaciones que se dieron en varios países, el filósofo esloveno Slavoj Zizek (autor del libro Pandemia, La Covid-19 estremece al mundo) se encaramó a uno de los bancos de una plaza neoyorquina y contó un chiste: un tipo de Alemania del Este fue enviado a trabajar a Siberia. Sabía que los censores leerían su correo, así que dijo a sus amigos: “Establezcamos un código. Si la carta que recibís está escrita con tinta azul, lo que diga en ella será cierto; si está escrita con tinta roja, será falso”. Un mes después llegó la primera carta. Estaba escrita en azul y decía: “Todo es maravilloso aquí. Las tiendas están repletas de buena comida. Los cines pasan buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. La única cosa que no se puede comprar es tinta roja”. Terminado el chiste, Zizek dijo a los manifestantes: “Así es como vivimos. Tenemos todas las libertades que queremos, pero nos falta tinta roja, el lenguaje con el que expresar nuestra no-libertad (…) Y eso es lo que estáis haciendo aquí: nos estáis dando tinta roja”. 

Me pregunto si la literatura es, a más de arte, un medio de comunicar y expresar la inconformidad. Concluyo que si debería serlo y lo es. Ese medio a través del cuál y en uso de cualquiera de los géneros, los que escribimos podamos aportar al mundo la inconformidad, y es que no podemos estar conformes, aunque escribamos novelas románticas o poesía. 

Hemos pasado ya casi un año de una pandemia sin precedentes, porque ha sido diferente a las pandemias vividas en otras épocas. De la noche a la mañana debimos encerrarnos sanos y enfermos huyendo de un ente microscópico y versátil capaz de paralizar al mundo y acabar con la vida sin apenas darnos cuenta. 

Hemos sido manipulados con el hilo del pánico de las masas, con el temor de enfrentarnos a la única realidad segura: la muerte. 

Pero, ¿qué hay detrás y de fondo en todo esto?, ¿es tan solo, una enfermedad?No, no lo es, más que un virus parece un catalizador, una sustancia, un “algo”, una especie de “programa”que apresura a los sucesos para que estos pasen. Se unen a los síntomas biológicos, los síntomas sociales, económicos y políticos. Corrupción y delincuencia (en diversidad de formatos), desempleo, incoherencia, desorientación y muerte. Muchas obras de la literatura universal ya nos habían planteado estas posibilidades, Ensayo de la ceguera, La peste, Un mundo Feliz, 1984, Farenheit 451, La naranja mecánica, Apocalipsis. Y libros de los que hablan de los problemas sociales más tradicionales: Los Miserables, El señor presidente, Guerra y paz, El coronel no tiene quien le escriba, entre otros. 

La problemática humana va de lo íntimo a lo impersonal, de lo aparentemente pequeño a lo grandioso, de lo personal a lo social. Un divorcio es un problema, una violación es un problema, perder el trabajo es un problema, estar enfermo es un problema, sentirse solo, drogarse, sentir enojo, impotencia, angustia; ser golpeado, abusado, engañado, no expresarse es un problema. 

La literatura nos permite hablar de todos estos sentimientos, emociones y circunstancias, con un poco de inspiración y enmarcándolo todo entre las líneas sutiles y a veces hermosas del arte. De alguna manera ese mismo arte hace que la literatura se vuelva inocua y sea considerada menos peligrosa que un artículo periodístico; pero no por eso menos comunicadora. 

Tal vez escribir inspirados en el arte sea también una manera de preguntar y preguntarnos hacía dónde vamos y cuál ha sido el significado de todo lo que hemos tenido que transitar hasta hoy. 

La literatura puede ser en sí el color de tinta que queramos ponerle a la vida, un medio generoso y descomplicado para decir la verdad.

2 Comentarios

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    Sandra Delgado Arias

    Magnifico articulo definitivamente este pandemia nos sacudio en todos los ambitos solo con mucha entereza y sobre todo Fe en nuestro creador saldremos adelante

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    Lidia Abad

    ¡Muy buen artículo!

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