Comentario Historia Sociedad

Edificios emblemáticos de Guayaquil

1. LA CATEDRAL DE GUAYAQUIL

El edificio ubicado en el centro porteño fue sede de la Universidad de Guayaquil, es patrimonio cultural del país y guarda reliquias, arte e historia. Está pendiente una restauración.

El origen de esta iglesia se remonta a mediados del siglo XVII en el Cerrito Verde (actual Santa Ana), donde fue edificada la primera iglesia matriz. En ella veneraban al apóstol Santiago el Mayor, patrono de la ciudad. Según la publicación El corazón de la ciudad, Catedral de Guayaquil, de Juan Carlos Riofrío, esta iglesia se convirtió en la segunda de la urbe, luego de Santo Domingo de Guzmán, edificada también en las faldas del cerro.

Los incendios que azotaron a la ciudad en el siglo XVII destruyeron el templo, elaborado con madera. Para el año 1650, la iglesia fue reconstruida, pues su estructura estaba en mal estado. En 1692, un gran incendio destruyó el templo, por lo que el ayuntamiento de Guayaquil decidió reubicarla en un espacio situado cercano a la Plaza de Armas, en el sector La Sabaneta, en Ciudad Nueva, la actual calle Chimborazo.

En el año 1838, el papa Gregorio XVI elevó la jurisdicción local al rango de diócesis y la iglesia al de Catedral. Años antes, en la gesta emancipadora de Guayaquil del 9 de Octubre de 1820, en la edificación de madera sonaron las campanas anunciando la independencia.

Dos años después, la iglesia de madera fue reconstruida por encargo de monseñor Francisco Xavier Garaicoa, primer obispo de Guayaquil.

El actual templo tiene un estilo neogótico y la primera etapa de su construcción se desarrolló entre 1924 y 1934. Desde 1941 hasta 1958, el arquitecto español Juan Orús Madinyá continuó con la edificación de la iglesia, diseñando la fachada y encargándose de los trabajos interiores.

En 1958 tomó la posta el arquitecto chileno Alamiro González. La nave central de la iglesia se inauguró en 1949. Siete años se develaron las torres con sus agujas. En cada una se ubicó un reloj. Uno de ellos señalaba la marea del río Guayas. En el año 1956 se instalaron los vitrales superiores con alegorías de varios apóstoles y la pasión de Cristo.

2. LA UNIVERSIDAD DE GUAYAQUIL

Inaugurada en 1898, esta edificación que era totalmente de madera fue sede de la Universidad de Guayaquil, en tiempos en que Alejo Lascano ejercía como rector del centro superior de mayor población estudiantil del país, que ya en esa época tenía tres décadas de haber sido creado.

En el interior del inmueble se evidencian deterioro y daños causados por el terremoto de abril del 2016, pero a pesar de ello la edificación, que es patrimonial desde 1988, sigue siendo un ícono arquitectónico del Guayaquil que en octubre próximo cumplirá el bicentenario de la independencia.

El 7 de junio de 1990 el entonces ministro de Educación ,Alfredo Vera Arrata ratificó la declaratoria de patrimonial de la edificación ubicada entre las calles Chile, Chimborazo, Chiriboga, y Luzarraga, en el centro del Puerto Principal.

La antigua Casona fue destruida por un incendio en 1902. Al siguiente año, el rector Julián Coronel empezó la reconstrucción de la estructura, con el diseño del arquitecto italiano Rocco Queirolo Pinasco, y se inauguró en 1906.

Posesionado como rector de la Universidad de Guayaquil, en 1994 en la Casona, Roldós impulsó una reconstrucción integral de dicha edificación, pues el deterioro era evidente.

Así, el rectorado y las oficinas administrativas que funcionaban en el inmueble patrimonial se trasladaron a los predios de la ciudadela universitaria. Esa, cita el exrector, fue una oportunidad para aproximarse a los planos originales del edificio haciendo algunos ajustes.

La obra se financió con un crédito del Banco del Estado y un aporte el Gobierno central, y fue inaugurada en 1999.

Adicional a la reconstrucción, en los predios contiguos al inmueble se levantó un bloque para posgrados, donde hasta antes de la pandemia recibían clases estudiantes de la Facultad de Comunicación Social, entre otras unidades.

Roldós reseña que la Casona Universitaria también fue sede de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), durante el rectorado de Antonio Parra Velasco.

El inmueble fue declarado, bien patrimonial de la nación en 1988.

A más de ser sede de la Universidad de Guayaquil también acogió a la Espol.

3. EL CASTILLO ESPRONCEDA

Una de las edificaciones que evoca el movimiento comercial de esa época es el castillo de José Miguel Martínez de Espronceda, empresario español que montó varias industrias en Guayaquil.

La edificación está situada en las calles Eloy Alfaro y Venezuela. La construcción de este castillo data de 1930. Espronceda y su esposa, Lucrecia Peribonio, encargaron la edificación al arquitecto español Juan Orús Mandiyá.

El castillo de Espronceda, según el investigador Fernando Mancero, de la fundación Bienvenido Guayaquil, es una de las pocas edificaciones tipo fortificación que sobreviven en la ciudad. La otra es el castillo Ala-Vedra, ubicado en el sector Las Cinco Esquinas, en las calles Colón y Noguchi, centro.

“El castillo de Martínez de Espronceda representa una etapa en el desarrollo de la ciudad como centro comercial e industrial, y el desarrollo del barrio del Astillero en particular, donde creo yo que se forjó la nueva sociedad guayaquileña, a lo largo del siglo XX, formada por ciudadanos de diferentes latitudes del mundo”, refirió Mancero.

El edificio fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el año 1990.

El año 2018, la fundación Guayaquil Siglo XXI, encargada de la regeneración urbana en la urbe, intervino el sitio.

En el castillo se realizaron labores de conservación de su estructura, bloqueando filtraciones y nivelando losas.

Se pintó la fachada y todo el interior, además se colocó una cubierta metálica, se arreglaron baterías sanitarias y todo el sistema eléctrico. Las baldosas de los tres pisos fueron reemplazadas. En cada planta, de 1000 metros cuadrados, hay cuatro departamentos y tres espacios para el acceso.

Para la restauración de este inmueble patrimonial, el cabildo porteño bajo la administración de Jaime Nebot destinó más de 600 000 dólares.

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