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La integración y el derecho

ORTEGA Y GASETT, sostenía que en los pueblos existen ideas matrices que construyen la persona profunda de los mismos. Estas ideas – fuerza no se expresan en lo que decimos, en lo que sentimos sino en lo que somos. Dicho de otra manera, esas ideas nos poseen a nosotros, porque en fin de fines somos nosotros mismos.

De este rango e importancia es la idea matriz de la unidad que ha venido palpitando en la persona profunda del pueblo latinoamericano. No es un concepto que recién nace, no es un descubrimiento efectuado por algún estudioso de la sociología política. Ha existido desde hace muchísimo tiempo y lo único que ha ocurrido es que en la actualidad parece ser que se encuentra en camino de volverse realidad.

Miranda, antes de Bolívar, ya soñaba con una Latinoamérica unida y poderosa, idea que cobró nuevos ímpetus en el diario bolivariano. Recuérdense 2 célebres frases del Libertador: “Mi Patria es América” y “Somos una Nación de Republicas” y se verá cuan arraigada estaba la idea matriz de la reunificación.

La integración de los países de la Comunidad Andina de Naciones tiene la ventaja de una legislación similar. Así, por ejemplo, en materia civil el vínculo unificador ha sido el Código redactado por Bello. Por lo mismo, las instituciones fundamentales están tratadas casi en forma uniforme. En materia societaria los cinco países se han inspirado en la legislación española y argentina.

En tributación todos tienen establecido el IVA es decir el impuesto a las transacciones mercantiles, pues el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial presionaron para su implantación.

En materia penal la similitud es también muy grande pues el punto referencial fue el proyecto español de 1870. En ninguno existe la pena de muerte y en todos rigen los principios penales del IN DUBIO PRO REO, legalismo, el sistema de atenuantes y agravantes, etc.

En materia laboral, recuérdese que nosotros adoptamos el proyecto mexicano mucho tiempo antes que los otros países. Esto en lugar de ser una carga para nosotros, se convierte en una ventaja, pues no habrá necesidad de nuevas innovaciones.

El mundo actual está agrupándose en organizaciones como la Unión Europea o el eje Canadá – Estados Unidos, el avance de China, Japón o India que tendrán una fuerza económica de tal magnitud difícil de imaginar.
Si permanecemos separados, si permitimos que discusiones bizantinas o traumas ideológicos nos impidan integrarnos, el porvenir será negativo para nuestros pueblos y continuaremos en el limbo de la nada, en el mar muerto de las esperanzas y en el quietismo de las ilusiones.

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