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La política en tiempos del coronavirus

Encontrarme con un viejo compañero de estudios en un café del centro de la ciudad me parecía algo de lo más normal, hasta que después de darme con el codo en la mano que acababa de tenderle para saludarlo, caí en cuenta que no lo era. No al menos en tiempos como los que corren de coronavirus. Disculpa, pero es lo que se hace en España, refiriéndose al país del que acababa de llegar, así como en toda Europa, donde tocarse con las manos está prohibido desde hace unos días, me dijo Ramiro que es el nombre de mi amigo. 

Le expliqué a modo de disculpa que en Latinoamérica apenas acababan de aparecer los primeros casos en algunos países y que quizás, por eso, no se habían adoptado todavía medidas drásticas, similares a las del viejo continente o China. Su respuesta no se hizo esperar, ni siquiera para decidir si el café lo quería con o sin leche, ¡ni drásticas, ni atenuadas, ni nada!, exclamó; estos países están siempre a remolque de lo que hacen otros, lo mismo que hizo Italia con respecto a China y unas semanas luego España. Bueno, comenté con cierta timidez, hay que reconocer que en eso el gobierno chino, más autoritario y con un régimen de controles ciudadanos inexistentes en nuestros países, lo tiene más fácil a la hora de tomar decisiones y ejecutarlas, pero yo me quedo, me atreví a decir ya más envalentonado con mi argumentación, con todo y los errores que podamos cometer, con las decisiones más transparentes, tomadas por gobiernos democráticos. 

Ramiro hizo una pausa para beber un sorbo de café y yo me disponía a cambiar de tema pues quería que me enterara de algunos asuntos que me interesaban particularmente, pero no me dio tiempo a preguntarle nada, inmediatamente retomó el hilo de la conversación para decir que estaban equivocados quienes creían que por ser regímenes autocráticos, el chino, el ruso o el cubano, por ejemplo, eran los únicos capaces de manipular la información a la hora de atender una calamidad pública como la del coronavirus o similar. ¿Qué quieres decir?, pregunté, ingenuamente. Pues que la democracia o el totalitarismo no hacen siempre una gran diferencia cuando de mentir o de mangonear una situación determinada se trata; bien sean sus causas o efectos, las fechas, incluso, si conviene, y menos con respecto a la toma de las decisiones apropiadas, me respondió mi amigo tranquilamente. Lo que quieres decir es…comenté a modo de pregunta, pero sin finalizar la idea, pauta que mi contertulio captó perfectamente para quitarme la palabra. Lo que quiero significar, me dijo, a modo de aclaratoria, es que cada gobierno, sea el que sea, tiene su propia agenda  y actúa o reacciona de conformidad con ella sin importar el tamaño o naturaleza de la catástrofe o desastre nacional al que tenga que enfrentarse; siempre existen intereses políticos, nacionales, partidistas o ideológicos, así como puntos de vista particulares de sus integrantes, que se ponen primero o por encima, aunque sea unas horas, unos minutos, de la realidad que se debe atender y de la verdad que hay que reconocer. De modo que no fue China la única que falseó la información sobre el coronavirus. Italia y España también lo hicieron en su momento quizás sin concientizar en los primeros días la gravedad de la contingencia que se les venía encima o desestimar la data que tenían frente a sus narices, pero en todo caso, sin prever, en toda su dimensión, sus terribles consecuencias.

¿Pero tú crees, entonces, si te entiendo bien, le dije a modo de pregunta, qué se tomaron decisiones a destiempo o con retraso en el caso de Italia y de España?, por supuesto, me respondió; al igual que ocurrió en China. Pero en el caso de España es mas grave ya que viendo la rapidez con la cual se desarrollaban los acontecimientos, de un día para otro, en Italia, permitieron e incluso auparon que se diese una manifestación gigantesca, el pasado domingo 8, donde se debió haber contagiado media España, siendo casualmente al día siguiente que se decretaron una serie de medidas, para muchos tímidas e insuficientes, que fueron complementadas con otras como el “estado de alerta”,  anunciado cuatro días después, con antelación suficiente, contradictoriamente, para que la gente saliera de sus casas huyendo de ciudades como Madrid en busca de la costa o ciudades más pequeñas, sirviendo así de agentes multiplicadores de contagio del coronavirus.

O sea, que tú piensas que el gobierno de España es responsable de haber expandido la enfermedad; me parece una acusación muy grave, le dije. Lo que yo pienso, como ya te dije antes, es que cada gobierno es un poco culpable, unos mas que otros, a la hora de tomar decisiones y de anteponer objetivos e intereses propios al interés general. ¿En qué medida lo es el de España? Que cada quien lo juzgué.  

 

Y sobre las medidas que acaba de anunciar Trump en los Estados Unidos donde la cifra de casos es irrisoria para el tamaño del país ¿qué opinas?, le pregunté, convencido ya de que había que agotar aquel tema. Pues que, aun dictadas con retraso, Trump hará todo lo que sea por impedir que el coronavirus se convierta en un tema politico que le empañe la carrera presidencial en la que está inmerso y si tiene que maquillar la realidad, modificar algunas cifras o incluso mentir para lograrlo lo hará. No importa si allí no hay un sistema público de salud como en Europa y tiene que pagar a la red de medicina privada que posee el país todos los test y exámenes del coronavirus además de los honorarios médicos. La conversación continuó por un buen rato más, en la cual hablamos sobre si Trump ayudaría a cubrir los efectos del desempleo y de la recesión económica, o sobre qué haría el gobierno de Sánchez con el secesionismo catalán y vasco, después de haber recurrido al nacionalismo de todos los españoles para salir de la crisis.

Al irnos del lugar nos despedimos. Mientras buscaba mi teléfono, pude ver como Ramiro se alejaba caminando por una calle llena de transeúntes. En una de las redes sociales habituales, alcancé a leer que Maduro acababa de decretar varias medidas contra el coronavirus. Una de ellas cerrando los aeropuertos, por un mes, a todos los vuelos provenientes de Europa, tal como había hecho Trump un día antes. La otra, prohibiendo las reuniones y manifestaciones multitudinarias, así como el cese de las sanciones impuestas por los Estados Unidos contra su gobierno. Recordé, entonces, durante la conversación con Ramiro, aquello que había dicho sobre que este tipo de emergencias catastróficas como la del coronavirus, a veces, le venían como anillo al dedo a algunos gobiernos. Me quedé pensativo y triste, pero no me quedó más remedio que darle razón.

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