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¡Pobres, pero honrados!

Junto a la rabia que sentí, al ver por televisión, esos días de octubre que acaban de pasar, a los vándalos asaltantes de almacenes, tiendas, supermercados, boticas y hasta puestos en los mercados; sentí mucha pena y dolor, pensando en los hijos, esposas, padres y madres de ellos.

Y me he preguntado – ¿Serán alegres y felices al ver llegar a su marido, padre, hijo o hermano, con un implemento robado?

… ¿Festejarán al ladrón por esa estúpida hazaña y la falta de hombría de que, sin vergüenza alguna, lleven a su casa esos objetos?… ¿Haciendo cómplice a toda su familia de tal vandálico acto…?

¡Despreciables seres! que con palos y fierros en mano, rompiendo puertas y paredes, rompieron también la esperanza e ideales de sus padres que los criaron para que sean hombres de bien, haciendo realidad lo que, tal vez, siempre les repetían con orgullo:

¡Ser pobres! – pero honrados!

Y es que pobre o no pobre, el que toma lo ajeno es y será siempre un ladrón despreciable sin honor, ni dignidad, que debe ser sentenciado sin perdón.

¡Madres pobres o no pobres! 

De ti depende hacer de tu hijo un ser honrado positivo. Primero con el ejemplo de ver a unos padres respetuosos de lo ajeno y luego por todo lo que les inculcaren con amor toda la vida.

 

He aquí el ejemplo de una madre pobre y muy digna:

Cuando hace muchas décadas, los juguetes en diciembre, los vendían en los llamados “caramancheles”, armados en los portales de las casas del centro de Guayaquil, donde todo el mundo iba a mirarlos y un hombre o mujer los cuidaba y ofrecían en venta:

Dos niñas de 6 y 12 años miraban en uno de esos puestos a las muñecas: una más linda que otra, con vestidos preciosos; dormilonas o no, o las que decían mamá, cuando se les apretaba el pecho… etc., etc.

Había gente que las veía, las tocaban, preguntaban sus precios y las compraban.

Las niñas en mención, también las miraban, sabiendo que nunca las iban a comprar, porque eran niñas pobres.

Al lado del frente a ellas una señora rubia, de ojos azules y muy elegante, veía también las muñecas, tomó una, la pagó y sonreída se acercó a las niñas y se las regaló.

Ellas sorprendidas la tomaron agradeciendo a la señora, con abrazos y besos.

Felices llegaron a su casa; la más pequeña abrazando a la muñeca: Ante la sorpresa de su madre que, al enseñársela y decirle que -una señora rubia y muy linda se las había regalado -Saltó de disgusto, diciendo – ¡Imposible! que muñeca tan costosa haya sido regalada. Las espetó fuertemente – ¿por qué habían cogido lo ajeno?… ¡Eso es un robo! Y ustedes, menos podían hacerlo cuando siempre les he inculcado que lo ajeno no se debe tomar; porque quien lo hace está robando, etc., etc. – ¡Y ahora mismo vamos a devolverla!…

Cogió la muñeca, la envolvió en una hoja grande de periódico –para que la gente no viera lo que, según ella “habían robado sus hijas” –Todo dicho entre disgusto y lágrimas de dolor…

Llegaron al puesto de venta y la señora sacando la muñeca del envoltorio se la dio al vendedor diciéndole –Aquí le devuelvo esta muñeca que mis hijas han tomado, sin usted haberse dado cuenta… ¡Perdónelas por favor! Ellas no son ladronas; somos una familia pobre, pero honrada

Sorprendido el hombre la interrumpió y en tono muy sereno, rechazando la muñeca le dijo – ¡No señora! Ellas no han robado la muñeca, como dice Ud.; fue una señora muy elegante, quien la compró y se las regaló a sus niñas…

¡Muy contentas regresaron a casa; la madre, más feliz, al probar que sus hijas no habían robado la muñeca, y que no había sido en vano lo que siempre les inculcó- “El orgullo de ser pobres, pero honradas…”

Y de esta historia, que la cuento, puedo dar fe, porque esas niñas fueron: ¡Mi hermana, la mayor!  y la menor ¡fui yo!

¡Por la paz del mundo!

1 Comentario

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    OSCAR EGGELING

    Que hermoso testimonio. Es altamente gratificante saber que aún existen estos estupendos ejemplos aunque lamentablemente cada vez más escasos. Esa frase estaba siempre presente en una revista chilena «Condorito» y era un «LEMA» para los pobres; «Pobre pero honrado». Esta frase la detesté cuando a mis 35 años, un compadre que me lavaba el cerebro todos los días que podía. Me la decía por él mismo (se consideraba pobre) hasta que logró estafarme y dejar de ser un hombre pobre, pero nunca ha dejado de ser un pobre hombre. En el caso de él, no tuvo la dicha de usted, con una buena enseñanza. Él tuvo la desgracia de tener un padre que no era honrado y hasta salió en los periódicos. Lógicamente nadie puede enseñar lo que nunca aprendió y allí vienen los catastróficos resultados de la mala educación. La vida nos enseña, si y sólo si queremos aprender y nos esforzamos y luchamos denodadamente por no dejarnos llevar de la corrupción con su estandarte de codicia y facilismo de robo a todo el pueblo a través del gran corruptor Estado y Políticos, etc.,…- «¿Serán alegres y felices al ver llegar a su marido, padre, hijo o hermano, con un implemento robado?»,…, creo que algunos han perdido totalmente la conciencia del bien común y en general de todo lo realmente de valor humano. Hay mucho trabajo que hacer en el tema de EDUCACIÓN.

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