Opinión Política

El Gobierno no roba

El mundo occidentalizado está acostumbrado a la existencia de impuestos, instrumentos de obligatoria contribución económica a través de los cuales los gobiernos se fondean para operar y a la postre revertir su importe en obras y servicios para la sociedad en general. La racionalidad establece que a nadie debe gustarle tener que pagarlos. Los impuestos son necesarios, pero son su calidad y su monto los que establecen su verdadera contribución hacia la productividad de un país. 

En estos últimos 12 años, las erradas decisiones económicas de alto contenido político, el abuso gubernamental en materia impositiva, el gran nivel de endeudamiento, la falta de seguridad jurídica, y la generalizada corrupción, terminaron por enterrar cualquier esperanza de mejores días para el Ecuador. El Gobierno, renuente a cortar gastos, aceptando finalmente su incapacidad de generar confianza y la imposibilidad de atraer inversión, ha recurrido nuevamente a una pretendida recaudación fiscal con la finalidad de cumplir con el FMI. 

El Gobierno en sí no roba, pero tampoco deja de meter sus tentáculos en los bolsillos de los contribuyentes, una especie de saqueo sutil. La última reforma tributaria, inconstitucionalmente presentada por el Ejecutivo, recibida por el Legislativo en iguales términos, y con la irresponsable anuencia de una Procuradoría llamada a proteger los intereses del Estado y sus ciudadanos, solo confirma que son los mismos sinvergüenzas al aparente servicio del país los que osan delinquir una y otra vez. ¡Pobre país! 

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