Historia Política

¿Olmedo o Rocafuerte? ¿Quién fue más importante para Ecuador?

Los dos guayaquileños más importantes del siglo XIX fueron José Joaquin Olmedo y Vicente Rocafuerte. De personalidades diametralmente opuestas, cada uno tuvo roles fundamentales en la construcción de Ecuador. Olmedo fue sencillo, sin mayores poses; Rocafuerte, arrogante y ególatra, para él nadie estaba a su altura intelectual. Olmedo fue especialista, gran abogado y constitucionalista. Rocafuerte, generalista. La vida de Olmedo se desarrolló dentro del país, España, Perú e Inglaterra. Rocafuerte hizo noticias en América Latina antes y después de ser repúblicas, Estados Unidos y Europa. Olmedo fue conciliador, Rocafuerte polemista; este último fue frontal dentro y fuera de Ecuador, no dudó en refutar lo que consideraba incorrecto. Es el caso de la dura crítica a Juan Engaña, jurista, político y escritor peruano chileno muy prestigioso, de su obra Memorias Políticas sobre las federaciones y legislaturas en general y con relación a Chile, publicada en 1825. El nombre Rocafuerte fue más difundido que el de Olmedo en otros países. Olmedo tomó riesgos calculados, Rocafuerte no midió los riesgos. La vida de Olmedo no fue tan rica en experiencias como la de Rocafuerte. De personalidad encumbrada, este último llamó la atención de quien lo conoció. Todo extranjero que pasó por Ecuador durante su presidencia y gobernación, y escribió sus experiencias de viaje, comentó de Rocafuerte. Olmedo no se sintió en casa, en países donde no se hablaba español; Rocafuerte, manejaba varios idiomas como si fueran suyos. En Londres, Olmedo fue ignorado por el Gobierno británico cuando representó a Perú (MP175). Rocafuerte, que vivió en los mismos años representando a Méjico, mantuvo relación con personajes británicos como George Canning, quien ocupó varios ministerios, incluyendo Primer Ministro. He leído y estudiado a ambos; si debiera decidir cuál de ellos ocupa el pedestal más alto en la historia de Ecuador, sería ardua labor.

Me he dedicado a estudiar la historia de esos dos titanes de las libertades. He estudiado lo que se conoce muy poco de ellos o no se conoce. Queda mucho por descubrir, las grandes bibliotecas extranjeras tienen bastante información de lo que hicieron dentro y fuera de Ecuador. Es muy difícil encontrar otro ecuatoriano como Rocafuerte, considerando que fue polifacético, destacó en todo lo que se propuso: empresario, diplomático, escritor, orador, alcalde, legislador y presidente. No es fácil encontrar otro patriota que escribiera más libros sobre el futuro de las nuevas repúblicas; no hablo de una obra cualquiera, las suyas resonaron en la América española. Dentro del país casi ningún otro presidente publicó numerosos libros antes de ser presidente, Osvaldo Hurtado tiene uno o dos a su haber, Rocafuerte tuvo siete con su nombre y otros más bajo seudónimos. Muy pocos latinoamericanos viajaron tan extensamente como él; dentro de Ecuador no hubo quien tuviera más conexiones con personajes internacionales. Fue huésped en sus moradas, como cuando pasó varios días en la mansión de Gilbert du Motier, Marqués de Lafayette, héroe de la Independencia de EEUU. En las memorias de Henry Clay, Secretario de Estado de EE.UU, Rocafuerte es mencionado en varias ocasiones. Ningún presidente ecuatoriano: fue tan idealista como Rocafuerte, al extremo de utilizar gran parte de su fortuna en la Independencia de la América española, el más cercano sería Eloy Alfaro; estuvo más veces preso, la mayoría en otros países; ni su vida corrió tanto peligro como la de Rocafuerte. Su vasto conocimiento en historia, cultura universal, tecnología, política internacional, etc. le permitió ser gran escritor y orador.  

Rocafuerte mostró ser nacionalista a ultranza y muchos que lo conocieron coinciden con esta opinión, lo demostró en su vínculo con Juan José Flores, a quien unió una relación de aprecio-odio. Sin embargo, se verá más adelante, que fue hombre de contradicciones, incluyendo su actitud nacionalista.  Para él, Flores representaba: militarismo extranjero y abuso de colombianos y venezolanos en altos cargos del Gobierno. Rocafuerte describió su forma de pensar al clausurar la Convención de 1845: “En agosto de 1809 Ecuador empezó a despertar de su letargo colonial y estuvo luchando contra el poder, ya con próspera o adversa fortuna, hasta que en 1820 los habitantes del Guayas proclamaron el triunfo de su emancipación. Después de tan memorable acontecimiento vinieron al auxilio de nuestra causa unos guerreros, que la victoria condujo desde el Apure y Puerto Cabello hasta las orillas del Guayas, pero desgraciadamente con el tiempo ellos se convirtieron en auxiliares de nuestra Independencia, opresores de nuestra Libertad. Cansados los pueblos del despotismo de estos usurpadores, lanzaron contra ellos un grito de indignación, y el Seis de Marzo del año pasado anunció el exterminio de la dominación extranjera[…]los pueblos han querido nueva Constitución, nuevas leyes, nuevas instituciones patrias, y una nueva asamblea nacional, que siendo el órgano de la opinión pública, haga olvidar las calamidades del tiempo pasado, satisfaga las exigencias del presente y abra las esperanza del porvenir[…]La Constitución que se ha jurado, no es ciertamente la más liberal que pueda darse pero es quizás la más adecuada a nuestras circunstancias y bajo este punto de vista está  conforme con la máxima de Solón, que no dio a los Atenienses las mejores leyes, sino las que más convenían”. El cónsul francés Juan Bautista Mendeville, crítico de Rocafuerte y Flores, coincide con el primero sobre los abusos de Flores: “…no contento con tolerar toda clase de dilapidaciones entre sus inferiores, para ocultar las suyas propias, no temía excitar los celos y la envidia de las familias más poderosas del país por una preferencia exclusiva para los venezolanos sus compatriotas (considerados aquí como extranjeros) en la distribución de todos los empleos principales e inferiores”. Sobre el espíritu nacionalista de Rocafuerte, Mendeville es muy crítico: “A pesar de sus luces y su patriotismo, el señor Rocafuerte quiere apresurar por la violencia, la marcha de su país, sin penetrarse de la necesidad de realzarla progresivamente. Su tema favorito es de colocar al Ecuador en el rango de las Naciones más avanzadas; todos los medios le parecen buenos para llegar al objetivo que se propone”. En más de una ocasión Rocafuerte afirmó ser ciudadano de América, en otras, colombiano. En carta del 10 de diciembre, 1829, a Joaquín Acosta, prócer de la Independencia de Colombia, historiador, científico, parlamentario, geógrafo y filántropo, le escribió: “Nunca dejaré de ser un verdadero colombiano, fiel a las banderas de la Independencia y constante en el culto de la Libertad”.

Rocafuerte no se dejó intimidar, fue persona de enormes recursos físicos y mentales. Desde joven se defendió y lo hizo bien. Fue el caso del conflicto que tuvo con   Bartolomé Cucalón, Gobernador de Guayaquil quien primero lo amenazó con prisión alegando que estaba complotado con patriotas quiteños y luego cuando fue electo alcalde a sus 27 años, se opuso a su elección argumentando que era muy joven. Por una carta a su tío Jacinto Bejarano, 19/1/1810, se conoce que él no estuvo atrás del cargo ni le interesó desempeñarlo: “…para mal de mis pecados me han elegido alcalde este año…” La Audiencia de Quito lo ratificó. Luego Rocafuerte se quejó al Virrey del Perú y logró su destitución: “…apoyado en la opinión del vecindario, conseguí que el Virrey de Lima, Señor Abascal, removiese del Gobierno de Guayaquil al coronel D. Bartolomé Cucalón[…] lo cual se reputó, en aquel tiempo como un verdadero triunfo de la opinión del pueblo sobre el decadente poder de la tiranía española”.

Rocafuerte tuvo muchos defectos pero sus virtudes superaron lo negativo de su personalidad. En varios actos mostró caridad al pobre, a riesgo de exponer su vida. Ejemplo su abnegada labor durante la epidemia de la fiebre amarilla, 1842. Los que tenían medios económicos huyeron de la ciudad, él se quedó con los desamparados. Su generosidad fue más allá, financió la publicación de escritos de muchos patriotas de América española, les pagó viajes y estadías. En otro acto de desprendimiento, de su dinero ordenó la reconstrucción de las Pirámides de Caraburo y Oyamburo levantadas por La Condamine, 1740, para marcar la línea ecuatorial. Años atrás habían sido destruidas por un español. Su apoyo a la educación merece ser tratada en una próxima edición, fue otro de sus grandes logros.

De cierto modo Rocafuerte tuvo vida de aventura, por suerte, ninguna terminó en desgracia. Cuando en 1814 huyó de España por temor a ser apresado, pasó años visitando varios países europeos. Se enteró en Nápoles que un señor Montesdeoca había sido nombrado Cónsul de España en Guayaquil y zarparía de Burdeos. Con el apoyo de dos influyentes y ricos empresarios viajó allá y logró de Montesdeoca obtener pasaporte para viajar a Guayaquil vía La Habana, Chagres, Panamá. Rocafuerte necesitaba de la autorización española para viajar a Guayaquil, a pesar de haber nacido en esa ciudad. En los apresamientos le confiscaron bienes. Una de las últimas aventuras fue en su regreso de Londres a Guayaquil vía New York, 1830. Se embarcó en el bergantín Ateniense rumbo a Panamá. A pocas horas la nave fue atacada por fuerte tempestad, los pasajeros pensaron que zozobraría: “Antes de que lograsen arriar las velas, el viento las volvió trizas; …la barraca de la cocina, que estaba sobre cubierta, fue absorbida por el mar con todo lo que contenía. Durante treinta horas consecutivas sopló el huracán con violencia tal, que los pasajeros y aun los marinos pensaban que a cada momento el buque se iría al fondo del mar”. 

Se podría pensar que Rocafuerte fue más importante que Olmedo por su participación en numerosas independencias hispanoamericanas y por el enorme prestigio que tuvo fuera de nuestras fronteras, pero Olmedo no se queda atrás; logró lo que ningún otro latinoamericano de su tiempo: ser uno de los redactores de Constituciones de tres países (Ecuador, Perú y España) y legislador en tres países: Ecuador, Perú y España.

Rocafuerte y Olmedo fueron ecuatorianos orgullosos, quisieron lo mejor para el pueblo, no les faltaron ideas, ni voluntad, pero no lograron hacer los cambios que Ecuador requería. Penosamente la cultura heredada de España prevaleció sobre los cambios necesarios. Los latinoamericanos heredaron militarismo, desmedidas ambiciones, corrupción, irrespeto a la autoridad, falta de visión, no asumir responsabilidad, desinterés por la educación, vida fácil, etc.; esas actitudes hicieron que la oportunidad de prosperar fuera ráfaga en Ecuador y resto de región.

 

5 Comentarios

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    Dolores Gutierrez

    Gracias por esa versada lección de historia que nos ha ofrecido!

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    Julio Hidalgo

    Lo felicito, excelente artículo, bien respaldado, que permitieron enterarnos de hechos no conocidos.

  3. Jose F. Gómez Rosales
    Jose F. Gómez Rosales

    Guillermo: extraordinaria comparación de estos dos gigantes ecuatorianos. Es indudable el valor de Rocafuerte, pero la visión de Olmedo sobre Ecuador y su futuro, inclinan la balanza hacia él. Diría que Rocafuerte es America y Olmedo es Ecuador. Extraordinariamente valiosos los dos, pero como muy bien lo describes, la sencillez y el amor a la Patria de Olmedo, lo destacan. Te falta un análisis de Rocafuerte: su papel en la educación y su Presidencia. Ambos se entregaron y entregaron todo por Ecuador. Gracias por escribir. .

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    PEDRO RUBÉN ROMÁN NARANJO

    FABULOSA CONTEXTUALIZACIÓN QUE NO DEBEMOS OLVIDAR LOS ECUATORIANOS EN ESTA HORA NEGRA QUE VIVIMOS EN ESTE SIGLO XXI.

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